Thursday, 8 September 2011

19. Kazán, Capital de la República de Tatarstán


Hace exactamente veinte años, el 20 de agosto de 1991, durante todo el día, en las emisoras de radio y televisión de la Unión Soviética no se escucho otra cosa que la música de El Lago de los Cisnes de Tchaikovsky. Periódicamente un locutor decía que todo estaba en calma y que la situación estaba controlada. Había gran escasez de alimentos y muchas familias moscovitas salían en los pocos trenes disponibles a sus dachas o hacia casas de sus familiares. A lo largo de las carreteras se veían largas filas de tanques que se dirigían a la capital. 

Un grupo de militares insatisfechos por las reformas liberalizantes del Secretario General Mijail Gorbachev, lo habían enviado de vacaciones a su lujosa dacha en el Mar Negro, le habían cortado toda comunicación con el país y lo tenían rodeado de tanques de guerra. En la capital los más arrojados salieron a las calles a protestar y hubo algunos muertos. Trepándose a un tanque, Boris Yeltsin, Secretario del Comité del Partido Comunista y máxima autoridad de Moscú, abrió su pecho a los militares y los desafió a dispararle. El golpe de estado fracaso, los militares rebeldes fueron enviados a prisión y los quince Estados que conformaban la Unión Soviética se desbandaron. 

Dentro de Rusia, el más grande y poderoso de ellos, quedaron muchas Repúblicas que ahora se agrupan en 22 distritos y conforman la actual Federación Rusa. Entre ellas esta la de Tatarstán, que se preparaba para firmar su acta de independencia en esa fecha.

Hoy vuelo a bordo de un avión de TransAero hacia su capital, la ciudad de Kazán, situada sobre la margen oriental del río Volga, a unos 1000 kilómetros al Este de Moscú. Como su nombre en idioma tártaro lo indica, esta ciudad es una "olla" en la que se encuentra la cultura europea con la asiática. Con 1.1 millones de habitantes, un pequeño metro de solo siete estaciones y un Kremlin declarado Patrimonio Cultural por la UNESCO, esta interesante capital celebró sus 1000 años de edad en el 2005, o sea que es unos 150 años más antigua que Moscú.

Sufar, el chofer del taxi que me lleva desde el aeropuerto hacia el hotel Volga, después de que le regatee de 700 a 350 Rublos por la carrera (con clase de Ruso incluída) me informa que el 50% de la población es ortodoxa y el 40% musulmana, pero me doy cuenta que no muy fundamentalista, pues apenas se ven algunas pocas cabezas cubiertas y los hombres tienen tan solo UNA esposa.

El hotel me resulta bastante económico (1400 Rublos con un abundante desayuno buffet incluído), pero casi no puedo registrarme, pues la burocracia es muy lenta y allá aun no se han notificado de que los colombianos no requerimos visa. Después de una hora de llamadas y consultas, tengo que poner una cara muy seria, levantar un poquito la voz y amenazarlos con que me voy a dormir a un parque, hasta que por fin viene la gerente del hotel, se excusa amablemente y regaña a la pobre recepcionista que parece algo asustada. A propósito, en este país se requiere el pasaporte para registrarse en un hotel, para comprar un pasaje aéreo o en el ferrocarril y hasta para entrar en la escuela del barrio a donde he sido invitado.

La joya de Kazán es realmente su Kremlin, situado sobre una colina que domina la desembocadura del río Kazanka en el caudaloso Volga. Sus fotogénicas torres y murallas son la gran atracción para los visitantes y para las numerosas parejas, tanto ortodoxas como musulmanas, que hoy celebran su boda. En el centro mismo del Kremlin han construído una moderna y vistosa mezquita que explotan también como museo religioso. Hay edificios de gobierno, incluso el propio palacio presidencial, una bien dispuesta Galería Nacional de Arte y varios museos. En uno de ellos se encuentra de visita una hermosa colección de armas del Hermitage, verdaderas obras de arte, entre las que se destaca un sable que perteneció a Napoleón. 

Otro museo esta dedicado a la Gran Guerra Patriótica, como los Rusos llaman a su parte en la II Guerra Mundial, o sea desde que los alemanes atacaron a Brest en 1941 hasta la firma del Armisticio en Berlín. Una amable señora que cuida una de las salas me acompaña, me explica interesantes incidentes y termina cantándome un aria de ópera en francés con su hermosa voz de soprano. Me muestra también las fotografías y documentos de un prisionero ruso que logró escapar robándose un avión alemán y cuya hazaña no fue reconocida por las autoridades, a pesar del enorme valor táctico de los adelantos tecnológicos que traía la nave robada. Al igual de lo que paso con muchos otros militares que fueron prisioneros de guerra de los Aliados, a su regreso al país fueron considerados sospechosos por haber estado en contacto con el enemigo y fueron confinados a campos de concentración rusos.
Otra atracción dentro del Kremlin es la Torre inclinada de Syuyumbike, bautizada así en memoria de una princesa tártara que prefirió lanzarse desde ella antes que casarse con Iván el Terrible, cuando este conquistó y asoló la ciudad en 1552.

El Museo Nacional de Historia, situado fuera del Kremlin, muestra los orígenes de la ciudad y destaca la cultura Tártara, con su riqueza de poetas y filósofos, entre los que se oye a menudo el nombre de Shariff. La peatonal calle Bauman presenta las mismas atracciones de la calle Arbat de Moscú, con sus cafés y restaurantes, ventas de souvenirs, chicos que hacen danzas acrobáticas y artistas callejeros en busca de una moneda. No muy lejos de ella se encuentra la Universidad Estatal de Kazán, donde estudio León Tolstoi, de donde fue expulsado el mismo Lenin por revoltoso y mal estudiante y al frente de la cual hay una estatua de Lobachevsky, el inventor de la Geometría No Euclidiana. 

Preparándose para los Juegos Olímpicos Universitarios dentro de dos años, en estos días la ciudad arregla y repavimenta sus calles centrales, pero aun tiene muy sucio su céntrico canal Bulak y descuidado su frente sobre el Volga. Un gran teatro anuncia su repertorio de Moliere e Ionesco en idioma tártaro, para la temporada del otoño que se aproxima. La ciudad se ve medio vacía porque la gente aun esta de vacaciones, y me dicen que el verdadero movimiento comienza el primero de septiembre, fecha en que regresan los estudiantes a sus escuelas. Una amistosa pareja medio campesina tártara con cinco niños que encuentro en un restaurante, me invita a visitarlos a su aldea, pero me es imposible aceptarles.

En cambio, durante un día entero me acompañan mi Day Host SERVAS tártaro Farhad Falkullin, un amable chico que trabaja como intérprete y habla varios idiomas, su esposa Rosa y sus dos pequeños hijos Yamile y Narbek. Nos embarcamos en un rápido bote Meteor con capacidad para 120 pasajeros, que hace el recorrido diario aguas abajo por el río Volga hasta la población de Bolgor a unos 100 kilómetros de Kazán. El caudaloso Volga es imponente y en algunas partes no se alcanza a ver la orilla opuesta, pero no tiene el intenso tráfico que yo esperaba. Apenas se ve algún pescador y uno que otro bote de recreo durante la travesía de dos horas y media. 

Al desembarcar tomamos parte en una excursión guiada por una tímida pero bien informada joven musulmana cubierta desde la cabeza hasta los tobillos, cuya religión le prohibe estrechar las manos de los visitantes. Ella nos pasea por una especie de museo al aire libre, que se extiende por muchas hectáreas y corresponde a las ruinas de Bulgar, ciudad que fue capital de un civilizado reino en la Edad Media. Visitamos una mezquita que están reconstruyendo, las excavaciones de un antiguo cementerio, los bien conservados restos del mausoleo de alguna familia rica, unos baños públicos y otras ruinas arqueológicas, mientras Farhad traduce del Ruso al Italiano, como cortesía con dos turistas de Milán que nos acompañan, junto con dos señoras que vienen de Siberia. 

En el siglo XII, desde la región sur del río Don se repartieron sus conquistas tres príncipes hermanos: uno de ellos se quedo en el Don, otro fue hacia el Oeste hasta la actual Bulgaria y otro se desplazó hacia el Este y fundó la ciudad cuyas ruinas estamos visitando, capital del reino Tártaro. Mas tarde las hordas del Gengis Khan conquistaron esta región y se creo el Khanato Independiente de Kazán. En el siglo XVI Iván el terrible destruyó la ciudad tártara y construyó sobre ella una ciudad rusa. Así que estamos en la cuna de los tátaros (y no tártaros como decimos en castellano). 

Tanto aquí como en todo el país se encuentra una gran variedad de productos lácteos. No muchos quesos, pero si diversas variedades de kefir que ayudan a la longevidad, crema de leche que llaman Smetana, algo que es título de una popular tira cómica y se llama Prostovakshino y muchos yogures. Ellos llaman kumis a la leche de yegua fermentada, que según dicen huele y sabe a… yegua, sin dulce. Así que ahora sabemos de donde provienen la salsa tártara y los bacilos búlgaros.

En la pequeña población de Bolgar compramos pescado ahumado y otras delicias locales, y nos embarcamos de regreso hacia Kazán, donde caminamos por un gran parque hasta la estación del tren, frente al hotel.

Ha sido una jornada altamente educativa y he navegado por el Volga.

Kazán, Agosto 20 de 2011

Mezquita Kul Sharif en el Kremlin de Kazán.


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