Tuesday, 20 September 2011

21. Por las Tierras de Tolstoi


Desde Yugo Zapad, la estación de metro de Alex y Elina, parten las busetas hacia la ciudad de Kaluga, cada hora o cada vez que completan el cupo. Allá vive Osia, hermano de la mamá de Alex, cuyo padre fue un activo comunista cercano a Lenin, con su esposa Galina, una simpática señora que nos recibe con mucha comida y generosa hospitalidad, a pesar de que son gente pobre. 

Los padres de Osia fueron fusilados en tiempos de Stalin y el chico internado en un triste orfanato. A los doce años logro escaparse y fue acogido por la madre de Alex, cinco años mayor que él. Estuvo en el ejército, trabajo como obrero en varias fábricas y se volvió técnico en instrumentos de medición. Hace dos años su hijo murió en un accidente de caza. Ahora vive amargado, viejo y enfermo, pero recibe a su sobrina con cariño y sale a pasear con nosotros a pesar de que no puede caminar mucho. Vamos ante todo al museo de Konstantin Tsiolkovsky, el más famoso de los ciudadanos de Kaluga, pero lo encontramos cerrado. Tsiolkovsky fue un maestro de escuela que inició los estudios teórico-prácticos sobre navegación espacial a fines del siglo XIX. Un verdadero pionero cuyo trabajo inspiró a los modernos científicos de la astronáutica. Tengo que contentarme entonces con algunas fotos del enorme monumento que recuerda su memoria, coronado por un busto de Yuri Gagarin y situado en una gran terraza sobre el río Oka.

Kaluga esta situada a 200 kilómetros al suroeste de Moscú y fue la ruta que busco Napoleón para escaparse de la “trampa” en 1812, pero el astuto general Kutuzov lo acosó y lo obligó a tomar una ruta devastada y sin recursos. En 1941 estuvo ocupada por los nazis y ahora se ve muy atrasada, con calles rotas y edificios arruinados, a pesar de que recientemente se han establecido allí algunas fábricas de automóviles, entre otras una de Volkswagen. Su calle principal lleva el nombre de Kirov, un antiguo líder comunista a quien Stalin vio como rival, lo hizo asesinar y luego utilizo su muerte como pretexto para iniciar sus sangrientas purgas.

Así que después de un abundante desayuno y sin visitar ningún museo, salimos al día siguiente para Tula, a 100 kilómetros de distancia, en un destartalado bus que hace muchas paradas, por una carretera mal pavimentada y llena de baches, como en cualquier país subdesarrollado.

En Tula encontramos el Hotel Historia en el barrio del Proletariado, algo alejado de la estación, pero recién renovado, muy limpio, bien decorado, con Internet, piscina, sauna y excelente desayuno incluídos, por un precio muy económico. El desayuno consta de kasha, yogurt, tortilla, jamón, salchichas, varias clases de pan y pasteles, mantequilla, ensalada, té o café, jugo y una bebida dulce que llaman “compota”. 

El Kremlin de la ciudad es pequeño, tiene forma rectangular, en su centro se levanta la consabida catedral y a un lado un edificio donde funciona un museo de armas bastante completo, pero no muy atractivas para Matías el Caminante. En su parte exterior se halla el Museo de los Samovares, ese infaltable aparato que mantiene el té caliente mediante carbones, piedras, o mejor, conos de pino ardientes, que le dan un sabor aun más aromático a la tradicional bebida. Hay samovares de todas las formas y tamaños en este museo, y a la salida venden una gran variedad de modelos de los mismos para la casa o para conservar como souvenirs.

El otro atractivo de la ciudad es el Parque Belousova, uno de los más grandes de Rusia y quizá de Europa. En un bosque de no se cuantos centenares de hectáreas han construido extensas pistas de esquí, ciclo montañismo y senderos para cabalgatas y caminatas, campos deportivos, jardines de juegos infantiles, parque de diversiones, un club de ajedrez y hasta una playa sobre un lago. En la avenida que conduce a su entrada principal, se levanta una gran estatua del más ilustre hijo de esta ciudad, el Conde León Tolstoi, rodeada de placas de granito en las que están grabadas muchas de sus enseñanzas.  

 A solo 16 kilómetros del centro de Tula, se encuentra la casa de campo y los terrenos de la finca Yasnaya Poliana, donde nació Tolstoi el 9 de Septiembre de 1828. Un bus local nos deja a la entrada, a un kilómetro de la cual se encuentra la aldea donde vivían sus siervos, y la mansión misma, rodeada de bosques, huertos de manzanos y otros frutales, con ventas de souvenirs, restaurantes, facilidades para los visitantes y hasta un instituto para enseñanza de la lengua Rusa.

Visitamos la casa de huéspedes, la de los trabajadores, los establos y un invernadero, antes de entrar a la casa donde nació y vivió el insigne escritor, que en su edad madura tuvo una fuerte crisis espiritual que lo convirtió en un moralista, asceta y reformador social. Provistos de cubiertas de plástico para el calzado y guiados por una señora que habla en tono muy bajo y a gran velocidad, visito las dependencias de la sencilla mansión, incluso la habitación con la cama en la cual nació, sus gabinetes de trabajo, su biblioteca y las habitaciones de su esposa Sofía Andrievna, con quien tuvo 13 hijos, de los cuales se criaron ocho. 

La guía nos cuenta aspectos de su vida, entre otros un viaje a Francia donde vio la ejecución de un reo que le impresiono toda la vida, sus ideas liberales que lo condujeron a tratar con consideración a sus siervos y a crear en la región una serie de escuelas para ellos, la persecución de la policía zarista por este motivo, la muerte de su hermano Nikolai que también lo traumatizó pues eran muy unidos, y la excomunión de la conservadora iglesia Ortodoxa, por la cual no quiso que le colocaran ni siquiera una cruz en su tumba. Su crisis espiritual lo llevó al final de su vida a un amargo enfrentamiento con su esposa, pues decidió renunciar a todos sus bienes terrenales y abandonó su mansión en secreto. Víctima de una neumonía, murió en una estación del ferrocarril, en medio de la angustia de familiares, amigos y médicos que no pudieron hacer nada para salvarle vida.   

Su tumba es uno de los lugares más impresionantes de mi visita. En medio del bosque, sin monumento alguno, en respetuoso silencio, la gente observa un simple túmulo cubierto de hierba y algunas flores, que cubre los restos del famoso escritor de La Guerra y la Paz y de Ana Karenina. El quiso ser enterrado en un sitio del bosque donde se encontrara el “mágico palito que tenía inscritas las palabras de sabiduría que podrían salvar el mundo”, según un mito que le inventó su hermano Nikolai.     

Como es el retorno a la ciudad del fin de semana, no conseguimos pasaje en el tren expreso y nos toca hacerlo en una “elektrishka” o tren de cercanías, que hace muchas paradas y tarda cuatro horas hasta Moscú.

Nos queda un día para hacer algunas pequeñas compras y despedirnos de todos los amigos, y después de una terrible madrugada para acompañar a Cata a las dos y media de la mañana al aeropuerto Domoedovo, de donde sale para París, retorno a la ciudad para cerrar mis maletas.

Se termina el mes de Agosto, los días son cada vez menos largos y la temperatura baja en la noche y en la madrugada. Las hermosas chicas moscovitas empiezan a cubrirse. Ya no se ven esas atractivas minifaldas, escotes y vestidos transparentes.

Habiendo visto entonces todo lo que había que ver… es hora de emprender el regreso a casa!

Moscú, Agosto 31 de 2011 


Con Osia, el tío de Alex, en el Museo del Cosmos. Kaluga.


Museo de los Samovares en Tula.


La hermosa y simple tumba de Tolstoi.

Saturday, 17 September 2011

20. Zoológico Socialista


El Parque Zoológico de Moscú se encuentra en un sitio central de la ciudad, enteramente rodeado de edificios. Que incómodo debe ser tanto para los animales como para sus vecinos humanos! Inclusive esta dividido por una calle, de manera que para visitarlo hay que cruzar un puente elevado que une las dos partes del parque. Los mismos elefantes, jirafas y cebras, dos hermosos tigres de Bengala, osos, aves de todas clases, camellos, avestruces (que se llaman strauss), monos y demás creaturas de mi Dios, encerrados en jaulas o espacios relativamente cómodos, sin predadores que los amenacen, con alimentación balanceada y servicio medico gratuito de por vida. De qué pueden quejarse? De la falta de libertad? Libertad para salir a la selva a luchar ferozmente para sobrevivir en medio de un ambiente hostil por todas partes?

Lo mismo pasaba con el socialismo. Todos los Rusos a quienes pregunte me dijeron que en tiempos soviéticos la vida era mejor, había orden y disciplina social, el crimen era reprimido eficazmente, todo el mundo tenía trabajo, techo, educación, servicios de salud, derecho al descanso en casas del Estado y sabía que al final de su vida podría tener una pequeña vivienda y llevar una vida digna en su dacha o en una institución del Estado. Obviamente en los primeros años después de la Revolución y durante la Gran Guerra Patriótica hubo mucha escasez y la gente pasaba hambre. Las políticas económicas se centraron en la defensa del Estado y no en el bienestar. Los Planes Quinquenales eran manipulados para explotar cada vez a los trabajadores y fijadas unas metas de producción para cinco años se les exigía cumplirlas en cuatro o en tres años. Y el Terror estalinista no los dejaba dormir tranquilos. 

Pero después de los primeros años la gente dejó de pasar hambre. En las tiendas no había mucha elección de productos y su calidad era muy baja pero algo se conseguía. La política de que todo ser humano contara con un techo, significó el hacinamiento de varias familias en cada apartamento y posteriormente en la construcción masiva de pequeños e incómodos apartamentos de una o dos habitaciones, en esos enormes complejos de edificios que hoy se ven por todas partes. Especialmente bajo el gobierno de Brezhnev se construyeron miles de esos edificios que estaban destinados a durar 30 o 40 años y luego a ser reemplazados por viviendas cómodas. Pero con el advenimiento de la Perestroika la situación de la vivienda quedo estancada, los anticuados edificios están en pésimas condiciones, el precio de la finca raíz está por las nubes y la gente vive en forma muy incómoda, tanto en Moscú como en las ciudades que he visitado. Los ascensores crujen y no sé cómo llegan. Se ve algo de mendicidad alrededor de las iglesias y en algunas calles centrales o en los trenes hay gente que pide dinero con historias parecidas a las de los buses de Bogotá, aunque no tan ingeniosas ni tan largas. Y esto en muy raras ocasiones. Hay algunas personas sin techo (las llaman BOMSH) y lo triste es que según cuentan algunas de ellas mueren congeladas durante el invierno.

En contraste, he tenido dos invitaciones muy interesantes: Ilya y Yaroslav, dos alumnos de inglés de Alex a quienes Cata y yo les hicimos algunas clases, de 11 y 13 años, hablaron en su casa acerca de nosotros con mucho entusiasmo y sus padres nos invitaron a una comida. Dmitry Dashkov es el Vicepresidente de Inter Gas, una gran compañía productora del precioso fluido, gana mucho dinero y se ha comprado un apartamento de lujo. Sala, comedor, tres alcobas, tres baños, balcón y zona de ropas, con acabados como los de cualquier apartamento de estrato cinco de Bogotá, que Elena, su simpática señora, nos muestra muy ufana hasta los últimos rincones. Se nota que este es un lujo muy reciente, al cual todavía no están acostumbrados. En todo caso nos reciben con gran amabilidad, comida abundante y variada, en vajilla de lujo de borde dorado… a la que yo tampoco estoy acostumbrado! Esta simpática velada nos da una visión de las nuevas formas de vida rusa entre los más acomodados.  

La otra invitación ha sido a la escuela donde trabaja nuestra amable anfitriona SERVAS. Ese día tengo que ponerme corbata, llevarle un regalito a la Directora y preparar un corto discurso de saludo ante todo el cuerpo docente y administrativo, que se prepara para iniciar tareas. La escuela tiene apenas seis años de construida y según me dicen es una de las más modernas y mejor equipadas de Moscú. Para 600 estudiantes cuenta unos 30 profesores, fotógrafo profesional, ingenieros de sistemas, dos piscinas, sala de danzas, cafetería, salas de descanso y juegos para los más pequeños, gimnasio, red de computadores y un sistema de seguridad impresionante. Con decir que en las dos visitas que he hecho he tenido que presentar mi pasaporte y en ambas ocasiones los dos guardias han obtenido autorización especial de la propia Directora, aunque lo sabían de antemano. Cada profesora tiene su propio salón-oficina-laboratorio y a el acuden sus alumnos a la hora de clase.

Como resultado de estas visitas hemos conseguido la aprobación de la Directora – Veronika Fiodorovna – para iniciar un proyecto de intercambio entre estudiantes y profesores rusos y colombianos que diseñamos con Alex (en la reunión de profesores hay que dirigirse a ella formalmente con su nombre y su patronímico: Alexandra Vasilievna) y que hemos bautizado Cheburashka en honor a un simpático personaje de las tiras cómicas que promueve la amistad. Lo iniciaremos en pequeña escala con un grupo de diez chicos o chicas colombianas, entre los 10 y los 15 años de edad, que deseen establecer correspondencia con otros tantos niños rusos de esa escuela. Así mismo, trataremos de promover el intercambio entre algunos profesores de colegios de los dos países. Quizá en el futuro, si el proyecto toma impulso, podamos establecer visitas mutuas, becas, viajes y concursos.

Espero comentarios y sugerencias de mis queridos lectores. Hay algún voluntario que me ayude? Por lo pronto me he comprometido con la profesora de español a hacerles algunas clases de conversación por Skype, a las que están invitados los nietos y amigos que quieran acompañarme (una vez a la semana a la una o dos de la mañana). 

En Moscú no hay uno sino varios Jardines Botánicos, el mayor de los cuales colinda con los terrenos de la Feria Exposición que por aquí llaman de los Logros Económicos, y que como muchas otras realizaciones de la época soviética, ahora se ha venido a menos. Es un enorme parque jardín bosque, sin muchos letreros ni información escrita, pero sumamente apacible y tranquilo, con pocos visitantes, por donde puede uno pasearse largamente, hasta casi perderse. Después de una extensa caminata y de jugar unos buenos partidos de ping pong al aire libre, vamos con Alex a visitar a su amigo Vadim, un ingeniero civil aficionado a la Historia, de la misma edad mía, que vive por ahí cerca, y que atiende con devoción a su esposa postrada en cama desde hace varios años. Lástima no haberlo conocido antes, pues su conversación en ruso es clara y su erudición es muy edificante. Me contó toda la campaña contra Napoleón y nos quedó apenas iniciada la Gran Guerra Patriótica!

No puedo terminar estos apuntes sin mencionar el enorme placer que me proporcionó el encuentro con María Fernanda Vomero, mi amiga SERVAS de Brasil, escritora y dramaturga cuyo espíritu alerta y gran sensibilidad artística la hacen un ser humano realmente admirable. Con ella y con las dos encantadoras guías SERVAS Nastia y Julita, recorro una vez más las calles centrales de Moscú, la Plaza de los Teatros y el Parque de Alexander, mientras recuerdo a las estudiantes de la canción “Natalie”, aquellas que “querían saberlo todo”.

Moscú, Agosto 25 de 2011


Uno de los grandiosos pabellones en la Feria Exposición.


Fuente que muestra cada uno de los estados, ahora países independientes, de la Unión Soviética.

Fotos cortesía de Cata. 



Thursday, 8 September 2011

19. Kazán, Capital de la República de Tatarstán


Hace exactamente veinte años, el 20 de agosto de 1991, durante todo el día, en las emisoras de radio y televisión de la Unión Soviética no se escucho otra cosa que la música de El Lago de los Cisnes de Tchaikovsky. Periódicamente un locutor decía que todo estaba en calma y que la situación estaba controlada. Había gran escasez de alimentos y muchas familias moscovitas salían en los pocos trenes disponibles a sus dachas o hacia casas de sus familiares. A lo largo de las carreteras se veían largas filas de tanques que se dirigían a la capital. 

Un grupo de militares insatisfechos por las reformas liberalizantes del Secretario General Mijail Gorbachev, lo habían enviado de vacaciones a su lujosa dacha en el Mar Negro, le habían cortado toda comunicación con el país y lo tenían rodeado de tanques de guerra. En la capital los más arrojados salieron a las calles a protestar y hubo algunos muertos. Trepándose a un tanque, Boris Yeltsin, Secretario del Comité del Partido Comunista y máxima autoridad de Moscú, abrió su pecho a los militares y los desafió a dispararle. El golpe de estado fracaso, los militares rebeldes fueron enviados a prisión y los quince Estados que conformaban la Unión Soviética se desbandaron. 

Dentro de Rusia, el más grande y poderoso de ellos, quedaron muchas Repúblicas que ahora se agrupan en 22 distritos y conforman la actual Federación Rusa. Entre ellas esta la de Tatarstán, que se preparaba para firmar su acta de independencia en esa fecha.

Hoy vuelo a bordo de un avión de TransAero hacia su capital, la ciudad de Kazán, situada sobre la margen oriental del río Volga, a unos 1000 kilómetros al Este de Moscú. Como su nombre en idioma tártaro lo indica, esta ciudad es una "olla" en la que se encuentra la cultura europea con la asiática. Con 1.1 millones de habitantes, un pequeño metro de solo siete estaciones y un Kremlin declarado Patrimonio Cultural por la UNESCO, esta interesante capital celebró sus 1000 años de edad en el 2005, o sea que es unos 150 años más antigua que Moscú.

Sufar, el chofer del taxi que me lleva desde el aeropuerto hacia el hotel Volga, después de que le regatee de 700 a 350 Rublos por la carrera (con clase de Ruso incluída) me informa que el 50% de la población es ortodoxa y el 40% musulmana, pero me doy cuenta que no muy fundamentalista, pues apenas se ven algunas pocas cabezas cubiertas y los hombres tienen tan solo UNA esposa.

El hotel me resulta bastante económico (1400 Rublos con un abundante desayuno buffet incluído), pero casi no puedo registrarme, pues la burocracia es muy lenta y allá aun no se han notificado de que los colombianos no requerimos visa. Después de una hora de llamadas y consultas, tengo que poner una cara muy seria, levantar un poquito la voz y amenazarlos con que me voy a dormir a un parque, hasta que por fin viene la gerente del hotel, se excusa amablemente y regaña a la pobre recepcionista que parece algo asustada. A propósito, en este país se requiere el pasaporte para registrarse en un hotel, para comprar un pasaje aéreo o en el ferrocarril y hasta para entrar en la escuela del barrio a donde he sido invitado.

La joya de Kazán es realmente su Kremlin, situado sobre una colina que domina la desembocadura del río Kazanka en el caudaloso Volga. Sus fotogénicas torres y murallas son la gran atracción para los visitantes y para las numerosas parejas, tanto ortodoxas como musulmanas, que hoy celebran su boda. En el centro mismo del Kremlin han construído una moderna y vistosa mezquita que explotan también como museo religioso. Hay edificios de gobierno, incluso el propio palacio presidencial, una bien dispuesta Galería Nacional de Arte y varios museos. En uno de ellos se encuentra de visita una hermosa colección de armas del Hermitage, verdaderas obras de arte, entre las que se destaca un sable que perteneció a Napoleón. 

Otro museo esta dedicado a la Gran Guerra Patriótica, como los Rusos llaman a su parte en la II Guerra Mundial, o sea desde que los alemanes atacaron a Brest en 1941 hasta la firma del Armisticio en Berlín. Una amable señora que cuida una de las salas me acompaña, me explica interesantes incidentes y termina cantándome un aria de ópera en francés con su hermosa voz de soprano. Me muestra también las fotografías y documentos de un prisionero ruso que logró escapar robándose un avión alemán y cuya hazaña no fue reconocida por las autoridades, a pesar del enorme valor táctico de los adelantos tecnológicos que traía la nave robada. Al igual de lo que paso con muchos otros militares que fueron prisioneros de guerra de los Aliados, a su regreso al país fueron considerados sospechosos por haber estado en contacto con el enemigo y fueron confinados a campos de concentración rusos.
Otra atracción dentro del Kremlin es la Torre inclinada de Syuyumbike, bautizada así en memoria de una princesa tártara que prefirió lanzarse desde ella antes que casarse con Iván el Terrible, cuando este conquistó y asoló la ciudad en 1552.

El Museo Nacional de Historia, situado fuera del Kremlin, muestra los orígenes de la ciudad y destaca la cultura Tártara, con su riqueza de poetas y filósofos, entre los que se oye a menudo el nombre de Shariff. La peatonal calle Bauman presenta las mismas atracciones de la calle Arbat de Moscú, con sus cafés y restaurantes, ventas de souvenirs, chicos que hacen danzas acrobáticas y artistas callejeros en busca de una moneda. No muy lejos de ella se encuentra la Universidad Estatal de Kazán, donde estudio León Tolstoi, de donde fue expulsado el mismo Lenin por revoltoso y mal estudiante y al frente de la cual hay una estatua de Lobachevsky, el inventor de la Geometría No Euclidiana. 

Preparándose para los Juegos Olímpicos Universitarios dentro de dos años, en estos días la ciudad arregla y repavimenta sus calles centrales, pero aun tiene muy sucio su céntrico canal Bulak y descuidado su frente sobre el Volga. Un gran teatro anuncia su repertorio de Moliere e Ionesco en idioma tártaro, para la temporada del otoño que se aproxima. La ciudad se ve medio vacía porque la gente aun esta de vacaciones, y me dicen que el verdadero movimiento comienza el primero de septiembre, fecha en que regresan los estudiantes a sus escuelas. Una amistosa pareja medio campesina tártara con cinco niños que encuentro en un restaurante, me invita a visitarlos a su aldea, pero me es imposible aceptarles.

En cambio, durante un día entero me acompañan mi Day Host SERVAS tártaro Farhad Falkullin, un amable chico que trabaja como intérprete y habla varios idiomas, su esposa Rosa y sus dos pequeños hijos Yamile y Narbek. Nos embarcamos en un rápido bote Meteor con capacidad para 120 pasajeros, que hace el recorrido diario aguas abajo por el río Volga hasta la población de Bolgor a unos 100 kilómetros de Kazán. El caudaloso Volga es imponente y en algunas partes no se alcanza a ver la orilla opuesta, pero no tiene el intenso tráfico que yo esperaba. Apenas se ve algún pescador y uno que otro bote de recreo durante la travesía de dos horas y media. 

Al desembarcar tomamos parte en una excursión guiada por una tímida pero bien informada joven musulmana cubierta desde la cabeza hasta los tobillos, cuya religión le prohibe estrechar las manos de los visitantes. Ella nos pasea por una especie de museo al aire libre, que se extiende por muchas hectáreas y corresponde a las ruinas de Bulgar, ciudad que fue capital de un civilizado reino en la Edad Media. Visitamos una mezquita que están reconstruyendo, las excavaciones de un antiguo cementerio, los bien conservados restos del mausoleo de alguna familia rica, unos baños públicos y otras ruinas arqueológicas, mientras Farhad traduce del Ruso al Italiano, como cortesía con dos turistas de Milán que nos acompañan, junto con dos señoras que vienen de Siberia. 

En el siglo XII, desde la región sur del río Don se repartieron sus conquistas tres príncipes hermanos: uno de ellos se quedo en el Don, otro fue hacia el Oeste hasta la actual Bulgaria y otro se desplazó hacia el Este y fundó la ciudad cuyas ruinas estamos visitando, capital del reino Tártaro. Mas tarde las hordas del Gengis Khan conquistaron esta región y se creo el Khanato Independiente de Kazán. En el siglo XVI Iván el terrible destruyó la ciudad tártara y construyó sobre ella una ciudad rusa. Así que estamos en la cuna de los tátaros (y no tártaros como decimos en castellano). 

Tanto aquí como en todo el país se encuentra una gran variedad de productos lácteos. No muchos quesos, pero si diversas variedades de kefir que ayudan a la longevidad, crema de leche que llaman Smetana, algo que es título de una popular tira cómica y se llama Prostovakshino y muchos yogures. Ellos llaman kumis a la leche de yegua fermentada, que según dicen huele y sabe a… yegua, sin dulce. Así que ahora sabemos de donde provienen la salsa tártara y los bacilos búlgaros.

En la pequeña población de Bolgar compramos pescado ahumado y otras delicias locales, y nos embarcamos de regreso hacia Kazán, donde caminamos por un gran parque hasta la estación del tren, frente al hotel.

Ha sido una jornada altamente educativa y he navegado por el Volga.

Kazán, Agosto 20 de 2011

Mezquita Kul Sharif en el Kremlin de Kazán.