Friday, 27 February 2015

La mística y misteriosa India - Parte 2


El colorido Rajastán
De tanto en tanto nos detenemos para descansar y tomar fotos, o bien, para admirar algo novedoso como el colorido ropaje y los adornos de las mujeres rajastanas. En una de esas paradas conocemos al industrial mexicano Jaime Fernández quien hace con su familia en otro auto el mismo recorrido nuestro. Por fin llegamos aquel día a la ciudad de Jaipur donde pasaremos esa noche de Navidad en este país no cristiano pero cuna de las grandes religiones. Jaipur es una ciudad de Fuertes y murallas, cuyo tráfico de bicicletas, rickshaws, motos y automóviles nos ensordece y confunde. Nos instalamos en un hotel que se llama Ashok, (como cosa rara), y Krish nos deja en la Ciudad Antigua, cuyas angostas y sucias callejuelas con pequeños comercios y talleres nos parecen pintorescas. 

Manak Chand Singhiri, un viejito “jain”, se nos une y nos acompaña a visitar un templo hindú dedicado a Shiva, donde una ruidosa campana acompaña los rezos de los piadosos creyentes que veneran la estatua de un toro. Conversamos también con el profesor M.S.Sagare, director del College de Maharashtra, quien nos lleva a la tienda de telas de un amigo. Allá en la trastienda nos ofrecen té y el charlatán profesor Sagare me “lee la mano” en ese inglés de acento indio que resulta tan difícil de entender a veces. Luego se nos une Bandi, un chico que habla algo de español, y otros amigos, con quienes recorremos las calles centrales de la ciudad, visitamos otro templo hindú, comercios callejeros, un mercado de flores y una tienda de té, en medio del animado tráfico y de las vacas sagradas que se pasean parsimoniosamente por doquier.  

En todo el país vemos las vacas sin dueño que deambulan por las calles, comen el alimento que la gente les ofrece, y reciben el saludo respetuoso de los creyentes, algunos de los cuales inclusive beben su orina. Pero hay toros que trabajan como animales de tiro, y vacas que son cuidadas y ordeñadas a diario por sus dueños. En efecto, durante las grandes hambrunas del pasado, poseer una vaca y contar con un poco de leche era una gran fortuna para una familia pobre. Quizá por eso a algún gobernante o reformador religioso se le ocurrió declararlas sagradas y así evitar que se las comieran. 

En el lobby del hotel nos despedimos de nuestra espontánea y entusiasta “escolta”, y allí pasamos esa Nochebuena de 1992, disfrutando de una cena-buffet, un espectáculo de danzas folclóricas, marionetas, rifas y concursos. En una gran mesa en el centro del comedor, un grupo de extranjeros cena con niños indios, sus hijos adoptivos a quienes han traído por primera vez para que conozcan su país de origen. 

El día de Pascua vamos con nuestro guía local Sangram al Fuerte Ambar, una ciudad amurallada erigida en lo alto de una montaña, que parece como de cuento. Allá nos encontramos con los mexicanos Fernández, Jaime, Oscar y Julieta. En diferentes elefantes subimos hasta el Fuerte, y Teresita grita de felicidad, y de “rabia” porque no le tocó el elefante más grande. Sangram nos espera arriba y nos muestra sus dependencias: la sala de las audiencias públicas donde el rajá oía las quejas del pueblo y hacía justicia; el templo de la misteriosa diosa Kali alrededor del cual se pasean como dueños los sagrados monos; los lujosos palacios de las Concubinas, de la esposa turca, de la cristiana, de la hindú y de otras tantas; el fresco palacio de verano y el abrigado palacio de invierno; la muralla que rodeaba la ciudad, cuyas almenas y miradores dominan el valle allá abajo; la sala de los espejos, los baños, etc. Qué buena vida se daba el rajá, a costa de los impuestos y el trabajo de sus súbditos! 

Al regresar a la ciudad el guía nos lleva a la inevitable fábrica de tapetes y al consabido centro de artesanías. Luego recorremos la parte abierta al público del City Palace, residencia del Maharajá, en cuya torre ondea su bandera cuando él está en la ciudad (... y hoy ondea), pero no nos invita a tomar onces! En cambio visitamos su mezquita privada y el vecino museo de textiles, admiramos la decorada puerta del Pavo Real y la puerta de la Victoria, vemos sus uniformados guardias, y conocemos los enormes jarrones de plata en los que un Maharajá anterior llevó agua del río Ganges en su viaje a Inglaterra, pues por motivos religiosos no podía beber ni bañarse con agua de otro origen. Sangram termina mostrándonos el Observatorio de Jehangir, el estudioso emperador mogul que era muy aficionado a la astronomía e hizo levantar una serie de relojes de sol muy exactos, así como otras construcciones adecuadas para predecir eclipses, observar estrellas y estudiar la marcha de los astros. 

Almorzamos en el restaurante Niros, cuya higiene es apenas aceptable, y continuamos recorriendo las calles centrales de Jaipur, seguidos de mendigos y de vendedores más insistentes que un “lotero” bogotano. Hay peluqueros callejeros que sientan a sus clientes sobre un trapo en el suelo y hasta me parece que mojan la brocha con su propia saliva. Teresita le hace poner tapas a sus zapatos, pero las “tapas” no le duran sino dos cuadras y yo me compro un sweater ordinario pero de bonito color pues por la noche hace algo de frío. Encontramos cerrado el museo Albert Hall, pero nos distraemos en su patio conversando con un grupo de niñas estudiantes de una escuela técnica. Tomamos un rickshaw cuyo conductor no habla inglés, y cuando trata de llevarnos hacia los extramuros nos asustamos, nos lanzamos a tierra desde su vehículo en movimiento y regresamos a pie al centro, atravesando las más sucias calles de la Ciudad Antigua.  

Al final de la tarde salimos en el auto con Krish hasta el hotel Rambagh Palace, de lujo, tamaño y colonial arquitectura deslumbrantes. Disfrutamos de un coctel en su bar Polo, decorado con el más refinado gusto británico, después de lo cual regresamos a nuestro hotel y despedimos a nuestro conductor pues está cansado, los disturbios siguen, hay toque de queda en el barrio donde vive su primo y mañana temprano tenemos que continuar viaje hacia Jodhpur. 

 Jodhpur 
El sábado 26 desayunamos con frutas y emprendemos camino a las siete de la mañana. Nos encontramos con los amigos Fernández y con una larga caravana militar, y a las dos de la tarde entramos a Jodhpur, ciudad de 500.000 habitantes y centro productor de lana que fue sede de otro Rajá. Nos alojamos en el Bahwan Ajit, hotel construido en forma de cabañas típicas por un culto tío del Rajá, antiguo terrateniente y miembro del Congreso hoy convertido en emprendedor hotelero por la fuerza de las circunstancias. Nos asignan la cabaña del Alfarero, decorada rústicamente con motivos producidos por alfareros locales. En la cabaña vecina se aloja un general del ejército que viaja en Mercedes Benz con su familia y algo de séquito, a quien hemos venido encontrando a lo largo del recorrido, y que según nos informan es el propio Secretario de Defensa de la India. 

Hacemos la gira de la ciudad de Jodhpur con nuestro guía local Tatkat, quien habla buen inglés y parece bien informado. Primero nos lleva al impresionante Fuerte que queda en lo alto de una colina, cuyas sólidas puertas muestran aún las cicatrices de las balas de cañón y están provistas de afiladas púas usadas en la antigüedad para evitar que los elefantes las derribaran, y desde cuyas amplias rampas los cañones “defienden” la ciudad. Dentro del palacio, el museo del Maharajá despliega cunas, armas, vestidos antiguos, pinturas, palanquines y sillas de elefantes. En seguida vamos al Jaswant Thanda, una hermosa tumba erigida a la orilla de una laguna por la viuda del Maharajá Jaswant Singh II en memoria de su esposo, y considerada por muchos como un pequeño “Taj Mahalito”. Recorremos el centro de la ciudad, pasamos por el parque o Jardín Público, y visitamos el mercado Sinegar, cuya Torre del Reloj domina toda clase de tiendas de los más variados artículos. Teresita se divierte comprando telas estampadas que le servirán de manteles, cubrelechos y regalos para sus amigas. 

Luego vamos al Umadian Palace Hotel, un verdadero palacio real, construido con todo lujo ya en vísperas de la caída del dominio británico y de sus protegidos rajaes. Por sólo US$50 tomamos una opípara cena buffet con vinos y cocteles en medio de su refinado ambiente. Hacemos pequeñas compras en sus tiendas y boutiques, y regresamos en rickshaw a nuestro hotel, pues Krish se ha ido a descansar después de llevarnos al Umadian. 

Definitivamente nuestro maharajá hotelero sabe explotar las tradiciones de la región y le da un ambiente muy típico al hotel donde nos alojamos. El desayuno en mesa redonda alrededor de una fogata en el patio del hotel, es sencillo, nutritivo y pleno de atmósfera. Llenos de curiosidad salimos con él mismo a un Safari en campero por aldeas campesinas de la región que antiguamente fue su latifundio, con una pareja francesa y otra de Bombay. Nos dice que somos sus huéspedes, que la tarifa de la excursión cubre toda la jornada y que no debemos dar propinas pues él tiene todo arreglado para que las familias que vamos a visitar sean nuestros anfitriones. Para empezar nos detenemos al lado de un canal bajo un árbol del que cuelgan centenares de vampiros y desde donde comienza a mostrarnos con orgullo y algo de nostalgia sus antiguas propiedades.  

La primera casa que visitamos tiene la zona del frente encerrada por una especie de barda baja en bahareque para entrar a la cual debemos quitarnos los zapatos, pues aunque el piso es en tierra la mantienen inmaculadamente limpia. Nos sentamos en el suelo sobre humildes tapetes, el jefe de la casa hace traer una infusión de opio, vierte un poco en la palma de su callosa mano, y de la propia mano bebe un sorbo nuestro guía, en señal de amistad y respeto. Los visitantes “más valientes” bebemos también un poco de ese opio que nos sirven en tacitas pequeñas como dedales. Luego nos ofrecen té a todos, el guía conversa con nuestros anfitriones con gran familiaridad sobre los asuntos cotidianos en su lengua, y nos despedimos. Fuera de la barda, en una gran olla al aire libre, la familia cocina cebada para sus sagradas vacas. Como la leña es escasa y el carbón casi desconocido, el combustible que se usa en los hogares campesinos es la boñiga del ganado, que los niños y las mujeres recogen en el campo, ponen a secar al sol y luego almacenan cuidadosamente. 

Vamos entonces a la casa de una señora que fabrica cobijas de lana con ayuda de sus hijos en telares primitivos, y gustosamente nos muestra su industria. Nuestro emprendedor guía le adelanta dinero y le compra la producción, la cual utiliza en el hotel, o revende. Me parece que al estilo tradicional indio, nuestro ex maharajá se siente responsable y vela como un padre por cada familia, a tiempo que todos lo acogen como jefe con grandes muestras de respeto. 

Entre aldea y aldea hay varios kilómetros, y por el camino nuestro guía continúa explicándonos muchos aspectos de la cultura india. Nos dice que la religión les impone 29 mandamientos, de los cuales el más importante es el respeto a la vida. No debe matarse ni un zancudo, pues la vida es una sola, y quizá ese zancudo es la reencarnación de un ser querido. De acuerdo con el “karma” de cada uno, reencarnaremos en formas más avanzadas o más atrasadas en una próxima vida. Más adelante en nuestro viaje encontraremos algunos ortodoxos creyentes que van por las calles barriendo suavemente el suelo con una especie de escoba, para así evitar el riesgo de aplastar una hormiga u otro “pariente” que inadvertidamente se les cruce en el camino. Y muchos llevan tapabocas para preservar la vida de seres que vuelen a su alrededor e inadvertidamente puedan ser inhalados. Con el campero nos acercamos bastante a manadas de gacelas y antílopes que pastan apaciblemente, a sabiendas de que su vida no corre peligro entre esta pacífica gente. Vemos también grupos de pastores nómadas que apacientan tranquilos sus rebaños de ovejas. 

En una de las casas visitadas nos presentan un niño de unos nueve años elegantemente vestido de blanco. Es un chico que se ha casado hace ocho días con una niña de la aldea vecina. En realidad el matrimonio en el Rajastán (y en gran parte del Oriente), sigue siendo un contrato o pacto entre familias, en el que no cuenta el amor ni los caprichos de la juventud. Desde muy pequeños, y a veces aún antes de nacer, una familia se compromete con otra a dar su hijo en matrimonio, y los padres de la novia tienen que sudar la gota trabajando para dar una gran dote, si quieren colocar bien a su hija. El novio o sus apoderados pueden exigir trajes, joyas, aparatos electrodomésticos, vajilla, y hasta motocicletas, de acuerdo con su status social y económico. Se dice que los casamientos infantiles son cada día más raros, pero a nosotros nos toca la curiosa experiencia de llevar en el campero a nuestro sonriente y apuesto “recién casado”, quien se parece más bien a mis nietos Felipe o Juan Sebastián el día de su primera comunión, y quien seguirá viviendo con su familia hasta tener la edad adecuada para traer a la novia a su casa. 

En un claro del campo, cercado por ramas de espino para defender la cosecha de los animales que pastan en los alrededores, encontramos un grupo de personas que limpia el grano. Hombres, mujeres y niños ayudan en la faena trayendo los haces de trigo, avena o cebada, separando el tamo, y haciendo caer el chorro de grano desde un punto alto, para que el viento se lleve la cascarilla y al suelo caiga el grano limpio.  

Continuando gran parte del día de aldea en aldea, entramos a varias casas, en una de las cuales nos ofrecen un gran pan o chapati del cual comemos todos. De cuclillas, las mujeres cocinan en una paila de hierro o cobre colocada sobre tres piedras y calentada con los famosos panecillos de boñiga seca, muy parecidos en su forma y color a las arepitas de harina de trigo que están tostando. En otra casa bajo cuyo alero anidan unos tranquilos pajaritos, nos ofrecen en platillos diversas clases de los granos o cereales medio tostados que forman la base de su alimentación vegetariana. 

Las mujeres deben mantener el rostro y la cabeza cubiertos cuando están en presencia de su suegro o de personas mayores. Pero algunas muchachas nos permiten ver su rostro adornado con aretes en las aletas perforadas de la nariz, y hasta con cadenitas que van de la nariz a una oreja. Además llevan muchas pulseras y ajorcas de cobre, bronce o plata en los brazos y tobillos. En general son altas, delgadas y sonrientes, y con sus coloridos “saris” y sus ojos pintados, algunas se ven realmente hermosas. Visitamos la casa de un curandero tuerto, en cuyos poderes mágicos cuando entra en trance, cree la sencilla gente. El les hace “sanaciones” y ensalmos, y el pueblo se encarga de mantenerle lleno su granero y su estanque, tal como ocurre en Colombia con cualquier cura párroco o pastor emprendedor y convincente. 

Nuestro rajá anfitrión ha dejado para el final la casa más rica e interesante. Es grande, tiene un amplio granero, parece de gente sencilla pero más pudiente, y sus propietarios además de trabajar la tierra tejen mantas. Allí nos visten con el traje típico de la región, nos dan a probar tortillas, y nos enseñan cómo se trenza un turbante enrollando alrededor de la cabeza una larga faja de tela. Una vez vestidos así, nos echan unas cuantas “bendiciones” y aspersiones con “agua bendita”, lo que interpretamos con Teresita como nuestro cuarto matrimonio. Al final de la tarde regresamos al hotel, donde nos espera Krish con su “nave”, listo para emprender el viaje de 290 kilómetros hasta Jaisalmer, la Ciudad Dorada, a donde llegamos esa noche sin contratiempo alguno. 
Continuará...

La mística y misteriosa India - Parte 1


Esta vez comienza así mi diario:  
“Después de terminar de escribir anoche mi acostumbrado centenar de cartas y tarjetas de Año Nuevo 1993 para nuestros amigos de todo el mundo, salimos de Hirakata muy abrigados hoy a las 11 a.m. El transporte inicial en taxis, trenes y limosina hasta el aeropuerto de Osaka  nos cuesta 5.000 ¥  o sea unos US 40. El avión de Air India sale a las 3:20 p.m., tarda cuatro horas hasta Hong Kong donde hace escala de una hora, vuela otras cinco horas y llega al aeropuerto Indira Gandhi de Delhi a las 11:30 p.m. hora local, lo cual quiere decir como las tres de la mañana para nosotros. Los dos pasajes Osaka-Delhi, Calcuta-Osaka nos han costado 350.000 ¥ (US$ 2.820) y hemos comprado el trayecto local Discover India que nos permite volar por todas las rutas nacionales por US 800. El cambio está a 25 rupias por dólar y los trámites de aduana son engorrosos y muy lentos. El edificio del aeropuerto es sucio y en sus andenes duermen docenas de personas sin techo”. 

Nueva Delhi
Qué pena llegar tan tarde a la residencia, donde el Embajador David Sánchez Juliao gentilmente nos ha hecho preparar una cómoda habitación (con el dudoso honor de que es la misma que pocas semanas antes ocupó el candidato presidencial Ernesto Samper), con espléndida canasta de frutas y tarjeta de bienvenida. De espíritu abierto y generoso, David es mi viejo amigo y compañero de actividades SERVAS, con quien reanudé intercambio epistolar cuando supe que estábamos relativamente cerca por esos lados del mundo. Como escritor e intelectual le ha dado muchas glorias a Colombia, y yo soy un ferviente admirador de sus obras. El nos recibe al día siguiente en su despacho de la Embajada diciéndonos que nuestra visita es su mejor regalo de Navidad, nos asesora en la organización del recorrido que vamos a hacer y nos pone en contacto con su agente de viajes Ravi Rawal de Universal Travels. 

Los pilotos de la aerolínea nacional están en huelga, de manera que tenemos que contratar un auto con chofer para viajar por el Rajastán por US$1.900 adicionales. Ante “tan buen negocio”, el señor Rawal nos invita a almorzar con “chapati”, el enorme pan plano hecho de harina de trigo; “dahl”, o sea las lentejas tan típicas de la dieta india, y otras exquisiteces de la comida tandoori. 

La Gira de la Ciudad esa tarde nos lleva a la Vieja Delhi, parte antigua de la ciudad donde está concentrada la actividad comercial y popular, pues hasta ahora de la Nueva Delhi lo único que hemos visto es el tranquilo sector de Chanakya Puri, residencia de diplomáticos y gente pudiente. Debido a serios disturbios religiosos entre musulmanes e hindúes, los cuales estuvieron a punto de hacernos cancelar el viaje a última hora, nos cambian la visita a la principal mezquita Jami Masjid por otra menos peligrosa. A la entrada del Fuerte Rojo una molesta muchedumbre de vendedores y mendigos asedia a los grupos de turistas, pero una vez dentro del Fuerte nos paseamos con calma por sus dependencias y jardines. El guía nos muestra las salas del Consejo Público y de las reuniones privadas de los grandes Mogules, la residencia y los baños reales, la mezquita privada, y muchos otros rincones de ése sitio que fue centro del poder durante varios siglos de dominación extranjera, y desde el cual se proclamó la soberanía del país en 1947. 

Visitamos el sitio de cremación de Mahatma Gandhi, el líder espiritual cuya política de desobediencia civil sin violencia obligó a Gran Bretaña a conceder su independencia a la India. El monumento es una gran losa de mármol, en medio de un jardín donde pululan aves, ratas, ardillas, turistas y “otros” seres vivientes. Como en toda Gira Guiada que se respete, el guía tiene más interés en ganar su comisión por las compras de los turistas que en enseñarles los encantos escondidos de su ciudad. El de hoy nos lleva a la CIE, una cooperativa fabricante de tapetes que dicen ser de Cachemira, hermosa región que fue reino independiente pero que hoy no se puede visitar pues se encuentra destrozada por la disputa entre Pakistán y la India. 

Sin comprar tapete alguno regresamos a la residencia de la embajada. Con mano de obra tan barata, la residencia cuenta con una bien entrenada ama de llaves, dos sirvientes uniformados listos para atender al Embajador o sus visitantes las 24 horas del día, portero y vigilante, pero hoy no hay chofer, así que el Embajador conduce su propio automóvil. Todos los días encontramos en nuestra habitación frutas, té, café, galletas y otras delicadezas, y David bromea diciendo que el personal de la residencia nos está atendiendo mejor que a él mismo. Después de refrescarnos y disfrutar de un aperitivo en su acogedora sala de música, el Embajador nos invita a cenar al Hotel Sheraton, cuyo lujoso restaurante Bakhara es tal vez el mejor de Delhi, junto con su amiga Sonia Díaz Illera, la simpática embajadora de Cuba. Gozamos de un delicioso pernil de cordero acompañado por un enorme chapati, dahl, arroz y otros manjares, mientras observamos curiosos cómo las elegantes y enjoyadas damas de las mesas vecinas comen con la mano.  

Recorriendo una y otra vez las avenidas de Chanakya Puri, aquella noche recibimos de David una amplia lección de la realidad india, cuyos agudos problemas sociales y económicos, su inhumano sistema de castas, la ignorancia, el fanatismo religioso y la gigantesca desigualdad en las oportunidades, parecen insolubles. Comparada con la enormidad de los problemas de este subcontinente, Colombia “y sus encantos” resulta un paraíso. Como una muestra de los limitados recursos y el bajo nivel de vida aún de las clases más pudientes, el único sitio que encontramos para ofrecer un postre o un helado a la pareja de Embajadores que tan gentilmente nos ha atendido, es una popular heladería donde hay que hacer una larga cola frente al mostrador para comprar unos conos que tenemos que comer de pie en la calle. Tal parece que ni siquiera hay una buena heladería en toda Delhi. 

Tenemos un día completo para explorar la ciudad y tomar otra Gira Guiada, la cual comienza por el francamente ridículo, de muy mal gusto y sin ningún valor histórico templo hindú construido por el industrial BIRLA, quizá para descrestar creyentes o turistas tontos (como nosotros?). No hay derecho! El guía nos pasea por las imponentes calles centrales de la Nueva Delhi, con vistas del Parlamento y parada en el Raj Path para tomar fotos del Palacio Presidencial, el Portón de la India y otros monumentos recordatorios del Imperio Británico y su arquitectura victoriana. Los encantadores de culebras están en todos los sitios de interés turístico, listos para destapar sus canastos y tocar la flauta que hace erguir a las dormidas cobras, por unas pocas monedas.  

Visitamos las tumbas de Humayun, un notable estadista de Bengala, y de una ilustre dama cuya identidad se desconoce, las cuales son ejemplos precursores de la arquitectura que habrá de culminar en el Taj Mahal. Después nos llevan a Qutab Minar, centro de gran interés histórico que comprende una torre medio inclinada de cinco pisos erigida para celebrar la victoria de los Afganos sobre los Hindúes, la primera mezquita construida en la India cuyo gran patio central está rodeado de columnas todas diferentes, un gran pilar de hierro que trae la buena suerte a quien logre abrazarlo, las ruinas de una universidad del siglo XVI, la tumba de un famoso “desconocido”, y otros recordatorios de los emperadores Mogules que gobernaron el país desde 1526 hasta 1857. Desde luego no falta la visita a un centro de artesanías, antes de regresar al hotel Janpath donde termina la gira. 

Caminamos entonces por el céntrico sector de Janpath, en medio de la gritería y el bullicio de vendedores, mendigos y gente que compra toda clase de mercancías en tiendas populares. Me arriesgo a comer pollo con una deliciosa salsa picante en el Gaylord, un restaurante que no parece tan sucio, en Connaught Place, corazón de la ciudad, pero Teresita se contenta con unas gotas de Pudin Hara, efectiva medicina para el mal de estómago a base de opio, pues se encuentra indispuesta.  

Un “rickshaw”, la popular bicicleta para dos pasajeros con la que se gana la vida tanta gente en Oriente, nos lleva hasta el Museo Nacional, donde apreciamos una excelente colección de esculturas y otras piezas de valor histórico. Otro rickshaw nos lleva de regreso al sector de Janpath donde visitamos una serie de tiendas (llamadas emporios), en las que venden artesanías y objetos típicos de los diferentes Estados. 

Recibimos de la agencia de turismo los tiquetes de entrada, “vouchers” y programa de la excursión que hemos comprado y que comenzaremos al día siguiente, y desde ese momento queda a nuestras órdenes el auto Ambassador con su chofer Krish. Para empezar nos lleva hasta el Fuerte Rojo, donde un buen espectáculo nocturno de luz y sonido recrea las grandezas del Imperio Mogul, del Imperio Británico y de la Independencia. Esa noche en casa tomamos un refrigerio y conversamos un rato con David, de quien nos despedimos hasta dentro de nueve días, cuando regresaremos para celebrar con él y Sonia la noche de Año Nuevo. 

Agra 
La primera jornada es de 200 kilómetros y nos lleva hasta Agra, a través de los Estados de Haryana y Uttar Pradesch. Paramos a descansar en la ciudad de Sikandra y pasamos por Mathura, donde hace 3.500 años nació Lord Krishna, el profeta de los Hare Krishna. Antes de llegar a Agra visitamos la tumba del emperador mogul Akbar el Grande, aunque sin el anunciado guía, pues éste no aparece. En cambio, uno de los agresivos monos que abundan en el lugar y que en este país se consideran sagrados, me ataca por detrás y me empuja atrevidamente. Mal comienzo? Agra es una ciudad de tamaño mediano pero muy ruidosa. El tráfico de motos, bicicletas, automóviles, y carros halados por dromedarios, es impresionante. Nos instalamos en el hotel Ashok, y salimos para el Taj Mahal donde nos espera el guía llamado también Ashok, nombre muy popular en la India quizá en recuerdo de Asoka, el primer rey que unificó el país, en el siglo III a.C. En un curioso español mezclado con portugués, italiano y romance, Ashok nos va preparando para la gran visita. Construido entre 1630 y 1648 bajo la dirección de un arquitecto turco por orden del emperador Shah Jahan como tumba de su amada esposa Mumtaz Mahal, el Taj Mahal es realmente un refinado poema de amor erigido en mármol. Contemplando la belleza del escenario, la armonía de sus formas y lo romántico de su historia, me emociono hasta las lágrimas.  

En seguida vamos con Ashok al Fuerte Rojo, cuyas dependencias están mejor conservadas que el de Delhi a pesar del vandalismo y el paso de los años, a lo largo de los cuales sus paredes han sido despojadas de la preciosa pedrería con que originalmente estuvieron ornadas. Sin embargo aún hoy es notable el Baño de los Espejos, donde el rey se bañaba con sus favoritas. Desde una de sus torres vemos allá a lo lejos el Taj Mahal, la misma vista que nostálgicamente acompañó durante sus últimos años al emperador Shah Jahan, quien fue depuesto y mantenido prisionero por su propio hijo. Por el camino paramos para observar la tumba erigida por la hija de un Primer Ministro en memoria de sus padres, al otro lado de una laguna. Buena prueba de amor filial, pero no comparable en su arquitectura con el hermoso Taj Mahal cuyos colores cambian según la hora del día, y cuyas formas no se borran de la memoria de quien alguna vez las ha admirado.  

Nuestro guía Ashok nos lleva luego a un centro de artesanías donde nos muestran cómo se produce la “piedra dura”, singular forma de decoración con pequeñas piezas de nácar, turquesa y otros materiales semipreciosos, las cuales son cuidadosamente incrustadas en láminas de piedra labrada y pulida. En lo alto de una colina visitamos la antigua residencia de un Gobernador donde ahora funciona un almacén de la CIE, entidad promotora de la industria artesanal, la cual produce buenas chaquetas y otros artículos de cuero.  

Fatephur Sikri, Ciudad fantasma 

A la mañana siguiente Ashok nos acompaña hasta Fatephur Sikri, la ciudad construida en sólo 14 años por el emperador mogul Akbar en el siglo XVI, con participación de 6.000 hombres. Por razones desconocidas (sequía? enemigos?)  la ciudad fue abandonada luego de ser su capital únicamente durante 16 años, y desde entonces se conserva casi intacta como ciudad fantasma e interesante atracción para los visitantes que recorren curiosos sus deshabitados palacios, calles y templos. El guía nos cuenta la historia del emperador mogul estéril, a quien un “santón” predijo que por fin tendría un heredero. Para que se cumpliera la predicción el santón tuvo que sacrificar a su propio hijo, y así nació el niño a quien la historia conocería más tarde como el emperador Jehangir. Nuestro guía nos muestra en detalle los palacios de la princesa portuguesa cristiana, de la princesa turca, de la hindú, y otras tantas fastuosas residencias que el emperador construía para tener contentas a sus numerosas consortes, encerradas allí de por vida. También nos enseña el trono elevado en forma de un árbol con cuatro ramas, desde el cual el emperador dialogaba con ministros de las grandes religiones cristiana, musulmana e hindú, y consideraba sus diferentes puntos de vista. Así pudo Akbar mantener el pluralismo religioso, cultural y político que le dio el merecido apodo de El Grande. Visitamos finalmente la mezquita, la tumba del santón Chisti, y la imponente Puerta de la Victoria, donde nos despedimos de Ashok para continuar nuestra ruta por el Rajastán con Krish, quien maneja peligrosamente por entre ciclistas, peatones y dromedarios con el claxon pegado a las manos. 

Continuará...

Monday, 25 November 2013

Canadá a cuatro manos - Parte 4

La Capital del País

Ante la notoria rivalidad entre Montreal y Toronto, la Reina decidió ‘salomónicamente’ designar a Ottawa, entonces una minúscula población maderera, como capital del país. Pero como las comunicaciones eran difíciles especialmente en invierno, la noticia no les llegó sino hasta el año siguiente, así que los “otawanos” fueron capital durante un año, sin saberlo!

Hoy en día Ottawa es una ciudad moderna y acogedora, con excelentes museos, paseos, restaurantes, centros comerciales y su famoso mercado de Byward, sede internacional de restaurantes y curiosidades de muchos países. Allá comimos en un típico restaurante japonés, cuyo propietario lleva tantos años en Canadá que ya olvidó su idioma.

El servicio de transporte en buses es muy eficiente y tal vez por este motivo no se necesita el Metro. En parte tiene vías separadas como nuestro Transmilenio, con estaciones acondicionadas para el invierno y el verano. Una manera fácil y económica de visitar una ciudad es dando un paseo en bus. Así lo hicimos; tomamos uno que nos llevó por barrios elegantes y otros no tanto, centros comerciales, edificios de apartamentos, en fin, un largo e ilustrativo recorrido de casi dos horas, en el que pudimos apreciar los contrastes de la ciudad por sólo C$2,50 (con descuento por ser mayores).

Museo de las Civilizaciones

El Museo de la Historia Social y Humana de Canadá, más comúnmente llamado “Museo de las Civilizaciones”, es un monumento a la historia de una nación agreste, de tiempos fríos y poco poblada, pero de gente valiente y aguerrida que construyó su país a partir de la nada, tan sólo de los bosques y lagos que eran su principal riqueza. Allá entendí por qué quieren conservar sus raíces y el por qué de su orgullo patrio.

En el salón de personas importantes del Canadá me llamaron la atención estos tres personajes:

Margaret Eleanor Atwood. Nacida en Ottawa en 1939, novelista, poeta, crítica literaria  y activista política que vive en Toronto, donde escribe a diario, luchando por los derechos humanos y sociales. Recibió el premio Príncipe de Asturias en el 2008.

Leonard Cohen. Nació en Montreal en 1934, poeta, novelista, monje y cantautor de origen judío, convertido al Budismo en 1994 y amante de la poesía de García Lorca. Premio Príncipe de Asturias en el 2011. Actualmente vive en Montreal en el barrio Portugués

Santa Catherine
(1656 - 1680) La primera santa indígena Norteamericana, cuya fiesta se celebra el 14 de Julio. Hija del jefe de la tribu Mohawk y de una india algonquina.

 



Sarita en el Museo de las Civilizaciones.


Galería Nacional de Canadá

En un imponente edificio de cristal y con una hermosa vista del Parlamento al otro lado del río Ottawa, se encuentra uno de los principales museos de arte del continente americano. Fundada en 1880, la Galería Nacional tiene una variada colección de pinturas, dibujos, escultura y fotografías tanto canadienses como europeos. Sus colecciones abarcan desde los tiempos remotos de los indígenas hasta arte europeo y asiático, así como contemporáneo internacional.

Pudimos observar una interesante muestra de los pintores flamencos Rubens, Van Dyck y Jordaens, así como obras de Lucas Cranach el Viejo, El Greco, vistas venecianas de Canaletto, el histórico cuadro de Benjamin West La muerte del general Wolfe, junto con cuadros de Turner, Corot, Van Gogh, Pisarro, Monet, Degas, Cezanne, Picasso, Dalí, Gauguin y muchos otros.


La Colina del Parlamento

Uno de los atractivos turísticos del país es la Colina del Parlamento, especialmente en verano. Se puede asistir a la imponente ceremonia del cambio de guardia, admirar la disciplina de la colorida Policía Montada y por la noche asistir el espectáculo de Luz y Sonido que se proyecta sobre la elegante fachada del Parlamento, con un educativo mensaje en Inglés y en Francés sobre la historia del país, su integración cultural y sus valores ciudadanos.

Nosotros visitamos el Parlamento en compañía de un bien informado guía que hablando un francés muy claro, nos llevó por los elegantes halles del edificio, nos mostró sus esculturas y obras de arte, nos hizo entrar a los salones de la Cámara de los Comunes (decorado en Rojo) y del Senado (en verde), así como a la imponente Biblioteca, única parte que se salvó del incendio de 1916, cuando el país tenía menos de 50 años de existencia.

Al empezar el recorrido, el guía muy jocosamente nos preguntó nuestro lugar de origen. Cada uno iba diciendo su país y cuando OMA dijo “nosotros venimos de Colombia”, la gente se sorprendió y nos acogió con agrado. Emocionados levantamos nuestras manos atestiguando que somos orgullosamente Colombianos!

Más adelante, en la biblioteca que nos dejó a todos con la boca abierta por su  majestuosidad y belleza, nos dijo: “Hay un libro que vale alrededor de 13 millones de dólares; adivinen de qué trata”. Nadie supo la respuesta. “De pájaros”, exclamó. “Cómo así?” dijimos todos. “Pues bien, es un ejemplar sobre los pájaros del Canadá, totalmente elaborado a mano”.
 



Sarita frente a El Parlamento de Canadá.


Allá aprendimos que el Parlamento está compuesto por la Corona, la Cámara de los Comunes elegida por el pueblo y el Senado, designado a dedo. El Primer Ministro convoca a elecciones generales dentro de los cinco años siguientes a la elección anterior, o antes, en el caso de que sufra una moción de censura del Parlamento. Los partidos que cuentan con representantes elegidos son: el Conservador (gobernante), el Liberal (la oposición oficial), el Nuevo Partido Democrático (NDP) y el Bloque Quebecois.

Los miembros del Senado son personas destacadas de las varias regiones, designadas por el Primer Ministro y pueden estar en funciones hasta la edad de 75 años.

La Corona desempeña el poder ejecutivo simbólico y consiste en la reina Isabel II, los Virreyes que designa, el Gobernador General y los Vicegobernadores, que realizan la mayoría de las funciones ceremoniales.

El poder ejecutivo en materia política consiste en el Primer Ministro (Jefe de Gobierno) y el Gabinete. El Gabinete está compuesto por ministros seleccionados por la Cámara de los Comunes y encabezados por el Primer Ministro, que normalmente es el líder del partido que mantiene la mayoría en tal Cámara. La Oficina del Primer Ministro propone las leyes para su aprobación en el Parlamento y formalmente la Corona las aprueba. 

El jefe del partido político que cuenta con la segunda mayor cantidad de asientos, se convierte en el líder de la oposición y como tal es parte de un sistema destinado a mantener el gobierno bajo permanente control.

Economía


De una economía de pesca, caza y trueque de pieles en el siglo XV, Canadá pasó a ser agrícola y maderero en el XIX; en el siglo pasado, el crecimiento de la fabricación, la minería y el sector de servicios la convirtió en un país pionero en industria y tecnología, autosuficiente gracias a sus extensos depósitos de combustibles fósiles y a la amplia generación de energía nuclear e hidroeléctrica.

Leonardo, por ejemplo, es escritor de manuales técnicos de una empresa que se especializa en controles automáticos para trenes que corren por numerosas ciudades del mundo, a las cuales tiene que viajar continuamente para entrenar a los técnicos encargados de su mantenimiento. Este interesante trabajo lo ha llevado de Nueva York a Vancouver, Seul, Kuala Lumpur, Singapur, La Meca, Londres, París y próximamente a nuevos destinos.

Canadá cuenta con 28 millones de usuarios de Internet (el 84,3% de la población total), asigna el 1,9% de su PIB para investigación y desarrollo, y cuenta con 18 premios Nobel en física, química o medicina. Esto sin contar el de Literatura que le acaban de otorgar a Alice Munro, la escritora nacida en Ontario en 1931, que con frecuencia pasa temporadas en nuestra Cartagena de Indias.

En 2013 la tasa de desempleo cayó al 7.1%, lo cual significa que las personas calificadas consiguen trabajo fácilmente y se pueden dar el lujo de renunciar si no les gusta, o de tomar frecuentes vacaciones. Tal como lo hace mi nieta Cata, quien viaja a Rusia, Nueva Zelanda o Francia cada vez que “se aburre” en Toronto, pues ha resultado más viajera que Matías el Caminante!

Como otras naciones del primer mundo, la economía canadiense está dominada por el sector terciario, que emplea alrededor de las tres cuartas partes de los canadienses. Pero el país brinda también una inusual importancia a las industrias del petróleo y la madera, y es uno de los pocos países desarrollados exportador neto de energía. Uno de los más importantes temas de discusión actual son las contaminantes arenas de alquitrán de Athabasca, que le dan al país el tercer lugar en reservas de petróleo en el mundo, superado apenas por Venezuela y Arabia Saudita.

Deportes

Leo tomó vacaciones para estar más tiempo con su padre y hacer deporte con él. En su casa tiene un amplio sótano, ideal para las veladas de invierno … y también para disfrutar de su frescura en tiempo de verano.

Lo domina una mesa de ping pong en la que jugamos incontables partidas, una máquina para caminar y trotar en la que Cata hace ejercicio una hora al día y un Teatro en Casa con pantalla gigante, sonido envolvente, luces graduables y poltronas arrulladoras. Allí vimos a diario los partidos del US Open de Tenis, las carreras NASCAR y de Fórmula 1, así como algunas películas de su bien surtida filmoteca.

Pero no nos quedó mucho tiempo: Las canchas de bolos en el vecino municipio de Brampton nos esperaban lunes y jueves, días en que se reúnen las Ligas a las cuales pertenecen Leo y Pax, donde he visto a mi hijo hacer cinco moñonas seguidas (y medias moñonas casi todos los demás tiros). Sarita encantada hizo sus primeros cinco “canales” seguidos y yo logré mis modestos usuales puntajes de 120 … para abajo. Ser clientes asiduos de la bolera les significa bonos muy económicos que nosotros también disfrutamos, junto con pizza, café y cortesías de la casa. Además de la compañía de Rick, un simpático británico igualito a Sean Connery, y su charladora señora Ann, quienes también son sus ‘partners’ de golf.

Excelentes canchas de tenis en el lindo pueblito de Kleinburg, en medio de un bosque donde se pueden hacer formidables caminatas, nos permitieron bolear a gusto en varias ocasiones. Allá las canchas son públicas, de uso gratuito y de excelentes acabados. Y las bolas se usan unas pocas veces y luego se botan.

Luego vino el golf, en campos grandes y pequeños, uno de ellos con matorrales donde se pierden docenas de bolas, otro con hoyos similares a algunos de campos famosos, pulidos putting greens, amenazantes bunkers, laguitos, arroyos, gansos, gaviotas, ardillas y trampas de agua. Jugamos unos a pie y otros en carrito, y me complació ver el enorme progreso de Leo, los avances y entusiasmo de Pax, el interés de Sarita y sus habilidades como conductora del carrito y cuidadosa anotadora de puntajes.

Sólo resta mencionar dos “deportes” menores, pero que son comunes a toda la familia, y en los que ha empezado a interesarse Sarita: nunca falta el diario partido de “Scrabble” ni el de “Corazones”, en los cuales se compite con entusiasmo y se lleva el puntaje como si fuera un serio asunto de Estado.

Comentarios Finales

Es increíble el cuidado que ponen los canadienses en la conservación de la naturaleza. Las basuras se reciclan, lo orgánico se convierte en compostaje, los ríos y lagos se mantienen limpios y los animales están protegidos. Llaman la atención los enormes bosques y zonas verdes que rodean las comunidades. El patio de atrás de la casa de Leo, por ejemplo, colinda con un bosque de varias hectáreas, en el que viven tranquilas las ardillas (cuando el Conde Lucanor, el gato consentido de Cata, no está cerca), los conejos, los mapaches y hasta algún extraviado coyote.

 


Luca, tan lector como Matías el Caminante.

Es estimulante observar también cómo las familias inmigrantes conservan las ideas, valores y costumbres de la madre patria, y se esfuerzan para que sus hijos no pierdan su idioma. Mi hijo y su familia han sabido mantener una hermosa red social de compatriotas de éxito, que realmente constituyen su “familia en el Canadá” y que mutuamente se apoyan para disfrutar del verano y pasar esos largos y fríos inviernos.

Con ellos disfrutamos de agradables asados en el patio trasero de sus casas, de comidas servidas con gusto y cariño, de juegos de sala, de niños alegres y sanamente ruidosos que se levantan como hermanos y mantienen así sus vínculos patrios.

Conocer esta cultura representó un proceso de aprendizaje y una gran experiencia en mi vida; saber que hay costumbres, gustos, maneras de ser y de pensar muy distintas a las nuestras nos aterriza y madura. No se trata de comparar, no, la idea es ver con otros ojos y a través de otro prisma.

Por ejemplo la comida, tan variada debido a la diversidad de nacionalidades existentes, de la cual probamos platos chinos, japoneses, vietnamitas y hasta colombianos, aunque con papa y mazorca dulzonas, diferentes a las nuestras.

En ropa se ve de todo. Como llegamos a finales del verano y hacía calor, las chicas visten shorts, bermudas y sandalias. Se ven señoras de bastante edad mostrando gordos o piernas blancas y flacas, pues no les interesan los comentarios y saben que  nadie se fija en cómo va vestido el vecino.

La gente anda de afán, especialmente en las estaciones del Metro y del tren, eso sí en absoluto orden, fríamente cronometrado. Nadie llega tarde a una cita, pues no tienen como nosotros la excusa del tráfico tan terrible y pueden calcular exactamente la hora de llegada del Metro a una estación.

“Esta es la ley”, es el letrero que se ve con frecuencia. El respeto a la autoridad es parte de la vida diaria y se traduce en seguridad y bajos niveles de delincuencia. Se respetan cuidadosamente las señales de pare, las vías, los semáforos y los peatones. Nadie bota basura al suelo, hay canecas en todos los sitios públicos, una para el material reciclable y otra para la basura ordinaria. En fin… fue hasta una novedad el paso del camión de la basura por el barrio. Las canecas azules y verdes y las bolsas negras frente a cada casa, en perfecto orden, formaban una gran fila a lo largo de la calle. Todo esto hace parte de la cultura de preservar el medio ambiente.

Las viviendas que conocí me parecieron excesivamente grandes, con amplios espacios para salas y comedores, un sótano que los resguarda en el invierno y un patio trasero para disfrutar de asados y comidas campestres en verano. Esto no es raro; lo inusual es que vivan sólo tres o cuatro personas en una casa gigantesca, rodeados además de toda clase de aparatos de alta tecnología… y  un gato consentido como el Conde Lucanor!

En resumen, hemos visitado una sociedad de consumo, industrializada, segura, justa, de alta tecnología y de un nivel de vida muy alto y costoso, con excelentes vías y servicios, carros último modelo, casas suntuosas, vacaciones en verano y en invierno, armarios y garajes atestados, que atestiguan el grado de éxito económico alcanzado por inmigrantes que han luchado muy duro para conseguirlos.


Matías el Caminante
Sara Jiménez Caballero


Fotos y revisión: Leonardo Morales
Blog Administrator: Cata Morales

Octubre de 2013

Canadá a cuatro manos - Parte 3

La Independencia de Quebec

En este ocupado viaje no tuvimos la oportunidad de visitar la ciudad de Quebec, fundada por Champlain en 1608 sobre el río San Lorenzo, poderosa vía por la que desagua el lago Ontario en el Atlántico y por la cual entró la cultura europea a estas tierras. Ya la visitaremos en un próximo viaje e iremos a avistar las ballenas!

Entre 1754 y 1763 se enfrentaron franceses y británicos por la supremacía en Norteamérica, como parte de la Guerra de los Siete Años que se desarrollaba en Europa. La contienda se inició con claro predominio francés, pero el resultado final fue la conquista del Canadá por parte de la Gran Bretaña. En las afueras de Quebec, la batalla de los Planos de Abraham que duró solamente media hora y en la cual perdieron la vida los generales de los dos bandos, Wolfe y Montcalm, prácticamente decidió la guerra a favor de los británicos, pero los quebequenses aún no lo olvidan y siguen sintiéndose “franceses”. Tanto que todas las placas de los vehículos en Quebec llevan el lema “Je me souviens” (“Yo me acuerdo”). Para evitar conflictos, los británicos aprobaron el Acta de Quebec de 1774, la cual amplió el territorio de Quebec, restableció el idioma francés, la religión católica y el derecho civil francés.

En 1783 Gran Bretaña reconoció la independencia de los Estados Unidos y le cedió los territorios al sur de los Grandes Lagos. Alrededor de 50.000 partidarios de la ocupación inglesa huyeron de los Estados Unidos a Canadá. Con este cambio, Nuevo Brunswick se separó de Nueva Escocia para reorganizar los asentamientos de los partidarios ingleses en las provincias marítimas. Para acomodar a los inmigrantes de habla inglesa en Quebec, la Ley constitucional de 1791 dividió la provincia en Canadá Inferior, francófona (más tarde la Provincia de Quebec) y Canadá Superior, de habla inglesa (más tarde Ontario), concediendo a cada una el derecho de elegir su propia Asamblea Legislativa.

Quebec experimentó profundos cambios sociales y económicos a través de la Revolución Tranquila, que dieron lugar al nacimiento de un movimiento nacionalista y de un partido más radical llamado Frente de Liberación de Quebec (FLQ). En 1980 se celebró un fallido referéndum sobre la soberanía/asociación de la Provincia. En 1990 hubo también intentos de realizar una enmienda constitucional, seguidos por un segundo referéndum en 1995, en el que la soberanía fue rechazada por el apretado “score” de 50,6% en contra y 49,4% a favor.

Según dicen Lucille y otros amigos quebequenses, el pleito está congelado por ahora; pero la rivalidad con la vecina provincia de Ontario es evidente, e insisten en hablar solamente francés y en  seguir sus tradiciones europeas. Los ontarienses, por su lado, no prestan mayor interés a esa rivalidad, y simplemente piensan que Quebec como país no es económicamente viable.

Montreal

El tiquete Greyhound de Toronto a Montreal dice 11.30 a.m. con parada y transbordo en Ottawa. Llegamos muy puntuales después de haber corrido, no caminado, unas cuadras hasta la pequeña pero eficiente terminal del bus de Toronto. Un empleado revisa los tiquetes cuidadosamente, desde nuestros asientos, sin necesidad de hacer fila, todo en perfecto orden, al estilo canadiense!

Recorremos primero una autopista de seis carriles en cada sentido, recta y con mucha vegetación a lado y lado. Luego de hora y media entramos a una carretera secundaria, hermosa, con grandes árboles, ríos, lagos, casas campestres, que atraviesa una región agrícola y ganadera con muchos silos y graneros. A medida que avanzamos hacia el norte, el clima se enfría un poco y los árboles cambian de color: tal parece que aquí empieza primero el otoño.

La terminal de Ottawa es pequeña, mucho más pequeña que la de Girardot, pero con excelente organización. Por unos minutos perdemos el bus que nos llevará a Montreal, así que tenemos que esperar una hora, la cual aprovechamos como nuestra primera “clase gratis de Francés”, hablando con una señora canadiense que también viaja a Montreal a visitar a sus nietos.

Con algo de lluvia y bruma nos recibe esa noche el centro de Montreal, donde tomamos un Metro bastante ruidoso hasta la estación Pie IX, cercana a la casa de Lucille.


Lucille vive a pocas cuadras de la Villa Olímpica, el Biodomo y el Jardín Botánico, tres de las mejores atracciones de esta ciudad universitaria, capital del jazz, las artes y los buenos restaurantes, en la que se respira cierto aire europeo y se nota un predominio cada vez mayor del idioma francés.

Ella nos recibió con la cordialidad de siempre y nos dejó las llaves de su casa, pues al día siguiente salía con su amigo Gilles a una excursión.

Su casa antigua y grande está llena de recuerdos, cuadros, fotos, dibujos de los nietos, plantas, una huerta y un sótano. En el piso de la cocina está la puerta que conduce al sótano, donde está la ducha. Al bajar me pegaba en la cabeza y al subir en la espalda; era toda una aventura para mí la bañada.

Lucille es una mujer descomplicada y alegre; rubia y de ojos claros, siempre sonriente, a quien le gusta cantar, se lo pasa tarareando canciones y nos abrió su casa y su corazón muy espontáneamente. Nos dio la bienvenida con una sopa de zanahoria que seguramente hizo con mucho cariño pero que a mí no me gusta. Yo miraba a OMA pidiéndole auxilio y me decía, como haré para tomarme esto? Apenas la probé.

“Hochelaga” nombre indígena y uno de los primeros que tuvo Montreal, es ahora el nombre de este tranquilo barrio de Lucille, donde la gente se saluda al pasar, y los vecinos se conocen como en cualquier pueblo pequeño. Hay un vistoso e inmaculado mercado de verduras, carnes, panadería, frutas y pescado. Un vendedor de origen Italiano, nos conversa muy amenamente en español, con gran entonación nos canta “bésame, bésame mucho…” y nosotros le hacemos coro, mientras la gente nos mira sonriente como diciendo: de dónde serán esos locos?

Visitamos la biblioteca del barrio, ubicada en un edificio antiguo con una arquitectura muy francesa, y en sus estanterías encontramos algunos libros de nuestro Nobel de literatura.


En 1605 el explorador francés Samuel de Champlain, invitado por los indios Hochelagas, subió al Mont Royal, a cuyos pies fundó lo que es hoy la ciudad de Montreal, el primer asentamiento europeo permanente de la región. Nosotros también subimos con Sarita a contemplar el panorama de la ciudad, que respira el oxígeno de este hermoso parque pulmón, concurrido por deportistas y amantes de la naturaleza. Allá conocemos a Alberto Matamoros, un culto uniandino ejecutivo de Bayer que en estos días dirige la producción de un comercial en escenarios canadienses.

Antes de recorrer el parque y tomarnos fotos con sus esculturas y su Lago de los Castores, subimos al mirador del Oratorio de San José, un famoso lugar de peregrinación para los católicos, desde donde gozamos de una excelente vista de la ciudad, al mismo tiempo que observamos la ingenua e inconmovible fe de quienes suben de rodillas por sus empinadas escaleras en busca de favores del cielo para resolver sus penas, al igual que en Monserrate.

Con Sarita recorrimos la céntrica calle Sherbrooke, sede de elegantes tiendas, restaurantes y hoteles, la famosa universidad de McGill, la casa ALCAN, empresa en cuya fábrica de Cali trabajé unos años y la Galería de Arte, entre otras.

Sobre la calle Sherbrooke está el Museo de Bellas Artes, que se desborda sobre la calle vecina  en un  armonioso parque de esculturas, entre ellas una de los Burgueses de Calais, de Rodin. Una guía nos explica en Inglés cada una de las esculturas de bronce de artistas modernos no muy conocidos para nosotros.

Dentro del extenso edificio además de admirar numerosos cuadros de pintores famosos, no puedo dejar de mencionar las bellas y armoniosas cerámicas azules de Picasso ”Las Cabras”, que me dejaron absolutamente extasiada.


El moderno centro Desjardins con su vecina Plaza de las Artes merece (y seguramente ha ganado) un premio de Arquitectura y Urbanismo. A nivel de la calle ofrece restaurantes, espacios abiertos, fuentes y teatros. El piso subterráneo conecta el lujoso centro comercial con teatros, almacenes, plaza de comidas y toda clase de facilidades para los visitantes. La atractiva oferta cultural de conciertos, ópera, música y teatro hace las delicias de propios y extraños. Qué lástima no tener más tiempo y dinero para quedarnos a alguno de sus festivales!

Otro recorrido interesante fue la calle de Sainte Catherine, comercial y universitaria hacia el oeste, bohemia y pecadora hacia el este. Como para escoger!

Nosotros escogimos más bien el vecino “barrio chino”, una curiosa amalgama de tiendas, restaurantes, farmacias y viviendas que albergan por lo menos un millar de orientales, principalmente chinos. Allá se consigue toda clase de productos típicos, así como auténtica comida china, vietnamita o camboyana que comemos con palitos.

El Viejo Montreal

Cruzando la ciudad china hacia el sur, se llega al Viejo Montreal, en el cual se encuentra la catedral de Notre Dame, el Palacio de Justicia y otros edificios de gobierno. Su antiguo mercado de Bon Secours, convertido ahora en una galería de elegantes y costosas boutiques, se levanta frente al puerto sobre el río San Lorenzo. La empedrada calle de Saint Paul, adornada con grandes macetas de flores, nos recuerda la calle Caliente de Villa de Leyva, con sus innumerables tiendas de souvenirs, restaurantes y curiosidades.

En el Viejo Montreal respiramos historia y cultura. Nuestra primera visita fue al Château Ramesay, una edificación netamente francesa construida en 1705, que cuenta la historia de Montreal, sus primeros habitantes y su desarrollo cultural y económico. Chicas muy educadas y vestidas al estilo de la época dirigen el recorrido por esta mansión tan bien conservada, y al final nos invitan a conocer el jardín, que es más bien una huerta con gran variedad de verduras y hortalizas.

Paseamos y almorzamos en la pintoresca plaza Jacques Cartier, contigua al Chateau y adornada con grandes materas cubiertas de flores vistosas. Varios restaurantes con mesitas en la calle y parasoles le dan un ambiente muy francés, muy chic, muy agradable. A la derecha está la Rue des Artistes, donde los pintores exponen sus obras, entre los que vimos un retratista muy bueno.

El viento soplaba mientras caminábamos por el muelle, las gaviotas hacían sus piruetas aéreas, hacía algo de frío. Por la Rue Sant Paul, mi corazón latía de emoción; sus calles adoquinadas, flores en las ventanas y lujosos almacenes me recordaban nuestra querida Cartagena. Terminamos el día con un café en la Plaza de Artes, donde tomamos el Metro de regreso a casa.


Botte de Foin

La Botte de Foin es una casa de vacaciones manejada en forma cooperativa por voluntarios desde hace muchos años, en un pueblito llamado Bromont Cowansville, muy cerca de la frontera con los Estados Unidos.

Con 13 grados de temperatura partimos para pasar un día de campo en la Botte de Foin, invitados por Lucille y su amiga Yolanda. Al cruzar el puente Jacques Cartier, Lucille comenta que ellos, a mucho honor, no tienen una sino cuatro Torres Eiffel, las cuales adornan bellamente el puente sobre el caudaloso río San Lorenzo, en el que ese día navegan numerosos barquitos de vela.

Vamos por una carretera diferente a las que he visto hasta el momento. Hay sembrados de soya y de maíz; a mi izquierda diviso una montaña, la primera que veo. El paisaje es hermoso, casas de campo, bosquecitos… pinos y abundantes arces (maples) cuya hoja es el emblema del Canadá; el verde claro se junta con el verde oscuro y se funde con el azul del cielo infinito, produciendo un efecto inimaginable.


La casa cuenta con baños y habitaciones amobladas para alojar hasta 20 personas, equipo completo de comedor y cocina, juegos, esquíes y elementos deportivos. Cada socio hace una pequeña contribución para el sostenimiento, lleva algo de comida, y todos ayudamos a dejar la casa, sus elementos y alrededores en perfecto estado de orden y aseo. Pasamos así un día entero de juegos, comida y diversiones, cantamos, conocemos mucha gente, y luego de regreso a Montreal, Lucille y Yolanda nos llevan a través de pueblitos pequeños y encantadores.

Beatriz Torres, una chica de Darién, nos recibe con gran simpatía. A ella le mataron un hermano en el Valle, está muy resentida y no quiere saber nada de Colombia. Yo le dije que la situación del país ha cambiado, que el gobierno está haciendo grandes esfuerzos por conseguir la paz y lo está logrando. Espero haberle cambiado la imagen que tiene de la patria, pues me duele pensar que los emigrantes olviden la tierra que los vio nacer.

El Jardín Botánico y el Biodomo

Dos días, uno de ellos muy frío, nos tomó la visita al Jardín Botánico, y eso que no subimos a la vecina Torre Inclinada que domina el estadio y desde la cual se tiene una vista espectacular de la ciudad.

Allí se efectuaba una exposición titulada Mosaïculture, formada por esculturas hechas de pequeñas plantas sobre armazones de hierro y alambre, que representaban diferentes temas o escenas escogidas por la veintena de países participantes. Un gigantesco arreglo muestra a la Madre Tierra - la Pacha Mama - saliendo de un lago y dando origen a la tierra, las aves y los animales terrestres y acuáticos. Otro se inspira en la obra del francés Jean Giono “El Hombre que Plantaba Arboles” y uno más en la historia china de la niña que amaba las grullas y murió ahogada cuando trataba de auxiliar a una grulla herida.

Otro arreglo es el enorme Arbol de los Pájaros, cuyas ramas están pobladas por artísticas figuras de toda clase de aves, formadas por plantas de diversos colores y texturas. Según nos explicó un guía, duraron cuatro años preparando la exposición, los materiales fueron transportados en enormes furgones y después de unos pocos meses de admiración del público, la exposición se desmonta dentro de tres días pues comienza el otoño, las plantas se mueren y los hermosos arreglos se van para la planta de compostaje.

El Jardín Botánico, fundado en 1931, es uno de los más hermosos del mundo, como lo comprobamos ensimismados apreciando sus diversas secciones y jardines, además de ésta magnífica exposición. Las entradas nos costaron 82 dólares canadienses, más un sánduche de 20 dólares que fue nuestro almuerzo, como quien dice doscientos mil pesos colombianos…!!! Pero bien valió la pena pagarlos. Más tarde, en el pabellón chino, escuchamos emocionados a una pequeña y simpática chinita, que con voz angelical cantó melodiosas canciones de su tierra, acompañada por un shamizén, instrumento parecido al arpa.

El cercano Biodomo es un museo vivo de Historia Natural, que muestra diversos animales en hábitats cuidadosamente reproducidos. Hay pingüinos que pasean sobre sus heladas rocas, nutrias y focas que nadan frente a los visitantes, aves y monos en una selva tropical, además de toda clase de insectos, mamíferos y aves disecadas y reconstruidas por los taxidermistas.

Ya de salida nos acercamos a un pingüino que nos miraba de manera singular; OMA con sus ocurrencias alzó los brazos y simuló su aleteo, gesto que el pingüino respondió, como una forma de saludo canadiense a un par de turistas colombianos.

Para cerrar la jornada asistimos con Lucille a “La noche de las Linternas”, en el pabellón chino del Jardín Botánico. Estampas representativas de la China, confeccionadas en una tela resistente al calor, nos deleitaron con su iluminación y creatividad. A medida que caía la noche y la luna hacía su aparición, los faroles nos alumbraban el camino con más intensidad y nosotros disfrutábamos emocionados.

Esa noche cenamos escuchando música cubana, la preferida de Lucille, y hasta bailamos un son cubano muy  acompasado y muertas de risa.


A tres cuadras de su casa, Lucille tiene un lote en el huerto comunitario, en el que cultiva tomates, pepinos y demás legumbres para su consumo y para regalar a sus amigos. Como comienza el otoño, lo que no alcanzó a madurar ya no madura, así que es necesario arrancar las plantas que quedan, aprovechar lo que sirve y enviar a compostaje el material restante. Además hay que entregar el lote limpio y desyerbado, tarea en la que le ayudo con entusiasmo, tanto para hacer ejercicio como para la foto y para conocer el funcionamiento de esta interesante experiencia comunitaria. Un supervisor voluntario guarda las herramientas que devolvemos limpias y se asegura de que la huerta funcione armónicamente, para provecho de más de un centenar de familias usuarias.

El Mont-Tremblant y sus alrededores

Ciento cincuenta kilómetros al norte de Montreal se encuentra el Parque Nacional de Mont-Tremblant, el más grande y antiguo de los 25 parques nacionales que la provincia de Quebec mantiene con el mayor cuidado, para que la gente disfrute de la naturaleza y efectúe toda clase de actividades tanto de verano como de invierno.

Durante una semana disfrutamos del apartamento que Leo y Pax han reservado en uno de los muchos resorts de la zona – el Club Privilege – que ofrecen albergue de primera clase a los turistas. Al sur del parque mismo, una serie de pequeñas aldeas comunicadas por pintorescas carreteras y bordeadas de lagos, salpican la región con sus casitas coloridas como de Walt Disney.

 



La villa de Mont-Tremblant.




Caminatas en Mont-Tremblant.

Numerosos campos de golf, restaurantes de todos los precios (caros, más caros y mucho más caros), pistas de ski con sus cables funiculares, senderos en medio de los bosques, un emocionante autódromo, bares, albergues, hoteles y lujosas casas de campo, son el menú de que disponemos para esta semana.

La vista desde nuestra habitación es preciosa; un majestuoso lago bordeado de pinos, grandes y frondosos abetos que empiezan a cambiar de color, producen en mi alma paz y tranquilidad. Tanta naturaleza junta, tantos verdes, amarillos, ocres y bermellones extendidos, tantos lagos y  montañas, hacen del paisaje un verdadero cuadro de Monet.

 


Una vista inolvidable del Lac Monroe en el Parque Nacional de Mont-Tremblant.


Relax en el Parque Nacional Mont-Tremblant.

Hubo tiempo para el deporte, para las caminatas por el Parque Natural disfrutando el sol y la suave brisa que roza nuestra piel; nos divertimos viendo los venados que tranquilos se dejaban fotografiar, lo mismo un castor que trabajaba con mucha seriedad… y las simpáticas ardillas que se encuentran por todas partes.

Con remos y chalecos salvavidas bajamos al lago frente a nuestro hotel. El día estaba radiante, la temperatura ideal para pasearnos en canoa, muy románticamente, por esas aguas tranquilas. Yo entusiasmada apreciaba el paisaje mientras remábamos hasta el centro del lago... y adivinen qué pasó? Cuando me estaba bajando de la canoa perdí el equilibrio y al agua patos!!! Que susto! Menos mal que OMA me tranquilizó y que estábamos a solo un metro y medio de la orilla. Salimos empantanados y sucios pero muertos de la risa.

 


Venaditos al lado de la carretera.



Disfrutando el Lago Moore antes de la zambullida.

Huberdeau

Entre las muchas aldeas y pueblitos que salpican la región, una tarde fuimos a dar a Huberdeau, donde vive Marie-Claude Larrivee, simpática “quebecoise” dueña de un atractivo negocio de jugos y helados, a quien conocimos en un supermercado y ahí mismo nos invitó a su casa. Nos paseó por su pequeño pueblo, nos llevó al vecino río Rouge y con ella jugamos gratis en las excelentes canchas de tenis de su pueblo, que nadie hasta ahora había utilizado.

Después de una activa tarde deportiva, nuestra amiga nos invitó también a cenar, le ayudamos a preparar la comida, y junto con su hijo Loics pasamos una velada muy agradable. Realmente, el mundo está lleno de gente amplia y generosa! Ojalá podamos devolverle la atención algún día!

 


Pax disfruta la paz del Riviere Rouge (Río Rojo).

Con Marie-Claude después del partido de tenis en Huberdeau.