Thursday, 4 August 2011

12. Pskov: Una Ciudad Medieval Cercana al Báltico


Al igual que la mayoría de la gente en Colombia, los rusos están hastiados de la corrupción y de las mentiras de los políticos, y consideran que evadir impuestos o pagos a instituciones estatales es lo más natural del mundo. Ya narré alguna vez acerca de los centenares de personas que viajan gratis en los trenes suburbanos, destartalados y ruidosos, que llaman “elektrichkas”. Pero creo que entrar gratis al Hermitage es una “proeza” que pocos colombianos pueden contar, sobre todo cuando lo hacen inocentemente, como fue mi caso. Mi último dia en San Petersburgo Julita, Marina y su hermanita Ana me llevaron al famoso museo, presentaron sus carnets de estudiantes que les permite entrar gratis y cuando menos me di cuenta aparecieron muertas de la risa con mi tiquete también gratis, pues le dijeron a la empleada que su distraído “abuelo” habia olvidado los documentos en la casa. Me ahorraron 400 Rublos que luego gasté con ellas en una buena pastelería.  Esta vez vimos una exposición de fotos recién abierta y dedicamos largo rato a los Impresionistas y Cubistas del tercer piso.

Lavo mi ropa en casa de Nastia, empaco y me preparo para salir mañana hacia la ciudad de Pskov. Pero antes, anoto dos observaciones: durante las siete semanas que llevo en Rusia, apenas ayer vi casas por primera vez, en las afueras de San Petersburgo. Todos son edificios y más edificios de apartamentos, la mayoría antiguos, aunque hay algún porcentaje de construcciones nuevas. Casas solamente en las afueras o en las ciudades pequeñas. Y la segunda observación es el enorme cuidado y respeto por el peatón en todos los cruces de las calles. La “cebra” es sagrada y apenas una persona pone el pie sobre ella, los conductores se detienen y esperan pacientemente a que cruce. Como quien dice, “igualito a Bogotá”.

Atravesar toda la ciudad en Metro y llegar a la estación del autobus Leevskaya es muy fácil, cuando se pueden leer los letreros de las estaciones, se entienden los anuncios de los altoparlantes , se cambia de tren en los sitios y direcciones correctos y al final se encuentra una pareja con maletas que va a la misma estación y le indica a uno el tranvia que debe tomar. Pero llegamos…como en el cuento del viejito del quinto piso!

El bus sale a las 8:30 am, hace una parada en la población de Luga, donde los toilets públicos son tan asquerosos como en todas partes, y llega a Pskov cuatro horas más tarde. Una vecina de puesto, farmacéutica, casada y medio tonta,  que tiene un hijo en California y viaja proximamente a Paris para encontrarse con él, me sirve como profesora de Ruso durante el trayecto. Vlada me ha hecho reserva en un hotel cuya dirección no encuentro, de manera que un chofer de taxi me lleva al Oktyabriskoy, donde me cobran 1100 rublos por la habitación, mas un curioso “registro” de 300 rublos, que debo guardar para presentar a la Policía cuando salga del país. La habitación es limpia, cómoda y bien amoblada, y en el restaurante vecino situado sobre la muralla que rodea en parte la ciudad, almuerzo con manzanas rellenas y otras delicias.

Pskov tiene 200.000 habitantes y está a solo 30 kms de Estonia y otros tantos de Latvia, pero la burocracia diplomática internacional no me permite visitar estos países, pues Colombia no tiene relaciones con los países bálticos y en el Consulado de Latvia me dicen que debo solicitar la visa en la embajada de Alemania en Bogotá, la cual me queda ahora un poquito lejos. Será para otra ocasión. Entre tanto me dedico a recorrer esta ciudad medieval, cuyo centro histórico está rodeado por una bien conservada muralla protegida su vez por el rio Velikaya y en el cual se levanta la consabida catedral de la Santísima Trinidad. Como ciudad fronteriza que es, Pskov ha sido escenario de muchas batallas entre ejércitos que buscaban el control sobre el mar Báltico. Caballeros teutones la capturaron en el año 1240, Alexander Nevsky los desalojó dos años mas tarde, los Polacos la sitiaron en el siglo XVI, los Suecos la asolaron en el XVII, Pedro el Grande la usó como base para su apertura hacia Europa y también aquí el Ejército Rojo libró sus primeras batallas contra los Nazis. 

Un pequeño museo que no vale 10 centavos me “tumba” varios dólares por la entrada, pero en cambio disfruto de una excelente muestra de pintura rusa del siglo XIX, armas, reliquias de la guerra y tal vez la mejor colección de iconos bizantinos que he encontrado hasta el momento, en el Museo Pongankin, ubicado en la antigua y fuerte casona de una familia rica.

Visito también el Monasterio Mirozhsky, situado al otro lado del río y protegido por la UNESCO por sus frescos sobre temas religiosos del siglo XII y la arquitectura bizantina de su iglesia. Y en el bus de regreso me distraigo charlando con María, la “conductora” del bus, una simpática gordita de Moldavia, profesora de matemáticas, que se ayuda con el trabajo de cobrar en el bus mientras completa la edad para pensionarse. 

Recogo mi maleta en el hotel, tomo un taxi hasta la estación del bus, almuerzo con una extraña sopa, un pastel (pirogui) y una cerveza en una cafetería vecina y tomo el bus de las 3:10 pm hacia Veliki Novgorod. Ya mi Ruso es suficiente hasta para regañar a un chofer que trata de asustarme diciéndome que no hay pasajes en bus y que tengo que viajar en su taxi. Jorosho! (Qué bien!) 

El bus es un vehiculo maltrecho e incómodo que hace frecuentes paradas, la carretera tiene muchos baches, y a lo largo de ella se desprenden bastantes ramales con nombres de aldeas. Pero sigo sin ver ganadería ni agricultura. Sólo bosques, que en su mayoría son propiedad del estado y apenas dos o tres potreros con rollos de heno.

Después de un recorrido de unas cinco horas llego a Veliki Novgorod, donde un taxi medio “pirata” me lleva hasta el hotel Rusia, donde me espera una recepcionista de bonitos ojos que habla Inglés y estudia español, como cuento en otra de mis crónicas.

Faltan pocas horas para que me llegue mi nieta Cata, los días ya no son tan largos como en Junio y las Noches Blancas de San Petersburgo se han terminado. Después de Veliki Novgorod viene de nuevo Moscú y ya veremos qué aventuras nos depara el destino. La temperatura sigue por los 30 grados y de vez en cuando hay cortas tormentas con intensa lluvia!

Moscú, Julio 21 de 2011


Murallas y catedral de la ciudad de Pskov. 

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