Esta vez comienza así mi diario:
“Después de terminar de escribir anoche mi acostumbrado
centenar de cartas y tarjetas de Año Nuevo 1993 para nuestros amigos de todo el
mundo, salimos de Hirakata muy abrigados hoy a las 11 a.m. El transporte
inicial en taxis, trenes y limosina hasta el aeropuerto de Osaka nos
cuesta 5.000 ¥ o sea unos US 40. El avión de Air India sale a las 3:20
p.m., tarda cuatro horas hasta Hong Kong donde hace escala de una hora, vuela
otras cinco horas y llega al aeropuerto Indira Gandhi de Delhi a las 11:30 p.m.
hora local, lo cual quiere decir como las tres de la mañana para nosotros. Los
dos pasajes Osaka-Delhi, Calcuta-Osaka nos han costado 350.000 ¥ (US$ 2.820) y
hemos comprado el trayecto local Discover India que nos permite volar por todas
las rutas nacionales por US 800. El cambio está a 25 rupias por dólar y los
trámites de aduana son engorrosos y muy lentos. El edificio del aeropuerto es
sucio y en sus andenes duermen docenas de personas sin techo”.
Nueva Delhi
Qué pena llegar tan tarde a la residencia, donde el
Embajador David Sánchez Juliao gentilmente nos ha hecho preparar una cómoda
habitación (con el dudoso honor de que es la misma que pocas semanas antes
ocupó el candidato presidencial Ernesto Samper), con espléndida canasta de
frutas y tarjeta de bienvenida. De espíritu abierto y generoso, David es mi
viejo amigo y compañero de actividades SERVAS, con quien reanudé intercambio
epistolar cuando supe que estábamos relativamente cerca por esos lados del
mundo. Como escritor e intelectual le ha dado muchas glorias a Colombia, y yo
soy un ferviente admirador de sus obras. El nos recibe al día siguiente en su
despacho de la Embajada diciéndonos que nuestra visita es su mejor regalo de
Navidad, nos asesora en la organización del recorrido que vamos a hacer y nos
pone en contacto con su agente de viajes Ravi Rawal de Universal Travels.
Los pilotos de la aerolínea nacional están en huelga, de
manera que tenemos que contratar un auto con chofer para viajar por el Rajastán
por US$1.900 adicionales. Ante “tan buen negocio”, el señor Rawal nos invita a
almorzar con “chapati”, el enorme pan plano hecho de harina de trigo; “dahl”, o
sea las lentejas tan típicas de la dieta india, y otras exquisiteces de la
comida tandoori.
La Gira de la Ciudad esa tarde nos lleva a la Vieja Delhi,
parte antigua de la ciudad donde está concentrada la actividad comercial y
popular, pues hasta ahora de la Nueva Delhi lo único que hemos visto es el
tranquilo sector de Chanakya Puri, residencia de diplomáticos y gente pudiente.
Debido a serios disturbios religiosos entre musulmanes e hindúes, los cuales
estuvieron a punto de hacernos cancelar el viaje a última hora, nos cambian la
visita a la principal mezquita Jami Masjid por otra menos peligrosa. A la entrada
del Fuerte Rojo una molesta muchedumbre de vendedores y mendigos asedia a los
grupos de turistas, pero una vez dentro del Fuerte nos paseamos con calma por
sus dependencias y jardines. El guía nos muestra las salas del Consejo
Público y de las reuniones privadas de los grandes Mogules, la residencia y los
baños reales, la mezquita privada, y muchos otros rincones de ése sitio que fue
centro del poder durante varios siglos de dominación extranjera, y desde el
cual se proclamó la soberanía del país en 1947.
Visitamos el sitio de cremación de Mahatma Gandhi, el líder
espiritual cuya política de desobediencia civil sin violencia obligó a Gran
Bretaña a conceder su independencia a la India. El monumento es una gran losa
de mármol, en medio de un jardín donde pululan aves, ratas, ardillas, turistas
y “otros” seres vivientes. Como en toda Gira Guiada que se respete, el guía
tiene más interés en ganar su comisión por las compras de los turistas que en
enseñarles los encantos escondidos de su ciudad. El de hoy nos lleva a la CIE,
una cooperativa fabricante de tapetes que dicen ser de Cachemira, hermosa
región que fue reino independiente pero que hoy no se puede visitar pues se
encuentra destrozada por la disputa entre Pakistán y la India.
Sin comprar tapete alguno regresamos a la residencia de la
embajada. Con mano de obra tan barata, la residencia cuenta con una bien
entrenada ama de llaves, dos sirvientes uniformados listos para atender al
Embajador o sus visitantes las 24 horas del día, portero y vigilante, pero hoy
no hay chofer, así que el Embajador conduce su propio automóvil. Todos los días
encontramos en nuestra habitación frutas, té, café, galletas y otras
delicadezas, y David bromea diciendo que el personal de la residencia nos está
atendiendo mejor que a él mismo. Después de refrescarnos y disfrutar de un
aperitivo en su acogedora sala de música, el Embajador nos invita a cenar al
Hotel Sheraton, cuyo lujoso restaurante Bakhara es tal vez el mejor de Delhi,
junto con su amiga Sonia Díaz Illera, la simpática embajadora de Cuba. Gozamos
de un delicioso pernil de cordero acompañado por un enorme chapati, dahl, arroz
y otros manjares, mientras observamos curiosos cómo las elegantes y enjoyadas
damas de las mesas vecinas comen con la mano.
Recorriendo una y otra vez las avenidas de Chanakya Puri,
aquella noche recibimos de David una amplia lección de la realidad india, cuyos
agudos problemas sociales y económicos, su inhumano sistema de castas, la
ignorancia, el fanatismo religioso y la gigantesca desigualdad en las
oportunidades, parecen insolubles. Comparada con la enormidad de los problemas
de este subcontinente, Colombia “y sus encantos” resulta un paraíso. Como una
muestra de los limitados recursos y el bajo nivel de vida aún de las clases más
pudientes, el único sitio que encontramos para ofrecer un postre o un helado a
la pareja de Embajadores que tan gentilmente nos ha atendido, es una popular
heladería donde hay que hacer una larga cola frente al mostrador para comprar
unos conos que tenemos que comer de pie en la calle. Tal parece que ni siquiera
hay una buena heladería en toda Delhi.
Tenemos un día completo para explorar la ciudad y tomar otra
Gira Guiada, la cual comienza por el francamente ridículo, de muy mal gusto y
sin ningún valor histórico templo hindú construido por el industrial BIRLA,
quizá para descrestar creyentes o turistas tontos (como nosotros?). No hay
derecho! El guía nos pasea por las imponentes calles centrales de la Nueva
Delhi, con vistas del Parlamento y parada en el Raj Path para tomar fotos del
Palacio Presidencial, el Portón de la India y otros monumentos recordatorios
del Imperio Británico y su arquitectura victoriana. Los encantadores de
culebras están en todos los sitios de interés turístico, listos para destapar
sus canastos y tocar la flauta que hace erguir a las dormidas cobras, por unas
pocas monedas.
Visitamos las tumbas de Humayun, un notable estadista de
Bengala, y de una ilustre dama cuya identidad se desconoce, las cuales son
ejemplos precursores de la arquitectura que habrá de culminar en el Taj Mahal.
Después nos llevan a Qutab Minar, centro de gran interés histórico que
comprende una torre medio inclinada de cinco pisos erigida para celebrar la
victoria de los Afganos sobre los Hindúes, la primera mezquita construida en la
India cuyo gran patio central está rodeado de columnas todas diferentes, un
gran pilar de hierro que trae la buena suerte a quien logre abrazarlo, las
ruinas de una universidad del siglo XVI, la tumba de un famoso “desconocido”, y
otros recordatorios de los emperadores Mogules que gobernaron el país desde
1526 hasta 1857. Desde luego no falta la visita a un centro de artesanías,
antes de regresar al hotel Janpath donde termina la gira.
Caminamos entonces por el céntrico sector de Janpath, en
medio de la gritería y el bullicio de vendedores, mendigos y gente que compra
toda clase de mercancías en tiendas populares. Me arriesgo a comer pollo con
una deliciosa salsa picante en el Gaylord, un restaurante que no parece tan
sucio, en Connaught Place, corazón de la ciudad, pero Teresita se contenta con
unas gotas de Pudin Hara, efectiva medicina para el mal de estómago a base de
opio, pues se encuentra indispuesta.
Un “rickshaw”, la popular bicicleta para dos pasajeros con
la que se gana la vida tanta gente en Oriente, nos lleva hasta el Museo
Nacional, donde apreciamos una excelente colección de esculturas y otras piezas
de valor histórico. Otro rickshaw nos lleva de regreso al sector de Janpath
donde visitamos una serie de tiendas (llamadas emporios), en las que venden
artesanías y objetos típicos de los diferentes Estados.
Recibimos de la agencia de turismo los tiquetes de entrada,
“vouchers” y programa de la excursión que hemos comprado y que comenzaremos al
día siguiente, y desde ese momento queda a nuestras órdenes el auto Ambassador
con su chofer Krish. Para empezar nos lleva hasta el Fuerte Rojo, donde un buen
espectáculo nocturno de luz y sonido recrea las grandezas del Imperio Mogul,
del Imperio Británico y de la Independencia. Esa noche en casa tomamos un
refrigerio y conversamos un rato con David, de quien nos despedimos hasta
dentro de nueve días, cuando regresaremos para celebrar con él y Sonia la noche
de Año Nuevo.
Agra
La primera jornada es de 200 kilómetros y nos lleva hasta
Agra, a través de los Estados de Haryana y Uttar Pradesch. Paramos a descansar en
la ciudad de Sikandra y pasamos por Mathura, donde hace 3.500 años nació Lord
Krishna, el profeta de los Hare Krishna. Antes de llegar a Agra visitamos la tumba
del emperador mogul Akbar el Grande, aunque sin el anunciado guía, pues éste no
aparece. En cambio, uno de los agresivos monos que abundan en el lugar y que en
este país se consideran sagrados, me ataca por detrás y me empuja atrevidamente.
Mal comienzo? Agra es una ciudad de tamaño mediano pero muy ruidosa. El tráfico
de motos, bicicletas, automóviles, y carros halados por dromedarios, es impresionante.
Nos instalamos en el hotel Ashok, y salimos para el Taj Mahal donde nos espera
el guía llamado también Ashok, nombre muy popular en la India quizá en recuerdo
de Asoka, el primer rey que unificó el país, en el siglo III a.C. En un curioso
español mezclado con portugués, italiano y romance, Ashok nos va preparando
para la gran visita. Construido entre 1630 y 1648 bajo la dirección de un arquitecto
turco por orden del emperador Shah Jahan como tumba de su amada esposa Mumtaz
Mahal, el Taj Mahal es realmente un refinado poema de amor erigido en mármol. Contemplando
la belleza del escenario, la armonía de sus formas y lo romántico de su historia,
me emociono hasta las lágrimas.
En seguida vamos con Ashok al Fuerte Rojo, cuyas
dependencias están mejor conservadas que el de Delhi a pesar del vandalismo y
el paso de los años, a lo largo de los cuales sus paredes han sido despojadas
de la preciosa pedrería con que originalmente estuvieron ornadas. Sin embargo
aún hoy es notable el Baño de los Espejos, donde el rey se bañaba con sus
favoritas. Desde una de sus torres vemos allá a lo lejos el Taj Mahal, la misma
vista que nostálgicamente acompañó durante sus últimos años al emperador Shah
Jahan, quien fue depuesto y mantenido prisionero por su propio hijo. Por el camino
paramos para observar la tumba erigida por la hija de un Primer Ministro en memoria
de sus padres, al otro lado de una laguna. Buena prueba de amor filial, pero no
comparable en su arquitectura con el hermoso Taj Mahal cuyos colores cambian según
la hora del día, y cuyas formas no se borran de la memoria de quien alguna vez las
ha admirado.
Nuestro guía Ashok nos lleva luego a un centro de artesanías
donde nos muestran cómo se produce la “piedra dura”, singular forma de
decoración con pequeñas piezas de nácar, turquesa y otros materiales
semipreciosos, las cuales son cuidadosamente incrustadas en láminas de piedra
labrada y pulida. En lo alto de una colina visitamos la antigua residencia de
un Gobernador donde ahora funciona un almacén de la CIE, entidad promotora de
la industria artesanal, la cual produce buenas chaquetas y otros artículos de cuero.
Fatephur Sikri, Ciudad fantasma
A la mañana siguiente Ashok nos acompaña hasta Fatephur Sikri, la ciudad construida en sólo 14 años por el emperador mogul Akbar en el siglo XVI, con participación de 6.000 hombres. Por razones desconocidas (sequía? enemigos?) la ciudad fue abandonada luego de ser su capital únicamente durante 16 años, y desde entonces se conserva casi intacta como ciudad fantasma e interesante atracción para los visitantes que recorren curiosos sus deshabitados palacios, calles y templos. El guía nos cuenta la historia del emperador mogul estéril, a quien un “santón” predijo que por fin tendría un heredero. Para que se cumpliera la predicción el santón tuvo que sacrificar a su propio hijo, y así nació el niño a quien la historia conocería más tarde como el emperador Jehangir. Nuestro guía nos muestra en detalle los palacios de la princesa portuguesa cristiana, de la princesa turca, de la hindú, y otras tantas fastuosas residencias que el emperador construía para tener contentas a sus numerosas consortes, encerradas allí de por vida. También nos enseña el trono elevado en forma de un árbol con cuatro ramas, desde el cual el emperador dialogaba con ministros de las grandes religiones cristiana, musulmana e hindú, y consideraba sus diferentes puntos de vista. Así pudo Akbar mantener el pluralismo religioso, cultural y político que le dio el merecido apodo de El Grande. Visitamos finalmente la mezquita, la tumba del santón Chisti, y la imponente Puerta de la Victoria, donde nos despedimos de Ashok para continuar nuestra ruta por el Rajastán con Krish, quien maneja peligrosamente por entre ciclistas, peatones y dromedarios con el claxon pegado a las manos.
Continuará...
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