Monday, 25 November 2013

Canadá a cuatro manos - Parte 4

La Capital del País

Ante la notoria rivalidad entre Montreal y Toronto, la Reina decidió ‘salomónicamente’ designar a Ottawa, entonces una minúscula población maderera, como capital del país. Pero como las comunicaciones eran difíciles especialmente en invierno, la noticia no les llegó sino hasta el año siguiente, así que los “otawanos” fueron capital durante un año, sin saberlo!

Hoy en día Ottawa es una ciudad moderna y acogedora, con excelentes museos, paseos, restaurantes, centros comerciales y su famoso mercado de Byward, sede internacional de restaurantes y curiosidades de muchos países. Allá comimos en un típico restaurante japonés, cuyo propietario lleva tantos años en Canadá que ya olvidó su idioma.

El servicio de transporte en buses es muy eficiente y tal vez por este motivo no se necesita el Metro. En parte tiene vías separadas como nuestro Transmilenio, con estaciones acondicionadas para el invierno y el verano. Una manera fácil y económica de visitar una ciudad es dando un paseo en bus. Así lo hicimos; tomamos uno que nos llevó por barrios elegantes y otros no tanto, centros comerciales, edificios de apartamentos, en fin, un largo e ilustrativo recorrido de casi dos horas, en el que pudimos apreciar los contrastes de la ciudad por sólo C$2,50 (con descuento por ser mayores).

Museo de las Civilizaciones

El Museo de la Historia Social y Humana de Canadá, más comúnmente llamado “Museo de las Civilizaciones”, es un monumento a la historia de una nación agreste, de tiempos fríos y poco poblada, pero de gente valiente y aguerrida que construyó su país a partir de la nada, tan sólo de los bosques y lagos que eran su principal riqueza. Allá entendí por qué quieren conservar sus raíces y el por qué de su orgullo patrio.

En el salón de personas importantes del Canadá me llamaron la atención estos tres personajes:

Margaret Eleanor Atwood. Nacida en Ottawa en 1939, novelista, poeta, crítica literaria  y activista política que vive en Toronto, donde escribe a diario, luchando por los derechos humanos y sociales. Recibió el premio Príncipe de Asturias en el 2008.

Leonard Cohen. Nació en Montreal en 1934, poeta, novelista, monje y cantautor de origen judío, convertido al Budismo en 1994 y amante de la poesía de García Lorca. Premio Príncipe de Asturias en el 2011. Actualmente vive en Montreal en el barrio Portugués

Santa Catherine
(1656 - 1680) La primera santa indígena Norteamericana, cuya fiesta se celebra el 14 de Julio. Hija del jefe de la tribu Mohawk y de una india algonquina.

 



Sarita en el Museo de las Civilizaciones.


Galería Nacional de Canadá

En un imponente edificio de cristal y con una hermosa vista del Parlamento al otro lado del río Ottawa, se encuentra uno de los principales museos de arte del continente americano. Fundada en 1880, la Galería Nacional tiene una variada colección de pinturas, dibujos, escultura y fotografías tanto canadienses como europeos. Sus colecciones abarcan desde los tiempos remotos de los indígenas hasta arte europeo y asiático, así como contemporáneo internacional.

Pudimos observar una interesante muestra de los pintores flamencos Rubens, Van Dyck y Jordaens, así como obras de Lucas Cranach el Viejo, El Greco, vistas venecianas de Canaletto, el histórico cuadro de Benjamin West La muerte del general Wolfe, junto con cuadros de Turner, Corot, Van Gogh, Pisarro, Monet, Degas, Cezanne, Picasso, Dalí, Gauguin y muchos otros.


La Colina del Parlamento

Uno de los atractivos turísticos del país es la Colina del Parlamento, especialmente en verano. Se puede asistir a la imponente ceremonia del cambio de guardia, admirar la disciplina de la colorida Policía Montada y por la noche asistir el espectáculo de Luz y Sonido que se proyecta sobre la elegante fachada del Parlamento, con un educativo mensaje en Inglés y en Francés sobre la historia del país, su integración cultural y sus valores ciudadanos.

Nosotros visitamos el Parlamento en compañía de un bien informado guía que hablando un francés muy claro, nos llevó por los elegantes halles del edificio, nos mostró sus esculturas y obras de arte, nos hizo entrar a los salones de la Cámara de los Comunes (decorado en Rojo) y del Senado (en verde), así como a la imponente Biblioteca, única parte que se salvó del incendio de 1916, cuando el país tenía menos de 50 años de existencia.

Al empezar el recorrido, el guía muy jocosamente nos preguntó nuestro lugar de origen. Cada uno iba diciendo su país y cuando OMA dijo “nosotros venimos de Colombia”, la gente se sorprendió y nos acogió con agrado. Emocionados levantamos nuestras manos atestiguando que somos orgullosamente Colombianos!

Más adelante, en la biblioteca que nos dejó a todos con la boca abierta por su  majestuosidad y belleza, nos dijo: “Hay un libro que vale alrededor de 13 millones de dólares; adivinen de qué trata”. Nadie supo la respuesta. “De pájaros”, exclamó. “Cómo así?” dijimos todos. “Pues bien, es un ejemplar sobre los pájaros del Canadá, totalmente elaborado a mano”.
 



Sarita frente a El Parlamento de Canadá.


Allá aprendimos que el Parlamento está compuesto por la Corona, la Cámara de los Comunes elegida por el pueblo y el Senado, designado a dedo. El Primer Ministro convoca a elecciones generales dentro de los cinco años siguientes a la elección anterior, o antes, en el caso de que sufra una moción de censura del Parlamento. Los partidos que cuentan con representantes elegidos son: el Conservador (gobernante), el Liberal (la oposición oficial), el Nuevo Partido Democrático (NDP) y el Bloque Quebecois.

Los miembros del Senado son personas destacadas de las varias regiones, designadas por el Primer Ministro y pueden estar en funciones hasta la edad de 75 años.

La Corona desempeña el poder ejecutivo simbólico y consiste en la reina Isabel II, los Virreyes que designa, el Gobernador General y los Vicegobernadores, que realizan la mayoría de las funciones ceremoniales.

El poder ejecutivo en materia política consiste en el Primer Ministro (Jefe de Gobierno) y el Gabinete. El Gabinete está compuesto por ministros seleccionados por la Cámara de los Comunes y encabezados por el Primer Ministro, que normalmente es el líder del partido que mantiene la mayoría en tal Cámara. La Oficina del Primer Ministro propone las leyes para su aprobación en el Parlamento y formalmente la Corona las aprueba. 

El jefe del partido político que cuenta con la segunda mayor cantidad de asientos, se convierte en el líder de la oposición y como tal es parte de un sistema destinado a mantener el gobierno bajo permanente control.

Economía


De una economía de pesca, caza y trueque de pieles en el siglo XV, Canadá pasó a ser agrícola y maderero en el XIX; en el siglo pasado, el crecimiento de la fabricación, la minería y el sector de servicios la convirtió en un país pionero en industria y tecnología, autosuficiente gracias a sus extensos depósitos de combustibles fósiles y a la amplia generación de energía nuclear e hidroeléctrica.

Leonardo, por ejemplo, es escritor de manuales técnicos de una empresa que se especializa en controles automáticos para trenes que corren por numerosas ciudades del mundo, a las cuales tiene que viajar continuamente para entrenar a los técnicos encargados de su mantenimiento. Este interesante trabajo lo ha llevado de Nueva York a Vancouver, Seul, Kuala Lumpur, Singapur, La Meca, Londres, París y próximamente a nuevos destinos.

Canadá cuenta con 28 millones de usuarios de Internet (el 84,3% de la población total), asigna el 1,9% de su PIB para investigación y desarrollo, y cuenta con 18 premios Nobel en física, química o medicina. Esto sin contar el de Literatura que le acaban de otorgar a Alice Munro, la escritora nacida en Ontario en 1931, que con frecuencia pasa temporadas en nuestra Cartagena de Indias.

En 2013 la tasa de desempleo cayó al 7.1%, lo cual significa que las personas calificadas consiguen trabajo fácilmente y se pueden dar el lujo de renunciar si no les gusta, o de tomar frecuentes vacaciones. Tal como lo hace mi nieta Cata, quien viaja a Rusia, Nueva Zelanda o Francia cada vez que “se aburre” en Toronto, pues ha resultado más viajera que Matías el Caminante!

Como otras naciones del primer mundo, la economía canadiense está dominada por el sector terciario, que emplea alrededor de las tres cuartas partes de los canadienses. Pero el país brinda también una inusual importancia a las industrias del petróleo y la madera, y es uno de los pocos países desarrollados exportador neto de energía. Uno de los más importantes temas de discusión actual son las contaminantes arenas de alquitrán de Athabasca, que le dan al país el tercer lugar en reservas de petróleo en el mundo, superado apenas por Venezuela y Arabia Saudita.

Deportes

Leo tomó vacaciones para estar más tiempo con su padre y hacer deporte con él. En su casa tiene un amplio sótano, ideal para las veladas de invierno … y también para disfrutar de su frescura en tiempo de verano.

Lo domina una mesa de ping pong en la que jugamos incontables partidas, una máquina para caminar y trotar en la que Cata hace ejercicio una hora al día y un Teatro en Casa con pantalla gigante, sonido envolvente, luces graduables y poltronas arrulladoras. Allí vimos a diario los partidos del US Open de Tenis, las carreras NASCAR y de Fórmula 1, así como algunas películas de su bien surtida filmoteca.

Pero no nos quedó mucho tiempo: Las canchas de bolos en el vecino municipio de Brampton nos esperaban lunes y jueves, días en que se reúnen las Ligas a las cuales pertenecen Leo y Pax, donde he visto a mi hijo hacer cinco moñonas seguidas (y medias moñonas casi todos los demás tiros). Sarita encantada hizo sus primeros cinco “canales” seguidos y yo logré mis modestos usuales puntajes de 120 … para abajo. Ser clientes asiduos de la bolera les significa bonos muy económicos que nosotros también disfrutamos, junto con pizza, café y cortesías de la casa. Además de la compañía de Rick, un simpático británico igualito a Sean Connery, y su charladora señora Ann, quienes también son sus ‘partners’ de golf.

Excelentes canchas de tenis en el lindo pueblito de Kleinburg, en medio de un bosque donde se pueden hacer formidables caminatas, nos permitieron bolear a gusto en varias ocasiones. Allá las canchas son públicas, de uso gratuito y de excelentes acabados. Y las bolas se usan unas pocas veces y luego se botan.

Luego vino el golf, en campos grandes y pequeños, uno de ellos con matorrales donde se pierden docenas de bolas, otro con hoyos similares a algunos de campos famosos, pulidos putting greens, amenazantes bunkers, laguitos, arroyos, gansos, gaviotas, ardillas y trampas de agua. Jugamos unos a pie y otros en carrito, y me complació ver el enorme progreso de Leo, los avances y entusiasmo de Pax, el interés de Sarita y sus habilidades como conductora del carrito y cuidadosa anotadora de puntajes.

Sólo resta mencionar dos “deportes” menores, pero que son comunes a toda la familia, y en los que ha empezado a interesarse Sarita: nunca falta el diario partido de “Scrabble” ni el de “Corazones”, en los cuales se compite con entusiasmo y se lleva el puntaje como si fuera un serio asunto de Estado.

Comentarios Finales

Es increíble el cuidado que ponen los canadienses en la conservación de la naturaleza. Las basuras se reciclan, lo orgánico se convierte en compostaje, los ríos y lagos se mantienen limpios y los animales están protegidos. Llaman la atención los enormes bosques y zonas verdes que rodean las comunidades. El patio de atrás de la casa de Leo, por ejemplo, colinda con un bosque de varias hectáreas, en el que viven tranquilas las ardillas (cuando el Conde Lucanor, el gato consentido de Cata, no está cerca), los conejos, los mapaches y hasta algún extraviado coyote.

 


Luca, tan lector como Matías el Caminante.

Es estimulante observar también cómo las familias inmigrantes conservan las ideas, valores y costumbres de la madre patria, y se esfuerzan para que sus hijos no pierdan su idioma. Mi hijo y su familia han sabido mantener una hermosa red social de compatriotas de éxito, que realmente constituyen su “familia en el Canadá” y que mutuamente se apoyan para disfrutar del verano y pasar esos largos y fríos inviernos.

Con ellos disfrutamos de agradables asados en el patio trasero de sus casas, de comidas servidas con gusto y cariño, de juegos de sala, de niños alegres y sanamente ruidosos que se levantan como hermanos y mantienen así sus vínculos patrios.

Conocer esta cultura representó un proceso de aprendizaje y una gran experiencia en mi vida; saber que hay costumbres, gustos, maneras de ser y de pensar muy distintas a las nuestras nos aterriza y madura. No se trata de comparar, no, la idea es ver con otros ojos y a través de otro prisma.

Por ejemplo la comida, tan variada debido a la diversidad de nacionalidades existentes, de la cual probamos platos chinos, japoneses, vietnamitas y hasta colombianos, aunque con papa y mazorca dulzonas, diferentes a las nuestras.

En ropa se ve de todo. Como llegamos a finales del verano y hacía calor, las chicas visten shorts, bermudas y sandalias. Se ven señoras de bastante edad mostrando gordos o piernas blancas y flacas, pues no les interesan los comentarios y saben que  nadie se fija en cómo va vestido el vecino.

La gente anda de afán, especialmente en las estaciones del Metro y del tren, eso sí en absoluto orden, fríamente cronometrado. Nadie llega tarde a una cita, pues no tienen como nosotros la excusa del tráfico tan terrible y pueden calcular exactamente la hora de llegada del Metro a una estación.

“Esta es la ley”, es el letrero que se ve con frecuencia. El respeto a la autoridad es parte de la vida diaria y se traduce en seguridad y bajos niveles de delincuencia. Se respetan cuidadosamente las señales de pare, las vías, los semáforos y los peatones. Nadie bota basura al suelo, hay canecas en todos los sitios públicos, una para el material reciclable y otra para la basura ordinaria. En fin… fue hasta una novedad el paso del camión de la basura por el barrio. Las canecas azules y verdes y las bolsas negras frente a cada casa, en perfecto orden, formaban una gran fila a lo largo de la calle. Todo esto hace parte de la cultura de preservar el medio ambiente.

Las viviendas que conocí me parecieron excesivamente grandes, con amplios espacios para salas y comedores, un sótano que los resguarda en el invierno y un patio trasero para disfrutar de asados y comidas campestres en verano. Esto no es raro; lo inusual es que vivan sólo tres o cuatro personas en una casa gigantesca, rodeados además de toda clase de aparatos de alta tecnología… y  un gato consentido como el Conde Lucanor!

En resumen, hemos visitado una sociedad de consumo, industrializada, segura, justa, de alta tecnología y de un nivel de vida muy alto y costoso, con excelentes vías y servicios, carros último modelo, casas suntuosas, vacaciones en verano y en invierno, armarios y garajes atestados, que atestiguan el grado de éxito económico alcanzado por inmigrantes que han luchado muy duro para conseguirlos.


Matías el Caminante
Sara Jiménez Caballero


Fotos y revisión: Leonardo Morales
Blog Administrator: Cata Morales

Octubre de 2013

Canadá a cuatro manos - Parte 3

La Independencia de Quebec

En este ocupado viaje no tuvimos la oportunidad de visitar la ciudad de Quebec, fundada por Champlain en 1608 sobre el río San Lorenzo, poderosa vía por la que desagua el lago Ontario en el Atlántico y por la cual entró la cultura europea a estas tierras. Ya la visitaremos en un próximo viaje e iremos a avistar las ballenas!

Entre 1754 y 1763 se enfrentaron franceses y británicos por la supremacía en Norteamérica, como parte de la Guerra de los Siete Años que se desarrollaba en Europa. La contienda se inició con claro predominio francés, pero el resultado final fue la conquista del Canadá por parte de la Gran Bretaña. En las afueras de Quebec, la batalla de los Planos de Abraham que duró solamente media hora y en la cual perdieron la vida los generales de los dos bandos, Wolfe y Montcalm, prácticamente decidió la guerra a favor de los británicos, pero los quebequenses aún no lo olvidan y siguen sintiéndose “franceses”. Tanto que todas las placas de los vehículos en Quebec llevan el lema “Je me souviens” (“Yo me acuerdo”). Para evitar conflictos, los británicos aprobaron el Acta de Quebec de 1774, la cual amplió el territorio de Quebec, restableció el idioma francés, la religión católica y el derecho civil francés.

En 1783 Gran Bretaña reconoció la independencia de los Estados Unidos y le cedió los territorios al sur de los Grandes Lagos. Alrededor de 50.000 partidarios de la ocupación inglesa huyeron de los Estados Unidos a Canadá. Con este cambio, Nuevo Brunswick se separó de Nueva Escocia para reorganizar los asentamientos de los partidarios ingleses en las provincias marítimas. Para acomodar a los inmigrantes de habla inglesa en Quebec, la Ley constitucional de 1791 dividió la provincia en Canadá Inferior, francófona (más tarde la Provincia de Quebec) y Canadá Superior, de habla inglesa (más tarde Ontario), concediendo a cada una el derecho de elegir su propia Asamblea Legislativa.

Quebec experimentó profundos cambios sociales y económicos a través de la Revolución Tranquila, que dieron lugar al nacimiento de un movimiento nacionalista y de un partido más radical llamado Frente de Liberación de Quebec (FLQ). En 1980 se celebró un fallido referéndum sobre la soberanía/asociación de la Provincia. En 1990 hubo también intentos de realizar una enmienda constitucional, seguidos por un segundo referéndum en 1995, en el que la soberanía fue rechazada por el apretado “score” de 50,6% en contra y 49,4% a favor.

Según dicen Lucille y otros amigos quebequenses, el pleito está congelado por ahora; pero la rivalidad con la vecina provincia de Ontario es evidente, e insisten en hablar solamente francés y en  seguir sus tradiciones europeas. Los ontarienses, por su lado, no prestan mayor interés a esa rivalidad, y simplemente piensan que Quebec como país no es económicamente viable.

Montreal

El tiquete Greyhound de Toronto a Montreal dice 11.30 a.m. con parada y transbordo en Ottawa. Llegamos muy puntuales después de haber corrido, no caminado, unas cuadras hasta la pequeña pero eficiente terminal del bus de Toronto. Un empleado revisa los tiquetes cuidadosamente, desde nuestros asientos, sin necesidad de hacer fila, todo en perfecto orden, al estilo canadiense!

Recorremos primero una autopista de seis carriles en cada sentido, recta y con mucha vegetación a lado y lado. Luego de hora y media entramos a una carretera secundaria, hermosa, con grandes árboles, ríos, lagos, casas campestres, que atraviesa una región agrícola y ganadera con muchos silos y graneros. A medida que avanzamos hacia el norte, el clima se enfría un poco y los árboles cambian de color: tal parece que aquí empieza primero el otoño.

La terminal de Ottawa es pequeña, mucho más pequeña que la de Girardot, pero con excelente organización. Por unos minutos perdemos el bus que nos llevará a Montreal, así que tenemos que esperar una hora, la cual aprovechamos como nuestra primera “clase gratis de Francés”, hablando con una señora canadiense que también viaja a Montreal a visitar a sus nietos.

Con algo de lluvia y bruma nos recibe esa noche el centro de Montreal, donde tomamos un Metro bastante ruidoso hasta la estación Pie IX, cercana a la casa de Lucille.


Lucille vive a pocas cuadras de la Villa Olímpica, el Biodomo y el Jardín Botánico, tres de las mejores atracciones de esta ciudad universitaria, capital del jazz, las artes y los buenos restaurantes, en la que se respira cierto aire europeo y se nota un predominio cada vez mayor del idioma francés.

Ella nos recibió con la cordialidad de siempre y nos dejó las llaves de su casa, pues al día siguiente salía con su amigo Gilles a una excursión.

Su casa antigua y grande está llena de recuerdos, cuadros, fotos, dibujos de los nietos, plantas, una huerta y un sótano. En el piso de la cocina está la puerta que conduce al sótano, donde está la ducha. Al bajar me pegaba en la cabeza y al subir en la espalda; era toda una aventura para mí la bañada.

Lucille es una mujer descomplicada y alegre; rubia y de ojos claros, siempre sonriente, a quien le gusta cantar, se lo pasa tarareando canciones y nos abrió su casa y su corazón muy espontáneamente. Nos dio la bienvenida con una sopa de zanahoria que seguramente hizo con mucho cariño pero que a mí no me gusta. Yo miraba a OMA pidiéndole auxilio y me decía, como haré para tomarme esto? Apenas la probé.

“Hochelaga” nombre indígena y uno de los primeros que tuvo Montreal, es ahora el nombre de este tranquilo barrio de Lucille, donde la gente se saluda al pasar, y los vecinos se conocen como en cualquier pueblo pequeño. Hay un vistoso e inmaculado mercado de verduras, carnes, panadería, frutas y pescado. Un vendedor de origen Italiano, nos conversa muy amenamente en español, con gran entonación nos canta “bésame, bésame mucho…” y nosotros le hacemos coro, mientras la gente nos mira sonriente como diciendo: de dónde serán esos locos?

Visitamos la biblioteca del barrio, ubicada en un edificio antiguo con una arquitectura muy francesa, y en sus estanterías encontramos algunos libros de nuestro Nobel de literatura.


En 1605 el explorador francés Samuel de Champlain, invitado por los indios Hochelagas, subió al Mont Royal, a cuyos pies fundó lo que es hoy la ciudad de Montreal, el primer asentamiento europeo permanente de la región. Nosotros también subimos con Sarita a contemplar el panorama de la ciudad, que respira el oxígeno de este hermoso parque pulmón, concurrido por deportistas y amantes de la naturaleza. Allá conocemos a Alberto Matamoros, un culto uniandino ejecutivo de Bayer que en estos días dirige la producción de un comercial en escenarios canadienses.

Antes de recorrer el parque y tomarnos fotos con sus esculturas y su Lago de los Castores, subimos al mirador del Oratorio de San José, un famoso lugar de peregrinación para los católicos, desde donde gozamos de una excelente vista de la ciudad, al mismo tiempo que observamos la ingenua e inconmovible fe de quienes suben de rodillas por sus empinadas escaleras en busca de favores del cielo para resolver sus penas, al igual que en Monserrate.

Con Sarita recorrimos la céntrica calle Sherbrooke, sede de elegantes tiendas, restaurantes y hoteles, la famosa universidad de McGill, la casa ALCAN, empresa en cuya fábrica de Cali trabajé unos años y la Galería de Arte, entre otras.

Sobre la calle Sherbrooke está el Museo de Bellas Artes, que se desborda sobre la calle vecina  en un  armonioso parque de esculturas, entre ellas una de los Burgueses de Calais, de Rodin. Una guía nos explica en Inglés cada una de las esculturas de bronce de artistas modernos no muy conocidos para nosotros.

Dentro del extenso edificio además de admirar numerosos cuadros de pintores famosos, no puedo dejar de mencionar las bellas y armoniosas cerámicas azules de Picasso ”Las Cabras”, que me dejaron absolutamente extasiada.


El moderno centro Desjardins con su vecina Plaza de las Artes merece (y seguramente ha ganado) un premio de Arquitectura y Urbanismo. A nivel de la calle ofrece restaurantes, espacios abiertos, fuentes y teatros. El piso subterráneo conecta el lujoso centro comercial con teatros, almacenes, plaza de comidas y toda clase de facilidades para los visitantes. La atractiva oferta cultural de conciertos, ópera, música y teatro hace las delicias de propios y extraños. Qué lástima no tener más tiempo y dinero para quedarnos a alguno de sus festivales!

Otro recorrido interesante fue la calle de Sainte Catherine, comercial y universitaria hacia el oeste, bohemia y pecadora hacia el este. Como para escoger!

Nosotros escogimos más bien el vecino “barrio chino”, una curiosa amalgama de tiendas, restaurantes, farmacias y viviendas que albergan por lo menos un millar de orientales, principalmente chinos. Allá se consigue toda clase de productos típicos, así como auténtica comida china, vietnamita o camboyana que comemos con palitos.

El Viejo Montreal

Cruzando la ciudad china hacia el sur, se llega al Viejo Montreal, en el cual se encuentra la catedral de Notre Dame, el Palacio de Justicia y otros edificios de gobierno. Su antiguo mercado de Bon Secours, convertido ahora en una galería de elegantes y costosas boutiques, se levanta frente al puerto sobre el río San Lorenzo. La empedrada calle de Saint Paul, adornada con grandes macetas de flores, nos recuerda la calle Caliente de Villa de Leyva, con sus innumerables tiendas de souvenirs, restaurantes y curiosidades.

En el Viejo Montreal respiramos historia y cultura. Nuestra primera visita fue al Château Ramesay, una edificación netamente francesa construida en 1705, que cuenta la historia de Montreal, sus primeros habitantes y su desarrollo cultural y económico. Chicas muy educadas y vestidas al estilo de la época dirigen el recorrido por esta mansión tan bien conservada, y al final nos invitan a conocer el jardín, que es más bien una huerta con gran variedad de verduras y hortalizas.

Paseamos y almorzamos en la pintoresca plaza Jacques Cartier, contigua al Chateau y adornada con grandes materas cubiertas de flores vistosas. Varios restaurantes con mesitas en la calle y parasoles le dan un ambiente muy francés, muy chic, muy agradable. A la derecha está la Rue des Artistes, donde los pintores exponen sus obras, entre los que vimos un retratista muy bueno.

El viento soplaba mientras caminábamos por el muelle, las gaviotas hacían sus piruetas aéreas, hacía algo de frío. Por la Rue Sant Paul, mi corazón latía de emoción; sus calles adoquinadas, flores en las ventanas y lujosos almacenes me recordaban nuestra querida Cartagena. Terminamos el día con un café en la Plaza de Artes, donde tomamos el Metro de regreso a casa.


Botte de Foin

La Botte de Foin es una casa de vacaciones manejada en forma cooperativa por voluntarios desde hace muchos años, en un pueblito llamado Bromont Cowansville, muy cerca de la frontera con los Estados Unidos.

Con 13 grados de temperatura partimos para pasar un día de campo en la Botte de Foin, invitados por Lucille y su amiga Yolanda. Al cruzar el puente Jacques Cartier, Lucille comenta que ellos, a mucho honor, no tienen una sino cuatro Torres Eiffel, las cuales adornan bellamente el puente sobre el caudaloso río San Lorenzo, en el que ese día navegan numerosos barquitos de vela.

Vamos por una carretera diferente a las que he visto hasta el momento. Hay sembrados de soya y de maíz; a mi izquierda diviso una montaña, la primera que veo. El paisaje es hermoso, casas de campo, bosquecitos… pinos y abundantes arces (maples) cuya hoja es el emblema del Canadá; el verde claro se junta con el verde oscuro y se funde con el azul del cielo infinito, produciendo un efecto inimaginable.


La casa cuenta con baños y habitaciones amobladas para alojar hasta 20 personas, equipo completo de comedor y cocina, juegos, esquíes y elementos deportivos. Cada socio hace una pequeña contribución para el sostenimiento, lleva algo de comida, y todos ayudamos a dejar la casa, sus elementos y alrededores en perfecto estado de orden y aseo. Pasamos así un día entero de juegos, comida y diversiones, cantamos, conocemos mucha gente, y luego de regreso a Montreal, Lucille y Yolanda nos llevan a través de pueblitos pequeños y encantadores.

Beatriz Torres, una chica de Darién, nos recibe con gran simpatía. A ella le mataron un hermano en el Valle, está muy resentida y no quiere saber nada de Colombia. Yo le dije que la situación del país ha cambiado, que el gobierno está haciendo grandes esfuerzos por conseguir la paz y lo está logrando. Espero haberle cambiado la imagen que tiene de la patria, pues me duele pensar que los emigrantes olviden la tierra que los vio nacer.

El Jardín Botánico y el Biodomo

Dos días, uno de ellos muy frío, nos tomó la visita al Jardín Botánico, y eso que no subimos a la vecina Torre Inclinada que domina el estadio y desde la cual se tiene una vista espectacular de la ciudad.

Allí se efectuaba una exposición titulada Mosaïculture, formada por esculturas hechas de pequeñas plantas sobre armazones de hierro y alambre, que representaban diferentes temas o escenas escogidas por la veintena de países participantes. Un gigantesco arreglo muestra a la Madre Tierra - la Pacha Mama - saliendo de un lago y dando origen a la tierra, las aves y los animales terrestres y acuáticos. Otro se inspira en la obra del francés Jean Giono “El Hombre que Plantaba Arboles” y uno más en la historia china de la niña que amaba las grullas y murió ahogada cuando trataba de auxiliar a una grulla herida.

Otro arreglo es el enorme Arbol de los Pájaros, cuyas ramas están pobladas por artísticas figuras de toda clase de aves, formadas por plantas de diversos colores y texturas. Según nos explicó un guía, duraron cuatro años preparando la exposición, los materiales fueron transportados en enormes furgones y después de unos pocos meses de admiración del público, la exposición se desmonta dentro de tres días pues comienza el otoño, las plantas se mueren y los hermosos arreglos se van para la planta de compostaje.

El Jardín Botánico, fundado en 1931, es uno de los más hermosos del mundo, como lo comprobamos ensimismados apreciando sus diversas secciones y jardines, además de ésta magnífica exposición. Las entradas nos costaron 82 dólares canadienses, más un sánduche de 20 dólares que fue nuestro almuerzo, como quien dice doscientos mil pesos colombianos…!!! Pero bien valió la pena pagarlos. Más tarde, en el pabellón chino, escuchamos emocionados a una pequeña y simpática chinita, que con voz angelical cantó melodiosas canciones de su tierra, acompañada por un shamizén, instrumento parecido al arpa.

El cercano Biodomo es un museo vivo de Historia Natural, que muestra diversos animales en hábitats cuidadosamente reproducidos. Hay pingüinos que pasean sobre sus heladas rocas, nutrias y focas que nadan frente a los visitantes, aves y monos en una selva tropical, además de toda clase de insectos, mamíferos y aves disecadas y reconstruidas por los taxidermistas.

Ya de salida nos acercamos a un pingüino que nos miraba de manera singular; OMA con sus ocurrencias alzó los brazos y simuló su aleteo, gesto que el pingüino respondió, como una forma de saludo canadiense a un par de turistas colombianos.

Para cerrar la jornada asistimos con Lucille a “La noche de las Linternas”, en el pabellón chino del Jardín Botánico. Estampas representativas de la China, confeccionadas en una tela resistente al calor, nos deleitaron con su iluminación y creatividad. A medida que caía la noche y la luna hacía su aparición, los faroles nos alumbraban el camino con más intensidad y nosotros disfrutábamos emocionados.

Esa noche cenamos escuchando música cubana, la preferida de Lucille, y hasta bailamos un son cubano muy  acompasado y muertas de risa.


A tres cuadras de su casa, Lucille tiene un lote en el huerto comunitario, en el que cultiva tomates, pepinos y demás legumbres para su consumo y para regalar a sus amigos. Como comienza el otoño, lo que no alcanzó a madurar ya no madura, así que es necesario arrancar las plantas que quedan, aprovechar lo que sirve y enviar a compostaje el material restante. Además hay que entregar el lote limpio y desyerbado, tarea en la que le ayudo con entusiasmo, tanto para hacer ejercicio como para la foto y para conocer el funcionamiento de esta interesante experiencia comunitaria. Un supervisor voluntario guarda las herramientas que devolvemos limpias y se asegura de que la huerta funcione armónicamente, para provecho de más de un centenar de familias usuarias.

El Mont-Tremblant y sus alrededores

Ciento cincuenta kilómetros al norte de Montreal se encuentra el Parque Nacional de Mont-Tremblant, el más grande y antiguo de los 25 parques nacionales que la provincia de Quebec mantiene con el mayor cuidado, para que la gente disfrute de la naturaleza y efectúe toda clase de actividades tanto de verano como de invierno.

Durante una semana disfrutamos del apartamento que Leo y Pax han reservado en uno de los muchos resorts de la zona – el Club Privilege – que ofrecen albergue de primera clase a los turistas. Al sur del parque mismo, una serie de pequeñas aldeas comunicadas por pintorescas carreteras y bordeadas de lagos, salpican la región con sus casitas coloridas como de Walt Disney.

 



La villa de Mont-Tremblant.




Caminatas en Mont-Tremblant.

Numerosos campos de golf, restaurantes de todos los precios (caros, más caros y mucho más caros), pistas de ski con sus cables funiculares, senderos en medio de los bosques, un emocionante autódromo, bares, albergues, hoteles y lujosas casas de campo, son el menú de que disponemos para esta semana.

La vista desde nuestra habitación es preciosa; un majestuoso lago bordeado de pinos, grandes y frondosos abetos que empiezan a cambiar de color, producen en mi alma paz y tranquilidad. Tanta naturaleza junta, tantos verdes, amarillos, ocres y bermellones extendidos, tantos lagos y  montañas, hacen del paisaje un verdadero cuadro de Monet.

 


Una vista inolvidable del Lac Monroe en el Parque Nacional de Mont-Tremblant.


Relax en el Parque Nacional Mont-Tremblant.

Hubo tiempo para el deporte, para las caminatas por el Parque Natural disfrutando el sol y la suave brisa que roza nuestra piel; nos divertimos viendo los venados que tranquilos se dejaban fotografiar, lo mismo un castor que trabajaba con mucha seriedad… y las simpáticas ardillas que se encuentran por todas partes.

Con remos y chalecos salvavidas bajamos al lago frente a nuestro hotel. El día estaba radiante, la temperatura ideal para pasearnos en canoa, muy románticamente, por esas aguas tranquilas. Yo entusiasmada apreciaba el paisaje mientras remábamos hasta el centro del lago... y adivinen qué pasó? Cuando me estaba bajando de la canoa perdí el equilibrio y al agua patos!!! Que susto! Menos mal que OMA me tranquilizó y que estábamos a solo un metro y medio de la orilla. Salimos empantanados y sucios pero muertos de la risa.

 


Venaditos al lado de la carretera.



Disfrutando el Lago Moore antes de la zambullida.

Huberdeau

Entre las muchas aldeas y pueblitos que salpican la región, una tarde fuimos a dar a Huberdeau, donde vive Marie-Claude Larrivee, simpática “quebecoise” dueña de un atractivo negocio de jugos y helados, a quien conocimos en un supermercado y ahí mismo nos invitó a su casa. Nos paseó por su pequeño pueblo, nos llevó al vecino río Rouge y con ella jugamos gratis en las excelentes canchas de tenis de su pueblo, que nadie hasta ahora había utilizado.

Después de una activa tarde deportiva, nuestra amiga nos invitó también a cenar, le ayudamos a preparar la comida, y junto con su hijo Loics pasamos una velada muy agradable. Realmente, el mundo está lleno de gente amplia y generosa! Ojalá podamos devolverle la atención algún día!

 


Pax disfruta la paz del Riviere Rouge (Río Rojo).

Con Marie-Claude después del partido de tenis en Huberdeau.

Monday, 18 November 2013

Canadá a cuatro manos - Parte 2

Toronto

Ontario es la segunda provincia en extensión (después de la de Quebec), en ella vive más de la tercera parte de la población del país y está catalogada como el corazón industrial del Canadá. Toronto, capital de Ontario, con 2.6 millones de habitantes, es la ciudad más grande de Canadá y su centro financiero. Localizada en la orilla noroeste del lago Ontario, entre los ríos Don y Humber, es el centro del GTA (Greater Toronto Area), Area Metropolitana densamente poblada que abarca numerosos municipios. Debido al bajo índice de criminalidad, el cuidado del medio ambiente y el alto nivel de vida, es considerada como una de las mejores metrópolis para vivir, pero tal vez por eso mismo, es una de las ciudades más caras del mundo.

Un eficiente Metro recorre la ciudad de norte a sur y de oriente a occidente; la red de trenes y buses suburbanos GO la conecta con el área metropolitana y un sistema de congestionadas autopistas permite la movilidad hacia las comunidades vecinas. Por debajo de los grandes edificios, una red de pasajes subterráneos – el PATH - permite recorrer a pie las manzanas centrales de Toronto, si se quiere en mangas de camisa en pleno invierno, pues no hay que subir a la calle. En esta ciudad subterránea hay almacenes, restaurantes, estaciones del Metro, bancos y centros comerciales.

Canadá tiene la tasa de inmigración más alta del mundo, impulsada por la política económica, la reintegración familiar y la ayuda humanitaria a los refugiados. Así Toronto llama la atención por la gran variedad de razas y pueblos que la habitan. En el Metro, en los centros comerciales y en las plazas de comida, tropezamos con chinos, coreanos, indios, afroamericanos, judíos, europeos y sudamericanos. Los descendientes de las Primeras Naciones se agrupan en 600 tribus o gobiernos reconocidos, pasan de 1.2 millones de personas y su número está creciendo al doble de la tasa nacional. El pluralismo religioso es una parte importante de la cultura de Canadá: cristianos, musulmanes, judíos y no creyentes, conviven en forma tolerante y sin conflictos aparentes.

Dentro de la ciudad se agrupan las colonias de diferentes países, de manera que se puede visitar la Ciudad China, los barrios italianos y judíos, la Pequeña India con sus coloridos almacenes y hasta alguna ”pequeña Grecia”, al tiempo que en el barrio de Leonardo tenemos vecinos coreanos, colombianos, italianos, filipinos e indios. El me cuenta que en su empresa, a la hora del almuerzo, en cada una de las mesas se habla un idioma diferente.

Compramos un City Pass que nos permite visitar las cinco mayores atracciones turísticas y a ellas nos dedicamos metódicamente, con la ayuda de Pax y de Leo, y hasta la de sus serviciales amigos, quienes pacientemente nos llevan hasta la estación del Metro o nos recogen por la noche cuando terminamos la jornada.

Un observatorio con piso de vidrio

Primero visitamos la imponente Torre CN, con sus 553 metros de altura, planeada inicialmente para las comunicaciones, pero convertida en el símbolo y sitio más visitado de la ciudad. Por sus 1776 escalones la subió Leo recientemente en algo mas de 18 minutos, hazaña deportiva que le valió una camiseta de recuerdo y la satisfacción de contribuir a una campaña altruista. Nosotros subimos en un rápido ascensor hasta su observatorio, parte del cual tiene piso de vidrio, para disfrutar de una excelente vista del Lago Ontario, toda la ciudad y sus alrededores.




Leo subió los 1776 escalones de la CN Tower en algo más de 18 min.



 Casa Loma

Con un poco de frio iniciamos el recorrido por uno de los castillos más hermosos que he visto (bueno, no es para tanto, en realidad es el primero que veo). Se trata de Casa Loma, antigua propiedad de Sir Henry Mill Pellatt, un destacado financiero, industrial y militar de Toronto. En 1911 Pellat contrató al arquitecto E.J.Lennox para que le construyera el sueño de su vida: un castillo estilo medioeval en la cumbre de una colina, desde donde se divisara todo Toronto y que fuera apropiado para acoger a la realeza británica.

Al entrar a Casa Loma se siente la nostalgia de tiempos idos; nos trasportamos a siglos pasados y nos imaginamos los amplios salones de baile colmados de elegantes invitados. Es una agradable experiencia imaginar las tertulias en los salones adornados con vitrales y muebles de los siglos XVIII y XIX; tomar el té en vajillas bellamente decoradas; leer en una magnífica biblioteca, cosa que los Pellatt poco hacían; hacer cuentas en el escritorio de la época de Napoleón; contemplar cuadros de pintores famosos; caminar por los piso de teca y nogal y al atardecer, sentarnos en el jardín a contemplar la puesta del sol … como en un cuento de hadas.
 



Casaloma fue originalmente la residencia del inversionista Sir Henry Pellatt.


Royal Ontario Museum - ROM

Las muestras del Royal Ontario Museum son de altísimo valor y elegancia. Los curadores se lucen con el buen gusto de sus arreglos.

Corea, bordada por ríos y montañas, plasma su delicadeza en una cerámica de tonos pasteles, sobria y tranquila.

La finura y pureza de los trabajos labrados en madera del Japón, sus pinturas y la representación de la ceremonia del té, me enseñaron que su cultura, más que arte, es una filosofía.

El rojo es fundamental en la fuerza y tradición de la China. Cada dinastía muestra un estilo propio de trabajar la cerámica, el bronce, el mármol y la madera, con colores, brillos y texturas diferentes, unos más sobrios que otros.

Japón me encantó por su delicadeza, China por su finura en el dibujo, Corea por la elegancia de su estilo. Es su valor, en cada una de ellas, lo que ha perdurado de generación en generación. Un poco de Grecia y Roma, recordando el Adriano de la Yourcenar. Africa y Asia del Sur me llevaron a volar por esas culturas tan lejanas.

Terminando el recorrido por este maravilloso museo encontré el siguiente escrito, que no quiero pasar por alto:

Para ser rico no hay necesidad de atesorar bienes materiales, en los libros encontrarás riqueza. Al viajar, no necesitarás compañía, en los libros hay carruajes, castillos y hadas que te trasportarán a lugares maravillosos y siempre, siempre habrá una chica con piel de jade que te escriba un poema o te lea palabras de amor…hay que leer para soñar!!!


Ontario Science Centre


Fundado en 1969 sobre el valle del río Don, este museo fue de los primeros en presentar la ciencia en forma interactiva, de tal suerte que los numerosos visitantes, chicos y adultos, se entretienen durante horas comprobando las leyes de la Física mediante experimentos curiosos, o estudiando sus centenares de presentaciones sobre la naturaleza, el espacio sideral, la estructura de la Tierra, el cuerpo humano o la tecnología.

“Esta es una pequeña hazaña para el hombre y un paso gigante para la humanidad”, las palabras que Neil Armstrong pronunció cuando pisó la luna, abren el gran espacio de este magnífico museo de la ciencia. En él vemos que la Tierra y nosotros mismos somos pequeños, insignificantes, perdidos entre tantas estrellas, galaxias y cuerpos celestes que ocupan un espacio infinito …  y que sigue creciendo.

 “De qué le sirve al hombre ganar la luna si pierde la tierra?”  Cada frase que encontraba en mi recorrido era una reflexión para mí. El hombre que con su prepotencia se destruye a sí mismo. El poder y las guerras… han generado más hecatombes que el mismo asteroide que hace 65 millones de años impactó la tierra, destruyendo gran parte de las especies vivientes, al bloquear la luz y el calor del sol.

Las maravillosas leyes de la Física se comprueban en experimentos curiosos que lo dejan a uno asombrado.


Zoológico de Toronto


Con Pax disfrutamos de un día entero en el Toronto Zoo. Cinco mil animales que representan más de 450 especies viven plácidamente en cómodos hábitats que ocupan cerca de 250 hectáreas y son cuidados por un ejército de veterinarios, nutricionistas y otros profesionales que educan al público y le enseñan a respetar y proteger la vida animal.

Distribuidos en 7 áreas geográficas, se pueden ver aves, peces, reptiles, insectos y mamíferos de todos los plumajes y pelambres, en acuarios, pabellones cubiertos, o espacios abiertos que reproducen su medio y mantienen las temperaturas naturales.

Visitamos ante todo a Er Shun y Da Mao, los dos simpáticos pandas recientemente otorgados en calidad de préstamo por el gobierno chino. Luego recorremos varios kilómetros admirando elefantes, jirafas, camellos, avestruces, osos, monos y variadas especies acuáticas, y terminamos rendidos, sin haber podido verlo todo.
 




El Zoológico de Toronto alberga mas de 5000 animales que representan 450 especies.



AGO

La Galería de Arte de Ontario (AGO por su sigla en Inglés) nos resultó una amable y enriquecedora experiencia.

En una fresca mañana del otoño que se inicia visitamos este magnífico museo. El Adán y El Pensador de Rodin iluminaban el salón. Los cuadros con paisajes canadienses en invierno y otoño del “Grupo de los Siete” y las fotografías de su primera exposición en 1920, completaron la visión que tuvimos desde el día que visitamos el Museo McMichael en el lindo pueblito de Kleinburg, cerca de la casa de nuestros anfitriones.

Las artes visuales canadienses han sido dominadas por Tom Thomson y por el Grupo de los Siete, que originalmente fueron sólo cinco. Hay que recordar los nombres de Lawren Harris, A Y Jackson, Arthur Lismer, J E H MacDonald y Federico Varley, quienes articularon las ideas nacionalistas del grupo. Eventualmente se les unieron Frank Johnston, Franklin Carmichael, A J Casson y la misma Emily Carr, conocida por sus paisajes de los pueblos indígenas.

Con cuadros de Cezanne, Modigliani y Monet cerramos este recorrido de belleza que nos deja un agradable sabor en la memoria.

 



Sarita disfruta el arte en la AGO.


Universidad de Toronto

Con sus 83.000 estudiantes y casi 12.000 profesores distribuidos en tres campus y sus variados programas de investigación, la Universidad de Toronto está clasificada como la primera del Canadá y una de las 20 más importantes del mundo. Es allá donde trabaja para obtener su PhD en Economía del Desarrollo mi nieto Juan Sebastián, quien vive con su novia Danielle en una residencia de la propia universidad, en el centro mismo de Toronto.

Dentro de su apretada agenda, Juanse nos dedica una tarde completa para darnos una gira por ‘su’ campus, el cual posee muchas bibliotecas y laboratorios, un gran centro deportivo y numerosos Colegios al estilo de las universidades británicas tradicionales. Después nos lleva a su apartamento, donde disfrutamos de una amable sesión de fotografía, música y poesía, pues Danielle es una fotógrafa de refinada sensibilidad y Juan canta, toca la guitarra y compone canciones románticas y de crítica social que son la delicia de sus amigos y de toda la familia. Sus dos álbumes, ‘Persiguiendo Sueños’ y ‘Si’, se pueden conseguir en su página de Internet: www.juansemorales.com.

Grimsby

En el camino entre Toronto y el Niágara está la población de Grimsby, donde viven nuestros amigos Emil y Katia, pareja colombo canadiense cuya formación apadrinamos con Leo, pues Emil trabajaba en Toronto, Katia vivía con sus dos hijas en Bogotá e inicialmente no tenían un idioma común para entenderse. El fruto de esa unión es su pequeño Joshua, quien ya tiene seis años. Además Emil viene colaborando en la educación de Alejandra y Pilar, las dos hijas de Katia, quienes lo quieren como a un padre.

Ellos nos esperaron con un delicioso almuerzo al aire libre, nos pasearon por los alrededores, nos llevaron a tomar fotos a la antigua aldea donde se originó la población, cuando era apenas el lugar de reunión de un grupo religioso y nos devolvieron con varias docenas de manzanas que recogimos en su jardín.

Entre otras cosas, esta es una región de viñedos que ofrece buenos vinos, excursiones de degustación y preciosos paisajes con castillos que parecen europeos.

Niagara-on-the-Lake

Antes de llegar al Niágara mismo, paramos en el encantador pueblito de Niagara-on-the-Lake, cuyas boutiques, restaurantes y calles pobladas de flores le permiten reclamar el título de “la ciudad más linda del Canadá”.

Ese atardecer a la orilla del lago Ontario fue memorable…vimos cómo el sol se ocultaba lentamente cambiando su color de rojo a naranja. Poco a poco se fue escondiendo y metiéndose en el lago Ontario hasta desaparecer. Qué pensé en ese momento? En la inmensidad de un ser superior, en su poder, en el amor…

Cataratas del Niágara

Uno de los mayores atractivos de Canadá y Estados Unidos son estas famosas cataratas, situadas apenas a 130 kilómetros de Toronto, o sea a menos de dos horas por sus estupendas autopistas. Al igual que millones de parejas, allá pasamos dos días de luna de miel con Sarita, el primero acompañados por Leo y Pax, quienes nos llevaron en su camioneta y nos dejaron instalados en un cómodo motel situado sobre el río Niágara. La noche nos recibió con fuegos artificiales que parecían salir del fondo de la catarata misma.

Formadas por el paso arrollador de los glaciares, esta caída de 52 metros de altura desagua el lago Erie sobre el Ontario y forma cascadas tanto en Canadá como en los Estados Unidos, que son fuente importante de energía eléctrica para los dos países.

Las cataratas americanas se llaman “Velo de Novia” y las canadienses “La Herradura”.  La palabra Niágara es indígena y quiere decir, estrecho o truenos de agua.

El contemplarlas nos deja una sensación de lejanía, de estar sobre las nubes donde el rocío que cae nos moja suavemente. Esa pequeña llovizna producida por la brisa que trae el agua del río nos purifica y alegra el corazón. Un largo recorrido con abundante vegetación bordea el río de aguas cristalinas, dulce, entre azul y verde. Jamás había visto este color en un río como tampoco oído ese sonido ensordecedor producido por la imponente caída de agua. Su rugido, como de leones hambrientos, fue lo que primero me impactó.

Al otro lado de la avenida está el Parque de la Reina Victoria. Son varias cuadras de flores y árboles frondosos. Pensé en mi mami, en su jardín y añoré su compañía. Seguimos el recorrido, entramos a un templo budista, silencioso y frío, pero rodeado de bellos jardines. Un almacén de souvenirs que miramos rápidamente; el sector de Clifton Hill con sus centenares de atracciones para todas las edades; el casino Niágara con sus innumerables máquinas y mesas de juego y un almuerzo en “Perkins”, donde dos simples sandwiches nos costaron $30 dólares (!!!),  fueron parte de la jornada.