LA HABANA DE NUEVO
Al regresar a La Habana, además de visitar
sitios turísticos y hacer largas caminatas, fuimos invitados al acto
inaugural de un Congreso de Odontólogos en el Teatro Chaplin de La
Habana, donde pudimos ver y oír al “compañero Fidel” desde la primera
fila de butacas. Con su inagotable y fácil elocuencia, usando datos y
publicaciones de las Naciones Unidas, ese día hizo un recuento minucioso
de los logros alcanzados en Salud Pública durante su gobierno.
Dialogamos
con estudiantes y profesores de diversas universidades. Encontré un
Decano que había sido educado en una universidad de los EEUU y que
enseñaba cursos parecidos a los que yo había hecho en mi postgrado de
Cornell. Fidel se negaba a pagar derechos de autor, decía que la Ciencia
es patrimonio de la humanidad y debe ser utilizada libremente por quien
la necesite, violando así las leyes de la propiedad intelectual y
produciendo la furia de las grandes compañías editoriales.
Visitamos
hospitales y estudiamos en detalle la organización de la Salud Pública.
En dos años la Revolución erradicó el polio, la hidrofobia y muchas
enfermedades infecciosas, y en esos días se estaba trabajando
intensamente contra la tuberculosis. En particular nuestros anfitriones
se mostraban muy orgullosos del hospital modelo de la ciudad de Holguín,
construido con ayuda de Checoslovaquia. Allí llegaban los casos
complicados, remitidos por pequeños hospitales municipales, cada uno de
los cuales a su turno era el centro de una serie de estaciones
policlínicas satélite. Existía un Comité de Defensa de la Revolución en
cada vereda y a nivel urbano en cada grupo de manzanas, y desde esos CDR
se efectuaba el control social y político del país. En ellos se
debatían las políticas emanadas del gobierno, se formulaban consignas de
productividad, se repartían los talonarios de racionamiento, se
controlaban las vacunaciones masivas y se efectuaban sesiones de
estudio.
En su primera etapa la Justicia se hizo sumaria y
pública. Esto dio lugar al castigo inmediato de los crímenes, se acabó
con la impunidad, y desapareció la vagancia, la prostitución y la
delincuencia. Pero los fusilamientos y las condenas a prisión perpetua
por crímenes contra el Estado levantaron una oleada mundial de
indignación. Gracias a esos primeros excesos, históricamente necesarios
para consolidarla, la Revolución fue identificada por los medios de
comunicación con el “Paredón”, y eso le hizo mucho daño. En cambio la
Gran Prensa nunca informó acerca de la alfabetización total del país,
realizada en un año! Fidel cerró las universidades durante ese año y
puso a todos los estudiantes a enseñar a leer y escribir a los
campesinos y a los ignorantes. Así, a la brava, como hacen sus obras los
gobiernos fuertes. Lo que había sido el cuartel general de Batista fue
convertido en el Museo de la Alfabetización, en el cual pudimos
leer centenares de las cartas escritas de su puño y letra por quienes
habían sido analfabetas toda su vida: “Gracias compañero Fidel,
por habernos enviado a Jaime, ese estudiante que con tanta paciencia me
enseñó a leer y escribir. Ahora puedo escribir y firmar esta carta.
Pedro González, 78 años” decía en letra garrapateada uno
de los conmovedores documentos que reposaban por miles en anaqueles y
que cubrían todas las paredes del antiguo cuartel de Batista.
En
medio de la euforia del viaje nos llegó la triste nueva de la muerte de
mi amigo personal, el padre Camilo Torres. Esa muerte ha sido la más
desoladora noticia de mi vida. Desesperado por la injusticia social
imperante en Colombia, animado por los centenares de estudiantes y
jóvenes profesionales cristianos que lo seguíamos en MUNIPROC, (un
movimiento social del que fui presidente y en el que presté mis
servicios con fervor), presionado por la jerarquía eclesiástica que
trataba de acallar su voz que reclamaba un cambio de estructuras, este
sacerdote católico, el cristiano más sincero que he conocido, después de
intentar acciones políticas con sindicalistas y militares progresistas,
se dejó envolver por una peligrosa alianza estratégica con el Partido
Comunista, dejó la sotana y se “metió al monte”. Obviamente la violencia
no era su vocación y en el primer encuentro armado con el ejército fue
dado de baja. Al principio nos llegaban rumores contradictorios, y ante
nuestra tristeza los compañeros cubanos nos animaban diciendo que quizá
eran noticias oficiales para desmoralizar su movimiento. Nosotros
sabíamos que él estaba en el monte, pero desconocíamos toda clase de
detalles. Poco a poco se fue confirmando la aterradora realidad. Al
igual que lo ocurrido con José Antonio Galán, Jorge Eliécer Gaitán y
muchos años después con Luis Carlos Galán, la desaparición de
Camilo silenció la voz que clamaba en nuestro desierto social por los
desposeídos de Colombia.
De qué triste maldición somos víctimas
los colombianos? Podremos alguna vez construir una nación que sea para
todos y no para unos pocos, como la soñó Camilo?
PRAGA
De
acuerdo con las leyes de las “presiones internacionales” se podía salir
de territorio mexicano para Cuba, así lo dice mi viejo pasaporte, pero
no se podía regresar por la misma vía. De manera que al terminar nuestro
recorrido tuvimos que esperar algunos días hasta cuando hubo un vuelo
de La Habana a Checoslovaquia, para regresar a Colombia dando una larga
vuelta por Europa. Hicimos escala en el pequeño aeropuerto de Gander en
el Canadá y finalmente llegamos a Praga, fatigados pero contentos de
pisar territorio europeo.
Visitamos esa preciosa ciudad con su
torre de Dvorak, su Museo Nacional y sus puentes envueltos en romántica
niebla. Recuerdo una conversación que tuve en francés con una
distinguida señora en el Museo. Ella me contó acerca del odio que le
tenían los checos a los comunistas rusos, de cómo éstos habían hecho
obligatorio el estudio del ruso en todas las escuelas, de la falta de
libertad en que se vivía, la escasez de productos y otras muchas
amarguras.
PARIS
Dos días después volamos de
Praga a París donde mi amiga de SERVAS Marivonne Olivier y su esposo nos
permitieron usar su apartamento durante varias noches. Roberto Valencia
había perdido su dinero al iniciar el viaje en San Andrés, y sus
más cercanos compañeros tuvimos que compartir con él nuestros dólares,
que no eran muchos. Pues en París se nos acabaron del todo y solicitamos
recursos a nuestras respectivas familias, pero éstos no llegaban.
Finalmente decidimos que yo viajaría a Colombia, y Roberto se quedó en
París con los hermanos Pérez solamente, pues luego de tantas pugnas el
resto del grupo se disgregó, mi responsabilidad cesó y cada uno tomó
camino por su cuenta.
Con mi compañera de trabajo Marta Traba,
la combatiente e inteligente crítica de arte argentina radicada en
Colombia, directora de Extensión Cultural de la UN, nos habíamos
encontrado en Cuba y nos habíamos puesto cita en París. En efecto nos
encontramos y me llevó de la mano por las galerías del Louvre
explicándome con calma la Gioconda, otro retrato de Leonardo, algunas
obras monumentales de David y no sé que otras obras maestras. Marta
murió años después en un accidente aéreo al entrar a Madrid y dejó un
enorme vacío en la intelectualidad colombiana y entre todos sus amigos.
En
el aeropuerto de París a duras penas reuní el valor del impuesto de
salida con un billete colombiano de veinte pesos que cargaba en mi
billetera como recuerdo, gracias a la amable comprensión de los
funcionarios de IBERIA. Pero no tuve dinero para aprovechar la escala de
una noche que hicimos en Madrid por motivos técnicos. Toda esa noche
deambulé por las calles, plazas y avenidas de la ciudad con los
bolsillos vacíos, y a la madrugada vi el Museo del Prado desde afuera.
Algún día tendría que regresar con dinero y con calma!
BOGOTA
Al
retornar a Colombia el diario La República me “honró” con un editorial
acusándome de vendepatria por haber aceptado la invitación a conocer la Revolución
Cubana. Dicté conferencias sobre lo que había visto con la mayor
objetividad posible, pero sin ocultar mi simpatía por una política de
Desarrollo Humano y Justicia Social como la que implicaría un Socialismo
bien entendido. Sin embargo cada vez estoy más convencido de que el
egoísmo es la fuerza que predomina en el ser humano, y que la
“construcción del hombre socialista” es una quimera. El fracaso del
Socialismo es quizá el hecho histórico más importante del siglo XX, y
muestra la brecha tan grande que hay entre la teoría y la práctica
política. Los políticos profesionales utilizan los más nobles ideales
como bandera para conseguir el poder, y una vez que lo alcanzan, los
olvidan y traicionan de la manera más cínica.
Es por eso tal vez
que en los últimos años hemos visto en países como Colombia y Venezuela
el descrédito de los partidos políticos y el surgimiento a nivel local
de líderes cívicos, y por eso también que se ve con esperanza y algo de
simpatía la figura de los antipolíticos que atacan el problema social en
forma pragmática, manteniéndose independientes de la corrupta
maquinaria electoral. La descentralización administrativa, la toma de
decisiones a nivel local, el manejo de los asuntos propios de la
comunidad, son medidas para fomentar el ejercicio de una verdadera
democracia. Los jóvenes deben aprender desde pequeños a ejercer sus
derechos y a cumplir sus deberes ciudadanos en el aula, el club o el
equipo deportivo. Años después conocí la excelente forma como los
estudiantes japoneses organizan sus actividades en los numerosos clubes
que funcionan en todas sus escuelas y universidades, aprendiendo así a
trabajar en equipo y a respetarse mutuamente. Hay que enseñar a los
jóvenes que ser líder es servir al grupo, y enseñar a las comunidades a
elegir líderes auténticos y no dejarse manipular por los demagogos.
Matías el caminante, 2000.
Matías el caminante, 2000.
Entrada al museo de la revolución.
Los carros congelados en el tiempo.
Edificio residencial en La Habana.
Fotos cortesía de Leonardo Morales, 2012.








