Thursday, 4 August 2011

14. Aventura Policial


En el tren de regreso de Novgorod a Moscú, moderno, limpio, con provisión de sábanas y toalla inmaculadas, pero muy caro (US100), me toca como compañero de camarote un amable policía especialista en explosivos y antiterrorismo, que viaja por dos semanas en comisión secreta (solamente lo saben su jefe y el "espía" colombiano que acaba de conocer) nacido en Novgorod, casado, con dos hijos: uno de 6 años y un bebé de 6 meses. Los otros dos son un muchacho educado muy callado (ese sí debe ser espía de verdad) y un borrachito simpático pero con un horroroso tufo de alcohol y cebolla, que afortunadamente pasa la mayor parte de la noche en el coche restaurante, y que ronca ruidosamente en la litera frente a la mía la otra mitad del trayecto. La negra noche termina y me despierto al amanecer cuando el tren entra suave y lentamente a la estación Leningrado de Moscú, mientras el asistente del vagón hace esfuerzos para levantar a nuestro alcohólico vecino. 

Es necesario esperar media hora hasta cuando abren las puertas del Metro (a las 5:30 AM) para trasladarme a la estación Yugo Zapad, desayunar en un MacDonald's, presenciar el espectáculo de tres lindas y atrevidas chicas medio borrachas que regresan de alguna fiesta, y llegar al apartamento de mi amiga Alex que me espera entre alegre y decepcionada porque no me le reporte con demasiada frecuencia. 

Las embajadas de Latvia y de Ucrania se presentan herméticas para un viajero colombiano. He debido aplicar para una visa Schengen en Colombia. En mi segunda visita a la embajada de Ucrania conozco a un venezolano emprendedor, victima de Chávez, con novia ucraniana pero ningún conocimiento del idioma, que se defiende exportando mármoles y granitos del Cáucaso pulidos en la China. Tengo que salir del país antes de tres meses y no encuentro un país vecino a donde pueda viajar por dos días para poder entrar otros 90 a Rusia. Con tanto viaje interno, no me registré en la policía dentro de los primeros siete días después de mi llegada. Ahora Alex y su hija me "asustan" y me hacen bromas con amenazas de prisión o envío a un Gulag lejano. Vamos a la oficina de policía de su barrio donde los funcionarios me piden recibos de hoteles, papeles de entrada y fotocopias del pasaporte, para después de larga y simpática charla "perdonarme" la multa de 3000 rublos (como US$100) que la Ley ordena. Yo estaba seguro de que los iba a convencer de que me perdonaran la falta, a pesar de que mis amigas rusas se veían bastante preocupadas. Parece que aún esta presente la sombra del Terror Estaliniano cuando se acercan a la policía. 

Disfruto de otra noche de ballet, esta vez en el Teatro de los Jóvenes, uno de los cinco que rodean la Plaza de los Teatros donde se encuentra el famoso Bolshoi, con una hermosa presentación de la Bella Durmiente.  El precio es realmente popular, menos de US$15 (400 R) en una fila de atrás, pero por tratarse de dos serias personas mayores, cuando la función comienza nos sientan en primera fila. Mi compañera me cuenta que en tiempos soviéticos el arte era tan accesible al público que el Ballet costaba sólo dos rublos. La música de Tchaikovsky, el lujoso vestuario, la delicadeza y la gracia exquisita de esos bailarines, no pueden describirse... ni olvidarse. Y al regreso, mi incansable amiga me lleva a pie por avenidas debajo de las cuales corre el Metro, me muestra iglesias y monumentos, me cuenta historias de la ciudad y me enseña el Instituto Musical en el que se sostienen centenares de becas para jóvenes talentosos, en memoria del famoso chelista y defensor de los Derechos Humanos Mstislav Rostroprovich.

Asisto a la Embajada de Colombia a la celebración del 20 de Julio. El Embajador Diego Tobón, un paisa serio e inteligente que está de despedida y parece cansado o enfermo, se presenta a la ceremonia diplomática con 45 minutos de retraso y hace una buena descripción de los avances de Colombia y su buena calificación para la inversión extranjera. Los acordes marciales de himno nacional ruso interpretados por una orquesta de lujo, opacan la pobre ejecución del nuestro. Un grupo de estudiantes colombianos presenta un par de cumbias y otros ritmos nacionales, con buena voluntad pero muy poco arte. Asiste un Arzobispo copto, Decano del cuerpo Diplomático acreditado en Moscú, otro par de religiosos ortodoxos, jóvenes profesionales, inversionistas colombianos entre los cuales destaca por su simpatía Diego Aristizábal, de Pensilvania, importador de flores, parejas colombo rusas y chicas en busca de contactos con colombianos para fines románticos o de negocios. Un oriental con cara de luna llena, el medico anestesiólogo Dr. Abbas, dedica parte de la velada para contarme que es candidato a la presidencia de su país, Kirguistán, un país de 7 millones de habitantes situado en la mitad del Asia, donde según su opinión todos los demás candidatos son corruptos.

La otra "estrella" que conozco es el sonriente y educado Gregory Gagarin, un Príncipe Ruso de carne y hueso, miembro del Comité de Nobles y perteneciente a una familia más antigua que los Romanov, según me dice. Luego de un par de champañas y una "fritanga" muy regularcita, terminamos cantando desafinados tangos, rancheras y "se va el caimanes" con un bohemio argentino ruso y otros alegres contertulios. Finalmente el Dr. Abbas personalmente me acompaña hasta la estación del Metro. (Así que... si lo cultivamos, tenemos "asegurado" un ministerio en la vecina República de Kirguistán). 

Mi amiga Alex no quiere correr el riesgo de que me pierda, así que me acompaña en el cómodo tren Aeroexpress, a esperar a Cata al aeropuerto Domoedovo a la una de la mañana y regresar con ella en taxi (US$50) hasta su apartamento. Es una dicha el encuentro con mi nieta, a quien el jet lag le dura dos días... y los demás, sigue durmiendo hasta tarde. En todo caso he comenzado a mostrarle la ciudad, empezando como siempre por la Biblioteca Lenin, el parque Alexander, el Kremlin por fuera, la Plaza Roja, la colorida Catedral de San Basilio, la Plaza de los Teatros, la céntrica Avenida Tberskaya y el monumento a Pushkin.

Nos llega la "trágica" noticia de la muerte de Alfredo, el patito de Cami y la estupenda nota necrológica que le dedica mi nieto Octavio IV. Estoy muy orgulloso de mi familia de artistas, escritores "en potencia" y profesionales de éxito. Adelante, muchachos!

Ahora que tengo a mi lado a mi fotógrafa profesional con su moderna cámara, disfruto mejor de la visita al interior del Kremlin, con su Plaza de las Catedrales, su gran campana rota de 300 toneladas que nunca sonó, el enorme y lujoso cañón del Zar que nunca fue disparado, los numerosos cañones abandonados por Napoleón, los bien cuidados jardines con cargados manzanos y vista sobre el río Moscú, y en el momento dos exhibiciones de piedras preciosas y obras de arte de los Medici. Todo ello aderezado desde luego, con rubias rusitas de ojos azules y prendas cada vez más cortas y transparentes. Que viva el verano Ruso!!!

Terminamos el sábado 23 (Julio de 2011) con un espectáculo de danzas folclóricas en el lujoso Hotel Cosmos, en el que algunas bailarinas parecen moverse como muñecas de cuerda sobre un "conveyor", atléticos cosacos vencen la gravedad con agilidad increíble y las graciosas bailarinas tienen una cara tan linda, que uno sabe en que parte del cuerpo concentrar la mirada. Asisten al espectáculo grupos de turistas de diferentes nacionalidades, entre otros unos simpáticos mormones que predican su verdad en tierra rusa.

Encontrar una dirección es más difícil en Moscú que en Tokio. Aunque Alexey Tereschenko, nuestro simpático amigo secretario nacional de SERVAS nos da instrucciones precisas y el taxi nos lleva hasta la calle indicada, nos toma mas de media hora y varias llamadas telefónicas encontrar su edificio, hasta que por fin lo vemos asomado a un alto balcón haciéndonos señas. De todas maneras es un placer visitarlo y probar el delicioso pastel de manzana que nos ha preparado Iliana, su señora madre, con quien vive Alexey acompañado de un peludo gato. Mientras probamos las fresas y tomates que cultiva en su balcón, Alexey nos hace sugerencias muy valiosas para la continuación del viaje con Cata. 

Otro querido anfitrión SERVAS, Lev Chesnov, acompañado por su novia Tatiana, nos lleva el Domingo a Volokolamsk, una pequeña ciudad situada 130 Km. al noroeste de Moscú, en cuyos alrededores se sostuvieron batallas en defensa de la ciudad contra los nazis. Allá visitamos un antiguo monasterio con su campanario en ruinas, sus consabidos íconos, un huerto y apacibles jardines, y luego hacemos un picnic a la orilla de un pequeño lago excavado hace siglos por los propios monjes, en el que se bañan alegremente algunas familias rusas. En ese tipo de escenario no se ve ni un extranjero.

Al regreso, luego de pasar por Istra, nos detenemos en la población de Dedovsk, donde Lev paso su niñez, y donde vive Yan, su padre, un barbudo y simpático antropólogo, autor de un libro publicado en Londres, quien habla varios idiomas, me saluda de beso y después de un par de fotos se aleja en su vieja motoneta.

Ahora sí tomamos la gran vía circunvalar de cinco calzadas (la MKAD – Mosk Koltsevae Avto Doroga) que rodea a Moscú, por el lado correcto, pues esta mañana la recorrimos por el lado oriental y nos tomo una hora y media darle la vuelta a la ciudad.

Mañana lunes estaremos ocupados ayudando a Ana, la señora Armenia que hace el aseo (US$100 por cinco horas de trabajo) del apartamento que tiene Alex para la venta en el centro de la ciudad, el cual planeo tomar en arrendamiento para no abusar de su hospitalidad tan generosa. Es un espectáculo ver a la gordita Alex, la consentida Cata y su mal enseñado abuelo limpiando ventanas y barriendo el piso a la manera rusa, pero el apartamento nos queda bien aseado. 

Sin embargo, la noticia es que Alex y Elina viajan por dos semanas a Alemania y nos dejan muy bien instalados en su apartamento actual de Yugo Zapad.

Moscú, Julio 30 de 2011


La típica foto de la Catedral de San Basilio en la Plaza Roja.


Con Lev Chesnov y su padre Yan en la población de Dedovsk.


Una de las cinco catedrales del Kremlin.

Fotos cortesía de mi compañera de viaje, mi nieta Cata.

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