En viajes anteriores había calificado a Estambul por sus mezquitas y su escenario sobre el mar de Mármara y a Río de Janeiro por su Pan de Azúcar y los rincones de sus bahías, como “las ciudades más hermosas del mundo”, pero me quedé corto. Ahora le doy ese título a San Petersburgo, por la suntuosidad de sus palacios, su increíble escenario sobre el río Neva, el pequeño Moika, sus puentes y canales, sus parques y monumentos de cada esquina. Y además su historia.
Rusos y suecos se disputaron esta zona durante varios siglos, hasta cuando Pedro I el Grande decidió construir aquí un fuerte en el año 1703, el cual se mantiene muy bien conservado. Se llama la Fortaleza de Pedro y Pablo, contiene varios museos, una iglesia con un carillón que suena periódicamente y otras curiosidades cuya exploración merece un día entero.
La ciudad empezó a crecer y en 1712 Pedro trajo para acá la capital, lo cual no le gustó mucho a los moscovitas, así que a su muerte en 1725, la capital volvió ser Moscú durante cinco años. La emperatriz Elizabeth, Catalina la Grande y Alexander I entre 1741 y 1825 la convirtieron en una ciudad cosmopolita y la llenaron del esplendor de sus suntuosos palacios, fuentes, parques y jardines.
En 1861, año de la Emancipación de los Siervos y época de la Revolución Industrial, vio la pobreza y la explotación de los trabajadores, quienes un Domingo Sangriento fueron repelidos a tiros cuando humildemente se presentaron ante las puertas del Palacio de Invierno (actual Hermitage) para pedir mejores condiciones de vida. En 1914 fue rebautizada Petrogrado y aquí la revolución bolchevique de 1917 puso fin a la monarquía y con Lenin dio comienzo al gobierno Soviético. En 1918 la capital fue llevada de nuevo a Moscú y la ciudad se convirtió en Leningrado en 1924 a la muerte de Lenin. Durante casi 900 días, entre el 8 septiembre de 1941 y el 27 de enero de 1944 Hitler la mantuvo sitiada y trató por todos los medios de borrarla del mapa. Pero la ciudad resistió heroicamente, mientras su gente comía pan hecho de aserrín, cocinaba los artículos de cuero hasta hacerlos masticables y mantenía su espíritu orgulloso asistiendo a conciertos, entre los cuales hubo uno famoso de Shostakovich. He visitado un interesante museo que muestra fotos, documentos, minas, bombas, armas oxidadas y hasta restos de aviones que participaron en esta terrible historia.
Ciudad de intelectuales, artistas y poetas, en los años 1960’s mostró su espíritu disidente ante el régimen comunista, y cuando este cayó, fue rebautizada como San Petersburgo. Sus ciudadanos la llaman Peter cariñosamente.
Y ahora estoy recorriendo unos cuantos de sus parques, palacios, catedrales y monumentos, con base en los apartamentos de mis anfitriones SERVAS que me han acogido y guiado generosamente. Vlada y Denis, por una parte, Svetlana Popovich y su hijo Misha por la otra. Duermo unas noches en el sofá de Vlada cubierto con un cómodo sleeping bag especial para bajas temperaturas, algunos días hacemos cama franca en colchonetas en el apartamento que comparte Anastasia con otras encantadoras chicas estudiantes amigas de Vlada, otros en un apartamento vacío anexo al de Svetlana, cuya ducha queda en la cocina! Compartimos la comida y largas charlas, me enseñan, me corrigen y hasta se ríen (nos reímos) de mis errores.
El primer día Vlada se va a trabajar y Denis me guía por las calles principales. Nevsky Prospect es la avenida eje de la ciudad y centro de atracción de locales y turistas. Sobre ella está la Catedral de Kazán, cuya imponente columnata se asemeja a la de San Pedro en el Vaticano, y frente a la cual la gente toma el sol y descansa. Al otro lado de la calle está el edificio de la antigua fábrica de máquinas de coser Singer, hoy convertido en una importante librería. Nevsky Prospect es el paseo obligado de turistas locales y extranjeros. En uno de sus extremos se encuentra el Hermitage, muy cerca de ella se halla la hermosa catedral construida sobre la Sangre Derramada por el emperador Alexander II que fue asesinado por un terrorista, y más allá, cruzando canales y pasando por frente de monumentos, almacenes, restaurantes y centros comerciales, se llega a la gran catedral de Isaac, a cuya cúpula se puede subir a pie, para tener una vista de 360 grados sobre la ciudad entera.
En los parques y restaurantes sigo conociendo nueva gente. Al hacer la larga cola para entrar al Hermitage, converso con una familia que viene de Moscú: dos hermanas, una ingeniera y otra chofer de bus, con el hijo de una y la pequeña nieta de la otra. Otro día en un parque con una profesora de literatura que también viene de Moscú, a la que le sirvo de guía durante una tarde entera, pues quiere visitar algunos sitios, no entiende de mapas y está algo perdida. En otra ocasión con un querido viejito geólogo pensionado – Boris Ipatov – quien trabajó en Cuba y en Alemania Oriental e hizo investigación en el Ártico y el Antártico. Al hacerle alguna pregunta, Boris me toma del brazo y me lleva por todos los rincones de su barrio, me muestra sitios donde vivió Dostoievsky, me lleva al apartamento donde vivía la viejita prestamista a quien asesino Roskolnikov con un hacha, en “Crimen y Castigo” y se muere de la risa cuando le pregunto en mi mejor ruso si no trajo un hacha para hacer la visita.
Otro día Svetlana me presenta a su amiga Ludmila (Lida), una enérgica abuelita con quien nos paseamos todo el día como viejos amigos. Ella me lleva a la catedral de la Trinidad y luego a la Isaacskaya, desde cuya cúpula tengo una vista de toda la ciudad luego del saludable ejercicio de subir sus 160 escalones. Ella me presenta a su amiga Galina, quien trabaja en la Capella, una acogedora sala de conciertos cercana al Hermitage, a la que entramos gratis, por cortesía de Galina, a un recital de preciosas canciones de autores rusos, del tipo de los lieder de Schuman. Al día siguiente volvemos con Lida a un concierto de Opera al aire libre (La Vestal, de Gasparini) frente a la misma Capella, en un patio encantador rodeado de edificios barrocos y luego vamos al elegante salón de té Ceber que tiene unos irresistibles bizcochos, tortas y pasteles.
El Hermitage obviamente merece varias visitas. Hice la primera exploración que me tomó todo un día y he dejado las siguientes para volver con Cata. Vale 100 R para los nacionales y 400 R para los extranjeros, y a los primeros les toca presentar el pasaporte. El salón de Malaquita, la escalinata principal, la galería de los Zares, los salones de los grandes pintores europeos y la multitud de obras maestras dejan una sensación de asombro ante tanta belleza. No se sabe que impresiona más: si el palacio mismo o la inmensa colección de arte que contiene. Pero es algo molesta la abrumadora cantidad de grupos de turistas acompañados por guías que hablan todos los idiomas del mundo.
Innumerables botes llenos de más turistas que admiran encantados los palacios, catedrales y edificios, recorren el canal Griboedov, el pequeño río Moika y parte del río Neva, que con sus 74 Km y su gran caudal es uno de los más cortos del mundo. Ese recorrido tengo que hacerlo con mi nieta Cata. Por lo pronto estoy haciendo a pie unos 15 o 20 Km diarios en esta exploración interminable.
En los suntuosos salones del palacio Yusupov aprecio la enorme riqueza de esta familia tan solo comparable con la de los Romanov, escucho la historia de como en sus sótanos se fraguo el asesinato de Rasputín y me muestran la pequeña puerta por donde escapó, luego que el veneno falló, sobrevivió a una paliza, recibió varios disparos y aparentemente murió ahogado. Este misterioso personaje, que ni siquiera fue monje, logró tener una gran influencia en la familia imperial al conseguir la curación de un hijo hemofílico del Zar y parece que se dedicó en serio a practicar su creencia: cometer “pecados sexuales” y luego arrepentirse es la mejor forma de asegurar la salvación eterna. Aquí conservan su bien proporcionado pene en el Museo de la Erótica…que aun no he visitado! Pero en cambio estuve de visita en casa de Vladimir, el primer anfitrión SERVAS de Rusia, quien vive en un antiguo edificio en el cual vivió el propio Rasputín hasta principios del siglo XX.
Con Boris visito la Gran Sinagoga Coral cuyo rabí me permite tomar fotografías y el gran teatro Mariinsky, el más importante de la ciudad, en el que se estrenó entre otros el ballet El Lago de los Cisnes y cuyos precios oscilan entre los US$15 y los US$150. Muchos de estos magníficos palacios son utilizados para conciertos y otros espectáculos, los cuales son una excelente oportunidad para visitar sus salones, en medio de un ambiente artístico y refinado.
El museo de Zoología contiene una completa e impresionante colección de animales disecados cuya inspección me toma varias horas. De ahí salgo a la vecina Universidad de San Petersburgo, en donde descubro por casualidad el pequeño museo apartamento donde Mendeleyev vivió y desarrollo la Tabla Periódica de los Elementos (tan útil para resolver crucigramas). La señora que atiende el museo habla un ruso tan suave y claro que me permite entender prácticamente la visita de casi una hora que me dedica en forma exclusiva, mostrándome fotos, mapas, apuntes, libros y diplomas del padre de la Química, mientras me cuenta de su vida, sus dos esposas (la segunda 24 años menor que el), sus viajes y otros estudios, entre otros un libro que publico de Economía. Después de esta aventura lingüística exploro la vida de los estudiantes mientras almuerzo en una cafetería universitaria y continuo mi caminata por las orillas del río Neva.
No he encontrado una lavandería de monedas como en otros países, pero mis anfitrionas me lavan la ropa y la ponen a secar muy amablemente. Encontrar una lavandería en seco no es fácil, pero luego de mucho caminar y preguntar lo he logrado y he pagado 300 R por la lavada de unos pantalones, una lavada bien merecida después de tantos días. Es curioso, pero creo que merecen mención estas pequeñas dificultades de la vida diaria de un viajero.
Con Misha, el hijo de Svetalana, vamos una noche al palacio Nikolaevsky a disfrutar del vistoso espectáculo de canciones y danzas folclóricas “Siéntase Ruso”. Hermosas voces, colorido y variado vestuario, piruetas de cosacos, recepción y entreacto en los salones del palacio con música de cámara, sirvientes vestidos al estilo de la época, abundante champaña, vodka y entremeses de caviar y otras delicias, son 1300 rublos muy bien invertidos.
San Petersburgo, Julio de 2011
Frente al Hermitage. Un sueño hecho realidad. El Palacio de Invierno y las construcciones adicionales son suntuosas.
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