El fenómeno religioso y cultural experimentado por este país en el último siglo es apasionante, complejo… muy difícil de entender. Supongo que muchos especialistas lo habrán analizado y creo que el visitante profano apenas puede adivinarlo. Yo me contento con hacer preguntas a la gente común y tratar de resumir sus respuestas.
Ayer hemos dedicado la clase de Inglés de Mijail, un Ingeniero de 50 años bastante locuaz, casado, ejecutivo de una empresa petrolera, para que nos cuente sus experiencias. En sus años de escuela los niños no sabian nada de Dios y quizá dos o tres de sus compañeros tenían familias que bautizaban a sus hijos en secreto, corriendo un grave riesgo. Su abuelo era comunista, pero hizo bautizar a su madre y nunca fue perseguido, por razones que nunca le explicó. Mijail fue ateo hasta hace unos años, cuando sintió la necesidad de creer en un Ser superior, aunque no de pertenecer a alguna Iglesia. Como él, ya he encontrado a muchos otros rusos, pero no se qué tan representativa es la muestra de personas que acuden a los templos y monasterios que se encuentran por doquier. Estos son una de las principales “atracciones turísticas” por sus bien conservados íconos, su interesante arquitectura, sus conexiones con la clase dominante y con la historia del país, así como por el folclórico espectáculo de sus creyentes, que se echan numerosas bendiciones y hacen genuflexiones con muchos aspavientos.
Los monasterios tenían su propio ejército y servían a la vez de fortalezas para defenderse de los enemigos. Hace unos días, al salir del Museo de Arte Moderno, cuyo patio contiene curiosas esculturas en bronce, encontramos al frente el Monasterio Superior de San Pedro, fundado en 1380, que formaba parte del anillo defensivo de Moscú. En el centro de sus apacibles patios se levanta una pequeña catedral de ladrillo, construída cuando Pedro el Grande le quitó el poder a su medio hermana, la ambiciosa Regente Sofía. Me uno a un grupo de piadosos peregrinos, en su mayoría señoras maduras que llevan pañoleta en la cabeza, para tratar de captar los detalles de batallas, intrigas y visitantes ilustres de este claustro, contadas por una religiosa del convento, mientras Cata toma fotos de detalles arquitectónicos y monásticos gatos.
Otro concurrido monasterio, cuya visita es obligatoria para un turista tan “piadoso” como Matías el Caminante, es el de Novodevichy, fundado en 1524 para celebrar la conquista de Smolensk, hasta entonces en poder de los Lituanos. En los años 1680’s, cuando Sofía era Regente, lo hizo reconstruir y lo utilizó como segunda residencia, pero cuando su medio hermano Pedro el Grande cumplió los 17 años y le quitó el poder, ahi mismo la encerró de por vida, como castigo por urdir contra él la rebelión de los Streltsy. Y para que no olvidara quien era el que mandaba, Pedro hizo colgar a varios de sus cómplices en un patíbulo levantadado al frente de las ventanas de Sofía. También en esta fortaleza monasterio encerró Pedro a su primera esposa Yevdokia Lopukhina, según dicen por “cantaletosa”, aunque yo creo que más bien por tener un nombre tan feo.
Adyacente al Monasterio se encuentra un famoso cementerio, poblado por ilustres “residentes”. Un jardinero sordomudo nos “explica” donde se encuentran varias de las tumbas que buscamos y con la guia de Cata llegamos a ellas y escuchamos las historias que nos cuenta una amable señora rusa. Está la tumba de Gogol, el célebre y sombrío escritor, en granito negro, cubierta de rosas rojas. Cerca la de Stanislavsky, iniciador de la famosa escuela de teatro, que obligaba a los actores a “vivir” sus personajes. No muy lejos se halla la del poeta Mayakovsky, unas veces aceptado y otras perseguido por el régimen. El médico Chejov descansa en paz, seguramente satisfecho del sabor de sus cuentos. La tumba de Nadezhda Alliluyeva, la segunda esposa de Stalin, en mármol blanco, se encuentra protegida por una caja de grueso vidrio. Los acompañan: Molotov, el de las bombas de los estudiantes de la UN; Andrey Gromyko; Sergio Prokofiev, el compositor de Pedrito y el Lobo; Eisenstein, el director del Acorazado Potemkin; artistas, héroes, militares y políticos entre los que se destaca Khrushchev, quien no “calificó” para las paredes del Kremlin, donde se encuentran sus colegas.
A propósito de muertos y antes de seguir con los monasterios, ayer visitamos el Mausoleo de Lenin, situado en el exterior del Kremlin. Aunque gran rival de Stalin, este lo endiosó, explotó su imagen para beneficio propio y dicen que lo mencionaba en todos sus discursos. A pesar de la oposición de la familia, el cadáver de Lenin está conservado mediante un procedimiento secreto que sólo conoce el hijo de quien lo inventó y algún funcionario de alto rango, y es exhibido al público bajo rigurosas medidas de seguridad durante unas pocas horas cada día. Luego de una larga cola que aprovecho para una clase “gratis” del idioma, entramos con la Cata a la oscura y fría cámara donde yace el cadáver del líder, que parece de cera y produce una impresión tétrica. Al igual que el de Mao, que visité en Beijing hace 15 años, contemplarlo no es una experiencia agradable, pero hay que hacerlo una vez en la vida, para meditar sobre la muerte, parodiando a Neruda: “es tan corta la Gloria y es tan largo el olvido…”.
Pues bien, a la salida del Mausoleo leemos las numerosas lápidas de los líderes enterrados en las paredes del Kremlin y continúo mi clase de Ruso con tres ingenieros ferroviarios que vienen desde la ciudad de Chita, situada en las montañas mas allá de Irkutsk y del Lago Baikal, el más profundo del mundo, en plena Siberia. Son seis horas de vuelo hasta Moscú, aunque podrían hacerlo gratis en seis días en el ferrocarril Transiberiano, donde trabajan como ingenieros de investigación y desarrollo. Vera y Vladimir nos acompañan y me explican los contenidos de mapas, despliegues y vitrinas del Museo Nacional de Historia, mientras Cata toma notas, hace dibujos y se defiende con unas pocas explicaciones que encuentra en Inglés. Es un nuevo repaso de la historia del país, presentada en forma muy ordenada y artística, que termina con la muerte de la familia Romanov y las primeras manifestaciones de la Revolución, incluyendo el abrigo que llevaba puesto Lenin cuando sufrió un atentado, el cual muestra los agujeros de las balas.
Otro importante centro ortodoxo se encuentra en la vecina población de Sergei Posad, a hora y media de Moscú en autobús o en tren eléctrico. Allí trató de vivir como ermitaño San Sergio de Radonezh, patrono de Rusia, pero dicen que era tan bueno que mucha gente lo seguía y terminó formando una población alrededor de su convento, que fundó en el año 1340. Svetlana, una amable y bonita señora Turmenkstana, nos lleva a un restaurante que resulta bastante bueno, donde almorzamos muy bien por US$10 cada uno, y luego visitamos con calma el Monasterio: muchas tiendas de suvenires religiosos, dos catedrales y una iglesia donde se encuentra la tumba del santo, repleta de fieles que hacen largas colas para ir a besar el vidrio que cubre su féretro, mientras un barbudo cura vestido de negro canta letanías que son respondidas por un armonioso y bien afinado coro de señoras, en un oficio que se desarrolla permanentemente de día y de noche. La gente da limosnas y carga agua bendita, paga oraciones y compra recuerdos del santo. Este negocio de las religiones parece bastante rentable!
Y aquí está también la tumba de Boris Godunov, el único Zar no sepultado en el Kremlin de Moscú o en la Fortaleza de Pedro y Pablo en San Petersburgo. Godunov fue el sucesor de Iván IV el Terrible, pues mediante hábiles maniobras políticas le arrebató el poder a su cuñado Fyodor, el débil mental hijo de Iván, y trató de enmendar las atrocidades de su suegro. Hay que ver la ópera que escribió el compositor Modesto Mussorgsky sobre su vida.
Una vez más no dejan entrar a Cata a la reconstruída Catedral de Cristo Salvador (la que fue derribada y en su lugar existió una gran piscina) por razones técnicas de cobertura de cabeza, longitud de la falda o sisa de las mangas. Pero en cambio nos encontramos con dos colombianos muy queridos que hacen un crucero por el Volga y su sistema de canales: José Guzmán, con quien nos conocimos en la Corporación Financiera Colombiana y su señora, María Constanza Díaz, recién pensionada de SOFASA. Qué pequeño es el mundo y qué agradable es encontrar compatriotas educados!
Agosto comienza con un frío que nos asusta y nos mantiene encerrados todo un día. Llovizna, el cielo está gris y la temperatura baja de 35 a 12 grados de un día para otro. Pero el cambio es momentáneo y despues del descanso seguimos con días de sol y temperaturas al rededor de los 23 grados. Podemos salir de nuevo e ir a visitar Moskwa City, un enorme desarrollo urbanístico de elegantes rascacielos de vidrio y acero, alimentado por una moderna línea del Metro, que está modificando en forma radical el paisaje urbano de esta ciudad vibrante, dinámica y fascinante.
Moscú, Agosto 5 de 2011
Grupo de piadosos peregrinos en un monasterio.
Vista exterior del Monasterio de Sergei Posad. Foto de Cata.
En el interior del Monasterio de Sergei Posad. Foto de Cata.
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