Cual durmiente crisálida
envuelta en un capullo
de ensueño y agonía,
mi corazón ardiente
latía bajo el sol.
Un rayo de luz pura
lo hirió con suave arrullo
y develó el misterio
del tiempo y el amor.
Una suave caricia
de enamorada mano
transformó en alegría
la soledad sin nombre.
El silencio rebelde
rompió sus ataduras.
Valiente y liberado
mi corazón voló.
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