Monday, 11 June 2012

Cuba - Parte 3: Rumbo a casa

LA HABANA DE NUEVO
Al regresar a La Habana, además de visitar sitios turísticos y hacer largas caminatas, fuimos invitados al acto inaugural de un Congreso de Odontólogos en el Teatro Chaplin de La Habana, donde pudimos ver y oír al “compañero Fidel” desde la primera fila de butacas. Con su inagotable y fácil elocuencia, usando datos y publicaciones de las Naciones Unidas, ese día hizo un recuento minucioso de los logros alcanzados en Salud Pública durante su gobierno. 

Dialogamos con estudiantes y profesores de diversas universidades. Encontré un Decano que había sido educado en una universidad de los EEUU y que enseñaba cursos parecidos a los que yo había hecho en mi postgrado de Cornell. Fidel se negaba a pagar derechos de autor, decía que la Ciencia es patrimonio de la humanidad y debe ser utilizada libremente por quien la necesite, violando así las leyes de la propiedad intelectual y produciendo la furia de las grandes compañías editoriales. 

Visitamos hospitales y estudiamos en detalle la organización de la Salud Pública. En dos años la Revolución erradicó el polio, la hidrofobia y muchas enfermedades infecciosas, y en esos días se estaba trabajando intensamente contra la tuberculosis. En particular nuestros anfitriones se mostraban muy orgullosos del hospital modelo de la ciudad de Holguín, construido con ayuda de Checoslovaquia. Allí llegaban los casos complicados, remitidos por pequeños hospitales municipales, cada uno de los cuales a su turno era el centro de una serie de estaciones policlínicas satélite. Existía un Comité de Defensa de la Revolución en cada vereda y a nivel urbano en cada grupo de manzanas, y desde esos CDR se efectuaba el control social y político del país. En ellos se debatían las políticas emanadas del gobierno, se formulaban consignas de productividad, se repartían los talonarios de racionamiento, se controlaban las vacunaciones masivas y se efectuaban sesiones de estudio. 

En su primera etapa la Justicia se hizo sumaria y pública. Esto dio lugar al castigo inmediato de los crímenes, se acabó con la impunidad, y desapareció la vagancia, la prostitución y la delincuencia. Pero los fusilamientos y las condenas a prisión perpetua por crímenes contra el Estado levantaron una oleada mundial de indignación. Gracias a esos primeros excesos, históricamente necesarios para consolidarla, la Revolución fue identificada por los medios de comunicación con el “Paredón”, y eso le hizo mucho daño. En cambio la Gran Prensa nunca informó acerca de la alfabetización total del país, realizada en un año! Fidel cerró las universidades durante ese año y puso a todos los estudiantes a enseñar a leer y escribir a los campesinos y a los ignorantes. Así, a la brava, como hacen sus obras los gobiernos fuertes. Lo que había sido el cuartel general de Batista fue convertido en el Museo de la Alfabetización, en el cual pudimos leer centenares de las cartas escritas de su puño y letra por quienes habían sido analfabetas toda su vida: “Gracias compañero Fidel, por habernos enviado a Jaime, ese estudiante que con tanta paciencia me enseñó a leer y escribir. Ahora puedo escribir y firmar esta carta. Pedro González, 78 años” decía en letra garrapateada uno de los conmovedores documentos que reposaban por miles en anaqueles y que cubrían todas las paredes del antiguo cuartel de Batista. 

En medio de la euforia del viaje nos llegó la triste nueva de la muerte de mi amigo personal, el padre Camilo Torres. Esa muerte ha sido la más desoladora noticia de mi vida. Desesperado por la injusticia social imperante en Colombia, animado por los centenares de estudiantes y jóvenes profesionales cristianos que lo seguíamos en MUNIPROC, (un movimiento social del que fui presidente y en el que presté mis servicios con fervor), presionado por la jerarquía eclesiástica que trataba de acallar su voz que reclamaba un cambio de estructuras, este sacerdote católico, el cristiano más sincero que he conocido, después de intentar acciones políticas con sindicalistas y militares progresistas, se dejó envolver por una peligrosa alianza estratégica con el Partido Comunista, dejó la sotana y se “metió al monte”. Obviamente la violencia no era su vocación y en el primer encuentro armado con el ejército fue dado de baja. Al principio nos llegaban rumores contradictorios, y ante nuestra tristeza los compañeros cubanos nos animaban diciendo que quizá eran noticias oficiales para desmoralizar su movimiento. Nosotros sabíamos que él estaba en el monte, pero desconocíamos toda clase de detalles. Poco a poco se fue confirmando la aterradora realidad. Al igual que lo ocurrido con José Antonio Galán, Jorge Eliécer Gaitán y muchos años después con Luis Carlos Galán, la desaparición de Camilo silenció la voz que clamaba en nuestro desierto social por los desposeídos de Colombia. 

De qué triste maldición somos víctimas los colombianos? Podremos alguna vez construir una nación que sea para todos y no para unos pocos, como la soñó Camilo? 

PRAGA
De acuerdo con las leyes de las “presiones internacionales” se podía salir de territorio mexicano para Cuba, así lo dice mi viejo pasaporte, pero no se podía regresar por la misma vía. De manera que al terminar nuestro recorrido tuvimos que esperar algunos días hasta cuando hubo un vuelo de La Habana a Checoslovaquia, para regresar a Colombia dando una larga vuelta por Europa. Hicimos escala en el pequeño aeropuerto de Gander en el Canadá y finalmente llegamos a Praga, fatigados pero contentos de pisar territorio europeo. 

Visitamos esa preciosa ciudad con su torre de Dvorak, su Museo Nacional y sus puentes envueltos en romántica niebla. Recuerdo una conversación que tuve en francés con una distinguida señora en el Museo. Ella me contó acerca del odio que le tenían los checos a los comunistas rusos, de cómo éstos habían hecho obligatorio el estudio del ruso en todas las escuelas, de la falta de libertad en que se vivía, la escasez de productos y otras muchas amarguras. 

PARIS
Dos días después volamos de Praga a París donde mi amiga de SERVAS Marivonne Olivier y su esposo nos permitieron usar su apartamento durante varias noches. Roberto Valencia había perdido su dinero al iniciar el viaje en San Andrés, y sus más cercanos compañeros tuvimos que compartir con él nuestros dólares, que no eran muchos. Pues en París se nos acabaron del todo y solicitamos recursos a nuestras respectivas familias, pero éstos no llegaban. Finalmente decidimos que yo viajaría a Colombia, y Roberto se quedó en París con los hermanos Pérez solamente, pues luego de tantas pugnas el resto del grupo se disgregó, mi responsabilidad cesó y cada uno tomó camino por su cuenta. 

Con mi compañera de trabajo Marta Traba, la combatiente e inteligente crítica de arte argentina radicada en Colombia, directora de Extensión Cultural de la UN, nos habíamos encontrado en Cuba y nos habíamos puesto cita en París. En efecto nos encontramos y me llevó de la mano por las galerías del Louvre explicándome con calma la Gioconda, otro retrato de Leonardo, algunas obras monumentales de David y no sé que otras obras maestras. Marta murió años después en un accidente aéreo al entrar a Madrid y dejó un enorme vacío en la intelectualidad colombiana y entre todos sus amigos. 

En el aeropuerto de París a duras penas reuní el valor del impuesto de salida con un billete colombiano de veinte pesos que cargaba en mi billetera como recuerdo, gracias a la amable comprensión de los funcionarios de IBERIA. Pero no tuve dinero para aprovechar la escala de una noche que hicimos en Madrid por motivos técnicos. Toda esa noche deambulé por las calles, plazas y avenidas de la ciudad con los bolsillos vacíos, y a la madrugada vi el Museo del Prado desde afuera. Algún día tendría que regresar con dinero y con calma! 

BOGOTA
Al retornar a Colombia el diario La República me “honró” con un editorial acusándome de vendepatria por haber aceptado la invitación a conocer la Revolución Cubana. Dicté conferencias sobre lo que había visto con la mayor objetividad posible, pero sin ocultar mi simpatía por una política de Desarrollo Humano y Justicia Social como la que implicaría un Socialismo bien entendido. Sin embargo cada vez estoy más convencido de que el egoísmo es la fuerza que predomina en el ser humano, y que la “construcción del hombre socialista” es una quimera. El fracaso del Socialismo es quizá el hecho histórico más importante del siglo XX, y muestra la brecha tan grande que hay entre la teoría y la práctica política. Los políticos profesionales utilizan los más nobles ideales como bandera para conseguir el poder, y una vez que lo alcanzan, los olvidan y traicionan de la manera más cínica. 

Es por eso tal vez que en los últimos años hemos visto en países como Colombia y Venezuela el descrédito de los partidos políticos y el surgimiento a nivel local de líderes cívicos, y por eso también que se ve con esperanza y algo de simpatía la figura de los antipolíticos que atacan el problema social en forma pragmática, manteniéndose independientes de la corrupta maquinaria electoral. La descentralización administrativa, la toma de decisiones a nivel local, el manejo de los asuntos propios de la comunidad, son medidas para fomentar el ejercicio de una verdadera democracia. Los jóvenes deben aprender desde pequeños a ejercer sus derechos y a cumplir sus deberes ciudadanos en el aula, el club o el equipo deportivo. Años después conocí la excelente forma como los estudiantes japoneses organizan sus actividades en los numerosos clubes que funcionan en todas sus escuelas y universidades, aprendiendo así a trabajar en equipo y a respetarse mutuamente. Hay que enseñar a los jóvenes que ser líder es servir al grupo, y enseñar a las comunidades a elegir líderes auténticos y no dejarse manipular por los demagogos. 

Matías el caminante, 2000.

Entrada al museo de la revolución.

Los carros congelados en el tiempo.

Edificio residencial en La Habana.

Fotos cortesía de Leonardo Morales, 2012. 

Cuba - Parte 2: Recorriendo el país revolucionario

SEXTA ZAFRA DEL PUEBLO
El ICAP nos asignó tres automóviles Cadillac algo viejos pero en buen estado, con guía y chofer, para toda la gira. En ellos recorrimos a velocidades entre 120 y 130 Km/h los 600 kilómetros hasta Camagüey en unas pocas horas. Mis zapatos estaban rotos y se les entraba el agua, pues yo no había tenido tiempo (o dinero?) para comprar unos nuevos. Me llamó la atención el comentario de una señora que al darse cuenta de mi problema dijo: "El Gobierno debería darle un par de zapatos!" No me dieron zapatos pero sí nos alojaron en el lujoso y acogedor Hotel Versalles, con excelente bar y piscina, y con meseros nuevos a los que se les notaba buena voluntad pero falta de entrenamiento. 

En Santiago de Cuba hicimos una visita a la fábrica del famoso Ron Bacardí, donde nos explicaron las técnicas de preparación del Añejo, el Carta Blanca y el Carta de Oro, y pudimos degustar un daiquirí mulato de sabor inolvidable. Fuimos también al cementerio, donde reposan los restos de José Martí, hicimos una ofrenda floral en recuerdo de los mártires del cuartel Moncada y oímos la historia de Frank País, otro héroe de la revolución apenas conocido fuera de Cuba. Observamos nuevos proyectos de vivienda y una recién inaugurada planta de prefabricados de concreto fraguados al vapor, cuya meta era construir 10.000 apartamentos en los siguientes cuatro años. En una antigua propiedad de los hermanos de La Salle se había construido una planta termoeléctrica de 100.000 kw con turbogeneradores de eje horizontal, con equipo y asistencia técnica soviéticos, para reemplazar la vieja planta que estaba acabándose. 

Expresamos a los guías nuestro deseo de colaborar en alguna forma con el Gobierno Revolucionario que a pesar de sus grandes penurias económicas tan generosamente nos atendía, y fuimos invitados un domingo a cortar caña. Ese fue uno de nuestros mejores días en la isla. Nos levantamos muy temprano, recibimos burdas “corroscas” de paja, guantes para prevenir las ampollas, fuertes camisas para evitar la picazón de la “pelusa” que tiene la caña y se le mete a uno por todas partes, y desde luego un machete o “rula”. Un gordo y simpático sargento fue nuestro instructor como “corteros”. Hay que cortar la caña casi a ras del suelo, con otro machetazo cortarle el cogollo, luego partir cada una en dos y tirarla hacia atrás. Por razones de calidad y eficiencia no hay que dejar “ni caña en el cogollo, ni cogollo en la caña”. Y desde luego tener cuidado de no accidentarse o causar un accidente a los compañeros. Desde la salida la jornada fue muy alegre y animada. En el camión que nos llevaron cantamos el himno nacional de Cuba y muchas canciones revolucionarias, y compartimos todo el día muy fraternalmente con simpáticos chicos y chicas cubanos. 

En medio de la controversia, manejando el intenso conflicto entre mis estudiantes de izquierda y derecha, recorrimos la Isla de un extremo al otro, acompañados por la guitarra de Roberto Valencia y la cordialidad de los guías del ICAP. Unas lindas y cariñosas chicas en Santa Clara con quienes hablamos “a calzón quitao", nos manifestaron su odio a Fidel por el estado de escasez en que se encontraban. Chicles, lápiz labial, medias de seda, cremalleras, lencería, zapatos finos, eran lujos prohibidos; para tomarse una taza de café tenían que hacer largas colas, y para la comida cada familia debía utilizar un talonario de racionamiento que le permitía una dieta balanceada pero escasa. No había antibióticos en toda la Isla. Ocasionalmente los hospitales conseguían algún suministro del Canadá, cuyo humanitario gobierno se rebelaba contra la política del embargo yanqui. Desde las ventanas del lujoso hotel Habana Riviera veíamos en el horizonte las naves norteamericanas encargadas de mantener su vigilancia sobre los puertos cubanos. Durante más de cuarenta años el poderío de los Estados Unidos, afectados sus intereses comerciales y pisoteado su orgullo por un líder excéntrico, barbudo y obstinadamente nacionalista, han mantenido esta sanción absurda y han castigado a los barcos que la desafían poniéndolos en lista negra e impidiéndoles después tocar territorio norteamericano. Por supuesto cuando un barco chino o de algún país no sometido a los EEUU entraba al puerto, la gente hacía largas colas para comprar... lo que fuese, pues cualquier cosa que trajera sería de utilidad. 

En los tres automóviles continuamos recorriendo toda la Isla. Visitamos el cuartel Moncada y nos contaron la planeación y detalles del asalto intentado por una bandada de patriotas. El golpe fracasó, Fidel Castro fue detenido y se defendió elocuentemente. "La Historia me juzgará", dijo entonces. La guerra a la dictadura estaba declarada. Cuando quedó libre se refugió en México y desde allí regresó a bordo del buque Granma con un puñado de locos idealistas. Desde la Sierra Maestra puso en jaque al corrompido gobierno de Batista y después de varios años de lucha logró derrocarlo.

LA SIERRA MAESTRA
Una inolvidable experiencia fue el cómodo ascenso a la Sierra Maestra, en camión, para no fatigarnos. Qué amables! Sin embargo, yo hubiera preferido hacerlo a pie, como lo estaba haciendo ese mismo día un grupo de jóvenes médicos a quienes se les iba a tomar su juramento de graduación precisamente en medio de las montañas que habían sido teatro y refugio de Fidel y su hermano Raúl, Camilo Cienfuegos, el Che Guevara, el legendario Comandante Barbarroja y tantos otros héroes de la revolución. Hasta la Sierra Maestra subimos nosotros para vivir personalmente su historia. Ese año el Che Guevara estaba desaparecido y las malas lenguas decían que Fidel lo había eliminado. Pero la carta del Che era famosa y estaba escrita en grandes vallas a lo largo del camino de ascenso a la Sierra. “Otras tierras del mundo reclaman mi modesto aporte...” Allá estaba en las montañas de Bolivia, en condiciones históricas y políticas muy desfavorables, tratando infructuosamente de repetir la Revolución cubana. 

También palpamos la popularidad del desaparecido líder Camilo Cienfuegos. Un día salió en misión en una pequeña avioneta y nunca más se supo de él. Todos los años los cubanos rinden honor a su memoria lanzando flores al mar en la fecha del accidente. Estuvimos en la bahía de Cochinos, sitio del desembarco de un grupo anticastrista apoyado por la CIA que fracasó rotundamente en su propósito de derrocar o asesinar a Castro. 

Niñitas colegiales sonriendo para la foto.

Por las calles de La Habana.

Músicos cubanos.

Fotos cortesía de Leonardo Morales, 2012.

Cuba - Parte 1: Desde Bogotá a La Habana

Como joven Director de Bienestar Estudiantil de la Universidad Nacional yo me sentía amigo de todos sus estudiantes. Una noche de enero de 1966 llega un grupo de ellos a mi casa a invitarme a una visita de seis semanas a Cuba para conocer las realidades de la Revolución. Decido acompañarlos con cierto temor ante las represalias, pues en aquel entonces las relaciones con la Isla estaban prohibidas, y el 21 del mismo mes salimos clandestinamente vía San Andrés - Honduras - Guatemala - México. Aunque el DAS (la policía Secreta colombiana) nos estuvo siguiendo, logramos despistarlos y efectuar el recorrido previsto, volando de Bogotá a la isla de San Andrés y de ahí a Guatemala, de donde continuamos por tierra hasta Ciudad de México. Además de visitar la capital, en Guatemala acudimos a un santuario de la Virgen y recorremos la vecina población de Antigua, llamada así porque antiguamente fue la capital, antes de ser destruida por un terremoto. 

A Quetzaltenango, población indígena en la frontera con México, llegamos a la una y media de la madrugada y allí aguantamos frío hasta que amanece y abren las oficinas de inmigración. O los guardas mexicanos nos ven caras sospechosas, o les caemos mal, lo cierto es que nos exigen que mostremos suficiente dinero en efectivo, nos demoran largo rato en la frontera, hacen partir el autobús en que viajamos, y nos permiten entrar al país sólo un rato después de que nuestro vehículo ha partido. 

CIUDAD DE MEXICO
Apurados tomamos un taxi que nos lleva velozmente hasta Tapachula, la primera población mexicana, donde alcanzamos el autobús (que en México llaman "camión"), con gran alivio nuestro. Pero mayor es el alivio de un grupo de pasajeros del mismo, con quienes hemos hecho amistad durante el trayecto en Guatemala, y quienes al vernos escasos de dinero nos prestaron los dólares necesarios para mostrar a los guardas de la aduana. Así que en Tapachula los alcanzamos, les devolvemos el dinero y nos adentramos muy contentos en territorio mexicano, pasando por el golfo de Tehuantepec, el cual forma su propio "mar muerto" y cuya población zacateca conserva aún su lengua y vestido autóctonos. 

En Ciudad de México nos esperan profesores pro-fidelistas quienes nos atienden y nos facilitan el vuelo hasta La Habana. Pero antes de viajar a Cuba tenemos varios días para recorrer las calles centrales de la capital mexicana, incluido el pintoresco Zócalo o plaza principal, la musical Plaza Garibaldi llena de alegres mariachis, la atractiva Zona Rosa con sus bares, restaurantes y hoteles, los museos y teatros, la Universidad Autónoma y otros sitios interesantes. Por la noche vamos al teatro y me hago amigo de un inspector de apellido Islas, quien nos deja entrar gratis a otros espectáculos los días siguientes. En el Palacio Nacional admiro por primera vez los frescos de Diego Rivera, y en la UNAM compartimos puntos de vista y “arreglamos el mundo” en largas conversaciones con los estudiantes. El Museo de Arte Moderno y el Palacio de Bellas Artes me permiten disfrutar de más óleos y frescos de Rivera, Orozco, Siqueiros y Tamayo. Y en el Museo de Historia del Palacio de Chapultepec, con su anexa galería en espiral, aprendo algo de la historia de Carranza, Zapata, Pancho Villa, Morelos, el cura Hidalgo, Benito Juárez y otros personajes cuya memoria veneran los hermanos mexicanos. 

En el aeropuerto de Ciudad de México los agentes de la CIA fotografiaban y reseñaban a todo el que cometiera el pecado mortal de visitar la Isla. A mí me tuvieron en lista negra durante muchos años, hasta que tal vez se borró la memoria de sus computadores o hasta que se dieron cuenta de que yo no era un agitador profesional pro-castrista, sino un simple ciudadano de espíritu liberal deseoso de ver con sus propios ojos la realidad del fenómeno cubano. En el avión mismo nos impacta la contagiosa simpatía de la azafata cubana. Ella nos enseña las primeras canciones anti-yanquis y cuando la invitamos a salir, nos propone que la salida sea a recoger frutos menores un domingo en una granja colectiva. 

LA HABANA
Qué emoción cuando desembarcamos y encontramos una gigantesca pancarta con la leyenda: "Cuba, Territorio Libre de América”! Qué convicción, alegría, idealismo y fervor el que encontramos entre la juventud cubana! Esos jóvenes mostraban por Fidel y su Revolución un fervor sólo comparable al que yo había visto en Colombia entre los miembros de la Legión de María. Efectivamente estaban muy bien adoctrinados y muy convencidos del histórico proceso que estaban viviendo. 

Los "compañeros" del ICAP (Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos) nos alojan en el lujoso Hotel Habana Riviera y nos atienden espléndidamente. Mi grupo está constituido por once muchachos y una chica, la mitad de izquierda y la mitad derechistas. Como en las películas de James Bond, los conservadores “ven” micrófonos y espías comunistas en todas partes, especialmente al entrar a las habitaciones de los hoteles. Y los “camaradas” no “ven” sino perfección en el régimen, e imperfección en todas las cosas de Colombia. Junto con mi profesor acompañante Roberto Valencia, tratamos de poner las cosas en perspectiva y mirar la realidad objetivamente. Pero es muy difícil lograr la objetividad en medio de un proceso tan emocionalmente discutido como lo ha sido siempre la Revolución Cubana. Sencilla y apasionadamente cada persona está a favor o en contra, según con quien haya hablado, según lo que haya leído, o mejor, según convenga a sus propios intereses o previas convicciones. De los que perdieron su casa, auto, beca y negocio, sacrificaron su ganado y salieron para la Florida, no pueden esperarse comentarios diferentes a los que han venido haciendo desde el primer día, debidamente amplificados por los altoparlantes de la CIA y el Departamento de Estado norteamericano. Sería absurdo que pensaran en forma diferente. Pero era necesario oír a la contra parte: todos aquellos millones de adultos que nunca habían tenido la oportunidad de aprender a leer y escribir, que habían sido explotados por los terratenientes, que no habían tenido acceso a servicios de salud; en fin, tantos que vivieron en la miseria durante esos oprobiosos regímenes sostenidos por el gobierno norteamericano como el de Fulgencio Batista, todos aquellos jóvenes estudiantes que ahora tenían la esperanza de un país nuevo, con igualdad de oportunidades y con un futuro... cómo podrían hablar un lenguaje distinto del entusiasmo, el idealismo, y el gusto por la vida? 

Hacemos la típica gira de la ciudad que incluye el Malecón, la Cabaña, la Ciudad Antigua, la plaza de la Catedral y varias empresas colectivas de muebles y ferretería. Me impresionan las calles muy limpias y las lujosas viviendas convertidas ahora en inquilinatos. Recuerdo la ropa extendida entre dos columnas dóricas de un "palacio" expropiado a algún oligarca de esos que hoy vociferan en Miami. En realidad la Reforma Urbana dio casa gratis a los pobres pero produjo el rápido deterioro de las viviendas, pues como es lógico la gente no tiene interés en cuidar bienes que no son suyos sino del Estado. Visitamos un Centro de Vivienda en Habana del Este, construido por el gobierno de Castro dentro de su ambicioso plan de erradicación de tugurios. Sin lujos, con la típica funcionalidad socialista, permitía observar la falta de educación de mucha gente, que no sabía usar los sanitarios y que arrojaba basuras en las zonas comunales. Los niños nos pedían chicles, artículo que era un lujo prohibitivo en la precaria economía de la Isla, la cual nos recibió con una “inusitada ola de frío”, o sea una temperatura de 15°C! 

Copio de mi diario (enero 29 de 1966) las cuotas de racionamiento asignadas con estricta igualdad a todos los habitantes en esa época:
Carne: ¼ lb por persona, dos veces a la semana.
Leche: Un vaso/día por persona
Zapatos: Un par de calle, un par de tenis y un par de trabajo por persona, al año.
Camisas: De menos de $ 4.-, sin restricción.
De más de $ 4.-, con libreta.
Trajes: Sin restricción.
Juguetes: Baratos, sin restricción
Caros, con libreta, en Pascua.
Mantequilla: Sólo en el hotel, hasta ahora.
Medias y ropa interior, sin restricción, desde hace pocos meses, cuando comenzó la producción en el país. Ropa para bebé, sin restricción. 

Había también algo de mercado negro. La proteína animal era suplida con mucho fríjol, y se experimentaba con soya y otros vegetales menos costosos, pues antes de salir del país los latifundistas habían sacrificado casi la totalidad de sus ganados. Nadie pasaba hambre, había una decorosa pobreza generalizada, y ni los más altos funcionarios insultaban con lujos a la sociedad, como pasa en Colombia y en tantos otros países que se dicen “civilizados”. Eso sí, nunca faltaba un buen cigarro al final de cada comida, pues éste forma parte de las más arraigadas costumbres cubanas. 

Por todas partes oíamos historias acerca de los horrores de la dictadura de Batista. En el Museo de la Revolución vimos sobre ella muchos testimonios gráficos, y cada día después de las visitas programadas nos paseábamos por nuestra cuenta con entera libertad, charlábamos con la gente y escuchábamos sus versiones. Los llamados "gusanos" contrarrevolucionarios nos hablaban muy mal de Fidel, mientras que los "compañeros" socialistas nos expresaban su fervor y reconocían “algunos errores” cometidos en los primeros años. Una noche visitamos una residencia estudiantil femenina, entre cuyas 900 ocupantes, muchas de ellas extranjeras, se encontraba una colombiana. Nos recibió la frágil niña que estaba de guardia, armada de ametralladora. Al igual que en Israel, donde estuve años más tarde, todos los jóvenes recibían instrucción militar, estaban listos para defender su país, y cumplían funciones productivas y de seguridad mientras estudiaban. Además de educación cada becario recibía ropa, zapatos, libros y artículos de aseo enteramente gratis. 

También estuvimos observando el funcionamiento de un Círculo Infantil para hijos de madres trabajadoras, que tenía una escuela primaria en el segundo piso, en donde a los niños se les enseñaba que Dios no existe y que los dulces y golosinas los da Fidel Castro. En esa época yo todavía le creía a los curas e iba a misa los "domingos y fiestas de guardar", y los "camaradas" guías del ICAP, muy tolerantes, me ayudaron a encontrar las parroquias más cercanas y me facilitaron la asistencia todos los domingos que pasamos en su patria. 

Antes de salir de la Habana para recorrer el país, hicimos una visita a la fábrica de tabacos H. Uppmann, donde pudimos dialogar con el "compañero" Administrador y con los trabajadores, quienes nos recibieron y despidieron con sus típicos aplausos: golpes en todas las mesitas de trabajo con las tablillas que usan para alisar la hoja. Mientras trabajan, tienen la curiosa costumbre de escuchar a un compañero lector, quien durante varias horas al día les lee novelas u obras doctrinarias. 



Varias tomas por las calles de La Habana.

Fotos cortesía de Leonardo Morales, 2012.